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Editorial

La reforma política

“La reforma política del nuevo Gobierno era esperada con mucha expectativa por las gentes, esperanzadas en una propuesta de cambio profundo al sistema electoral...”.

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El proyecto de reforma política, que ya iba para su quinto debate, pues provenía de sesiones anteriores a las actuales ordinarias, logró avanzar de forma irracional a pesar de los crudos y directos cuestionamientos provenientes de diferentes partidos y movimientos políticos, y de la opinión pública.

La cantidad de ‘micos’ que le fueron adicionando fueron calificados de ‘orangutanes’, por lo ofensivos contra la buena democracia y a la ética política.

El que los actuales congresistas quedaran reelegidos en la próxima legislatura en las listas cerradas, por una única vez, sin condicionamiento de género, teniendo en cuenta el orden de elección del último periodo constitucional para la respectiva corporación, resultaba grotesco.

También fue materia de escándalo la denominada ‘puerta giratoria’, por la cual congresistas de las bancadas de Gobierno podían pasar a ejercer ministerios y de allí, renunciar para retornar al Congreso a la continuidad de sus labores parlamentarias.

El tufillo que quedaba en los pasillos del Congreso es que se trataba de un montaje legislativo para que parlamentarios y Gobierno central se perpetuaran en el poder. No podía ser otra la lectura de un proyecto vendido como de renovación y moralidad políticas, pero que se centraba en levantar inhabilidades y asegurar la adhesión de congresistas, lo que resultaba en un directo atentado contra el sistema democrático.

La astucia politiquera se paseaba en sus normas y, en cierto sentido, fue fraguado bajo la mala fe, pues en nada contribuía a cambiar las costumbres políticas.

De hecho, de poco sirvió la socialización que el Gobierno y líderes del parlamento hicieron del proyecto, pues las observaciones no se tuvieron en cuenta en el texto finalmente presentado para su discusión y aprobación. Ésta es una práctica que debe enervarse, pues le puede quitar legitimidad a los procesos de discusión y concertación de las iniciativas y propuestas del Gobierno, del Congreso o de ambos, en la medida que, si las gentes son llamadas a participar en el estudio y confección de estos proyectos, pueden inferir que sólo se les convoca para escucharlos, pero sus posiciones no son tenidas en cuenta; así, las citaciones que se hagan en el futuro pueden vaciarse de ciudadanos sin expectativas frente al beneficioso ejercicio de la participación ciudadana.

La reforma política del nuevo Gobierno era esperada con mucha expectativa por las gentes, esperanzadas en una propuesta de cambio profundo al sistema electoral, con normativas que introdujeran la financiación de las campañas por el Estado; con figuras que profundizaran la separación de poderes; con regulaciones que combatan eficazmente la politiquería, el clientelismo y la corrupción.

Quedan lecciones para Gobierno y aliados. La sociedad civil espera que se luzcan en el próximo proyecto de reforma política.

“La reforma política del nuevo Gobierno era esperada con mucha expectativa por las gentes, esperanzadas en una propuesta de cambio profundo al sistema electoral...”.

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