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Editorial

La Iglesia frente a la secularización

“Con una firmeza que apela a todas las democracias, el papa León XIV recordó que la Iglesia tiene el deber de intervenir en el debate sociobiológico y ético, incluso cuando sus posturas resulten incómodas frente a las corrientes imperantes...”.

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La reciente visita del papa León XIV a Francia deja reflexiones de hondo calado que desbordan el ámbito estrictamente eclesial, para situarse en el centro del debate cultural de Occidente.

En Lourdes, por ejemplo, ante más de 150 mil peregrinos, el episcopado y los enfermos, el Pontífice articuló un magisterio caracterizado por la claridad doctrinal, la defensa irrestricta de la dignidad humana y una reivindicación de la presencia de la fe en la esfera pública. En tiempos en que la secularización ha hecho un enorme esfuerzo por recluir el fenómeno religioso al terreno de la conciencia individual, las palabras del papa rescatan la autoridad de la Iglesia para interpelar a las sociedades contemporáneas.

En otro momento, la defensa del rol institucional de la fe frente al modelo de laicidad fue el centro del discurso a los obispos franceses, sobre los riesgos de un secularismo que asfixia la libertad de evangelizar, educar y ejercer la caridad pública. Con una firmeza que apela a todas las democracias, el papa recordó que la Iglesia tiene el deber de intervenir en el debate sociobiológico y ético, incluso cuando sus posturas resulten incómodas frente a las corrientes imperantes, visión que cobró una dimensión pedagógica al defender la identidad de las escuelas católicas, las cuales, sin dejar de ser incluyentes, no deberían renunciar a presentar la verdad del Evangelio ni a ofrecer una formación doctrinal sólida a las nuevas generaciones.

Frente a los intentos legislativos por redefinir el valor de la existencia según criterios de utilidad, salud o autonomía personal, León XIV contrapuso la inviolabilidad de la vida desde su concepción hasta su fin natural. Con una máxima de profunda trascendencia jurídica y moral, afirmando que “Lo que es legal no es necesariamente moral”, el pontífice condenó la tentación de la eutanasia y de las manipulaciones genéticas, exhortando a la ciencia y a los gobiernos a volcarse hacia los cuidados paliativos, el acompañamiento compasivo y la protección de los más vulnerables. En Lourdes, las sillas de ruedas y la fragilidad física se erigieron como el testimonio viviente de una dignidad intrínseca que no expira jamás.

El Papa también abordó la purificación interna y la reconstrucción del tejido comunitario; y al calificar el llamado a la conversión como un imperativo urgente, incluyó a la propia institución que regenta en ese examen rigoroso, lo que se tradujo en su encuentro directo y con víctimas de abusos. De igual forma, al vincular la crisis de vocaciones con el debilitamiento del núcleo familiar, León XIV situó al hogar como el primer santuario del desarrollo humano.

En suma, sus mensajes llaman a la reflexión sobre el valor actual de la fe, no como reliquia del pasado, sino reserva moral para devolver la trascendencia y la solidaridad a un mundo muy desorientado.

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