Editorial


Un gerente para los detalles

“No es sano que el alcalde Dau continúe atendiendo los detalles de todo lo que deba desplegar la administración distrital en relación con este complejo reto (...)”.

EL UNIVERSAL

23 de marzo de 2020 12:00 AM

Aunque lo propusimos tímidamente al finalizar el editorial de ayer, los acontecimientos del domingo, la rapidez con que se mueven los hechos, las urgencias que reclaman las vicisitudes apremiantes, lo ingentes recursos en dinero o especie que habrá que movilizar tanto para atender el suministro de equipos y elementos protectores de la vida de nuestro personal médico y sus ayudantes; y la organización de los mercados, medicinas y demás bienes que deban recaudarse, distribuirse y entregarse a las familias en los barrios y corregimientos del Distrito, ameritan que ya el alcalde designe a una persona de alto perfil gerencial que coordine todo lo relativo al coronavirus.

No es sano que el alcalde Dau continúe atendiendo los detalles de todo lo que deba desplegar la administración distrital en relación con este complejo reto. Por el contrario, el agotamiento puede comenzar a hacer mella en la salud del burgomaestre, quien tiene un papel fundamental en el liderazgo del pueblo. El alcalde Dau debe tener el margen de espacio suficiente para estar en comunicación con la gente y enviando mensajes motivadores y no aquellos que, aunque probables, sólo traigan desconcierto, terror y pesimismo cuando lo que se requiere es mantener motivada a la ciudadanía para que se siga comportando de una manera tan ejemplar como la que hasta ahora hemos visto.

Ese nuevo gestor tendría ya que asumir la coordinación de la distribución urgente de alimentos en los corregimientos de la ciudad, sobre todo de los que viven del turismo, pues a no dudarlo es el principal renglón de la economía local que se deprimió y el que más damnificados ha generado entre quienes, como vendedores callejeros, prestadores informales de servicios, trabajadores ambulantes y, en fin, toda la cadena de prestatarios de en ese macromundo que es el turismo formal e informal de Cartagena, han quedado cesantes en sus casas, sin opciones, y sin soluciones a la vista, distintas que depender por el momento del altruismo de vecinos y empresas, lo cual no alcanzará para mitigar las ansiedades materiales de padres y madres de familia que no entienden cómo vivirán la cuarentena sin garantizar la sobrevivencia en comunidades como, por ejemplo, las que dependen del movimiento de visitantes en Playa Blanca o en La Boquilla.

Ese gerente especial deberá estar atento a cooperar con aquellas acciones que faciliten la movilidad, con las medidas de seguridad que correspondan, para que no se paralice la cadena de proveeduría de bienes y servicios esenciales para la sobrevivencia comunitaria.

Entre tanto, quienes ahora estén a cargo pueden mirar lo que harán en Barranquilla, donde entregarán a 185.000 familias del régimen subsidiado, tres mercados, uno cada 10 días, casa por casa, cuya logística puede costar unos 10 mil pesos por mercado, con el acompañamiento de la Fuerza Pública para que no resulte traumática la entrega.

Si las urgencias del hambre no dan espera, los temores que la incertidumbre puede sembrar en mentes desesperadas ameritan una respuesta muy, pero muy eficiente.

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