De las múltiples obras reseñadas por el alcalde Dumek Turbay Paz en su reciente entrevista con esta casa periodística, sin lugar a duda hay una que se distingue por su gran impacto social: el alcantarillado de Bayunca y Pontezuela; y de resaltar la información en el sentido que dicha obra se logró por el concurso nacional, departamental y distrital. De conseguir el alcalde Turbay inaugurarla antes de su salida, seguramente se le endilgará como uno de sus mayores triunfos.
Acertadísima también la decisión de haber contratado a Acuacar la interventoría del proyecto.
Precisado lo anterior, creemos que esta, como cualquier otra obra, es susceptible de mejoría.
En efecto, varios desarrolladores, en conversación con este diario, han expresado que no entienden cómo, después de tantos años de espera en su gestación, no se incluyó inmediatamente como alternativa la solución de aguas servidas de los proyectos que rodean la ‘cama’ de la tubería.
De Bayunca a Punta Canoa, sin contar con un censo preciso, es altamente previsible que habrá más de diez mil unidades nuevas construidas para 2030. El nivel de construcción de los últimos años en la Zona Norte de la ciudad y el anuncio de proyectos con licencia urbanística o aún sin esta, así lo indican.
A partir de esta realidad, no se puede negar que esos proyectos manejan o manejarán sus aguas servidas con inversiones en plantas de tratamiento o equivalentes, que no siempre terminan siendo de óptimo nivel. Incluso, es común sentir malos olores en algunos momentos en condominios de alta factura.
Así como fue entendible que por las enormes diferencias de presión que transportaban, se descartara la conexión de proyectos como Serena del Mar o Barcelona de Indias al emisario submarino, dicha tesis no es argüible en el caso del de Bayunca - Pontezuela. Por ello, si este alcantarillado se diseñó cuando ya se conocían los proyectos en gestación en la zona, es pertinente la pregunta de por qué no se consideró permitir esas conexiones sin dilaciones.
Los desarrolladores seguramente preferirán invertir en conectarse a la red, que en construir plantas de tratamiento, que adicionalmente les implican ingentes trámites administrativos; es decir, la inversión marginal en las conexiones a la red madre se podrían trasladar a los desarrolladores, quienes sustituirían la inversión en plantas de tratamiento, por las obras de conexión a la red.
Y desde el punto de vista operativo, los cobros que por servicio de alcantarillado se realizarían a los usuarios finales, muy seguramente serían ampliamente superiores a los costos marginales y así, esos mayores ingresos podrían contribuir a subsidiar los cobros a los de menores estratos.
Creemos que, sin atrasarla, es posible ajustar la obra desde ya; y aunque pareciera una decisión obvia, sería bueno conocer las razones de su falta de implementación.
