Se instaló ayer el nuevo Congreso de la República bajo un clima de alta tensión política y choque ideológico. La legislatura inicia bajo la expectativa de cuáles serán las iniciativas impulsadas por el electo mandatario Abelardo De La Espriella (ADLE) y el trasfondo de los cuatro años de administración de Gustavo Petro.
El gobierno entrante enfrenta el reto inmediato de sanear las finanzas públicas mediante una reforma tributaria anunciada por el ministro de Hacienda designado, Miguel Gómez. El panorama es complejo en tanto que la bancada opositora (Pacto Histórico) defenderá la propuesta saliente del ministro Germán Ávila. Adicionalmente, el Legislativo deberá tramitar el Presupuesto General de la Nación para 2027 (estimado en 597 billones de pesos) y el Plan Nacional de Desarrollo ‘Patria Milagro’, donde ADLE buscará facultades extraordinarias para reestructurar o eliminar ministerios.
A diferencia de Petro, ADLE enfocaría la agenda legislativa en seguridad y paz, modificando la figura del comisionado de paz y la política de Paz Total. Proyectos como la reforma política y judicial quedan condicionados al consenso, mientras que una posible eliminación o modificación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) exigiría un trámite de reforma constitucional de ocho debates.
El Congreso entrante tiene tareas claves de elección, como el contralor General o la elección de nuevos magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE).
La grieta interna que se abrió en la derecha por la elección entre Honorio Henríquez, del Centro Democrático, y Alfredo Deluque, candidato de ADLE, deja una bancada de gobierno abierta a la posibilidad de votaciones libres o alianzas pragmáticas.
En su último discurso, ante el Capitolio, el presidente Petro defendió su gestión, aportando cifras admirables de logros en pobreza, empleo, educación pública, salud, seguridad, vivienda y energía, con un discurso que marca el cierre del mandato de izquierda, y es también el punto de partida oficial de la confrontación legislativa entre el oficialismo entrante y la nueva oposición.
Ante un relevante discurso de nivel de estadista del presidente del Congreso, Lidio García, con invitación a proteger la democracia y ser recíproco por la amnistía al M-19 lo que le permitió llegar a la Presidencia, la respuesta de Gustavo Petro fue la ratificación de la posición de desconocimiento del gobierno entrante con fundamento en pruebas que ya aportó a la Justicia, lo que indica la invariabilidad de la línea que en las calles tomará el Pacto Histórico a partir del 7 de Agosto.
El no haberse quedado a oír la réplica a su discurso por parte de la oposición, que lo escuchó casi dos horas, es claro que la tirantez continuará siendo la marca de las relaciones entre izquierda y derecha en el siguiente cuatrienio.
¡Y en la mitad, un país que quiere seguir su marcha!
