Las elecciones presidenciales del 21 de junio en Cartagena tuvieron una dinámica opuesta a buena parte del país. Mientras que en el consolidado general De La Espriella y Restrepo se impusieron como presidente y vicepresidente electos, en la capital de Bolívar el claro triunfador fue Iván Cepeda, quien obtuvo 324.123 votos frente a los 166.049 sufragios alcanzados por su contendor.
La Heroica se consolidó como un bastión decisivo para la izquierda, llamando la atención el inusual incremento en la movilización ciudadana entre la primera y la segunda vuelta. En el Distrito se pasó de 420.599 votantes (48,5%) a un total de 498.693 (57,6%), marcando un aumento neto de 78.094 sufragantes. Este repunte también es palpable al contrastar los datos con la segunda vuelta presidencial de 2022, cuando la participación local fue del 48,8%; pero, a pesar de este crecimiento del 8,8% en la actividad electoral en nuestra jurisdicción, la ciudad mantuvo una tendencia histórica de abstencionismo al ubicarse por debajo de la media nacional, la cual llegó al 63,5%, reflejando que aún persisten retos para la integración política de los cartageneros.
En cuanto a la calidad del voto local, la jornada fue técnicamente limpia y decidida: los votos válidos representaron el 98,29%, los nulos el 0,32% y los no marcados apenas el 0,06%. En similar sentido el balance en materia de orden público, bien calificado por las autoridades locales y los organismos independientes gracias a la conducta ciudadana, a una logística que tuvo inversión superior a los $6 mil millones por la Alcaldía y el despliegue de 1.400 uniformados de la Policía Metropolitana.
A pesar de la fluidez general, el informe de la Misión de Observación Electoral (MOE), que vigiló de forma directa 55 puestos de votación, refiere ciertas anomalías técnicas durante la fase de preconteo de votos, las cuales podrían ser evaluadas en los escrutinios definitivos, incluso que el 16,1% de los formularios E-14 evidenciara tachaduras y enmendaduras.
Por su parte, a través de canales anónimos la ciudadanía reportó presuntas irregularidades como la compra de votos en barrios, el transporte ilegal de sufragantes con propaganda, e incluso el uso indebido de teléfonos celulares dentro de los cubículos, lo que obligará a las autoridades judiciales a investigar a fondo para identificar a los responsables de esas trapisondas.
Pero lo que más llama la atención es la patente distancia que hay entre quien quedó de segundo a nivel nacional y el ganador. El hecho de que sólo el 34% de los cartageneros haya votado por la fórmula que triunfó merece un análisis descarnado y sincero de las causas de esa marcada diferencia.
La clase política, la dirigencia empresarial y la academia tienen la palabra.
