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Editorial

Miguel Uribe Turbay

“Hoy, frente al recuerdo de la juventud cercenada de Miguel Uribe Turbay, Colombia reafirma que las voces del progreso y la democracia nunca podrán ser verdaderamente silenciadas”.

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Hay seres que no pertenecen únicamente a una familia, sino que acampan para siempre en la conciencia de toda una nación. Al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de Miguel Uribe Turbay, Colombia no solo recuerda al joven senador y precandidato presidencial de 39 años, sino que confronta el doloroso reflejo de una democracia herida por el retorno de las sombras que creíamos haber dejado atrás.

El 7 de junio de 2025, el Parque El Golfito, en Bogotá, se convirtió en el escenario de una tragedia anunciada. En un ambiente político caldeado, donde el discurso público se agrió hasta límites peligrosos y la oposición fue reiteradamente estigmatizada, la violencia encontró terreno fértil. Miguel Uribe, nieto de presidente e hijo de una madre trágicamente secuestrada y asesinada, encarnaba la esperanza, la inteligencia y el coraje de una nueva generación. Su voz, siempre firme, pero respetuosa, fue acallada por quienes le tienen pavor a la palabra y ven en las ideas un peligro superior a mil armas letales.

Tras el cobarde atentado, el país entero acompañó en oración los 64 días de angustia en la Fundación Santa Fe. Fueron más de dos meses de incertidumbre médica donde la fe de su esposa María Claudia Tarazona, de su pequeño hijo Alejandro y de millones de ciudadanos mantuvo encendida una luz de esperanza. Sin embargo, el 11 de agosto de 2025 su corazón dejó de latir, dejando un vacío imborrable y la dolorosa certeza de que hacer política en el país no podía volver a ser un oficio mortal.

A 365 días de su partida, el escenario judicial presenta un contraste amargo. Si bien la justicia ha logrado condenar a más de una docena de ejecutores materiales e intermediarios, como alias ‘Gabriela’, ‘El Veneco’ y ‘El Viejo’, la pregunta central sigue retumbando en la Catedral Primada de Bogotá y en cada rincón del territorio nacional: ¿quién dio la orden?

Aunque las investigaciones apuntan hacia la cúpula de la disidencia ‘Segunda Marquetalia’ y se han emitido órdenes de captura contra sus cabecillas, la impunidad de los autores intelectuales mantiene abierta la herida de su familia y de la sociedad.

Está claro que Miguel se perfilaba como la figura pública con más proyección nacional para arrebatarle el poder a quienes lo ostentaban en las más altas esferas. Por eso, es comprensible que aún hoy algunos colombianos piensen que pudo estar metida la mano del establecimiento.

Por eso, honrar la memoria de Miguel exige rechazar, de manera tajante, la violencia como herramienta de expresión política. Su legado trasciende las banderas partidistas para recordarnos que la decencia, la firmeza ideológica y el debate de altura son los únicos caminos posibles hacia la reconstrucción nacional. Hoy, frente al recuerdo de su juventud cercenada, Colombia reafirma que las voces del progreso y la democracia nunca podrán ser verdaderamente silenciadas.

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