Proteger a los médicos

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Resulta aberrante la reacción de algunos ciudadanos que, usando su identidad propia u ocultándola, usan las redes sociales para propalar amenazas contra los médicos y personal de la salud de Cartagena.

Esas manifestaciones de odio no admiten justificación ni aún frente a rumores o de un supuesto cartel del coronavirus en la ciudad, o de que por los altos recursos que generan pacientes diagnosticados con esa enfermedad para las diferentes IPS, sistemáticamente se ocultan enfermedades de otra índole para cobrar mayores cifras al sistema.

El Universal rechaza semejantes actos criminales justamente contra quienes se han puesto al frente de una lucha tan desigual, exponiendo su integridad y la de sus seres queridos, en fiel cumplimiento del juramento hipocrático.

Los médicos y sus ayudantes vienen encarando con coraje y sacrificio a una enfermedad viral que no conocían. Sabemos que a pesar de los factores de riesgo que la hacen tan temible, el personal de salud se levanta en las madrugadas no sólo a ejercer con dignidad sus profesiones u oficios, también a participar en toda suerte de webinares y demás foros virtuales a lo largo de sus extenuantes días todavía aprendiendo del COVID-19. Si a la falta de buenos insumos, del pago de meses de salarios u honorarios vencidos, o la confrontación con un contendor del que no tienen aún claro cómo se trata y comporta, le sumamos el temor a ser agredidos por ejercer las profesiones que han escogido por vocación, resulta todo en una desventura que no puede ser tolerada y que debemos acabar ya.

De todos es conocido que ser profesional del área de la salud en el país –y nuestra ciudad no escapa de ello–, puede ser absurdamente denigrante si pensamos en que se trata de personas que han destinado más años en formación que en cualquier otra profesión, así como la inversión de considerables recursos económicos familiares para lograr los títulos que les acrediten como especialistas, para encontrarse con exiguos salarios que no elevan la calidad de vida acorde con tantos sacrificios para que, ahora, además, se vean denigrados, amenazados y maltratados ya no sólo por un sistema de salud cruel y desinteresado, sino por miembros de una sociedad con clara inversión de valores, quienes no son capaces de distinguir entre los defectos de ese sistema, del personal que da lo mejor de sí para sus pacientes.

Entre los males no contabilizados de la pandemia, debemos incluir los efectos deplorables de la desinformación que está haciendo daño a la respetabilidad de esas profesiones y a la dignidad de estos seres humanos sin que haya un verdadero interés por lo que sienten y viven los camilleros, enfermeros, bacteriólogos, odontólogos y demás especialistas, quienes se baten entre la escasa dotación de insumos, o cómo les han disminuido sus horas laborales para reducirles su retribución, y de los agobios por los malos tratos y los insultos de vecinos, pasajeros de modos de transporte, transeúntes y, ahora, amenazas por las redes sociales.

Definitivamente, rodear y proteger a los médicos es un imperativo categórico colectivo.

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