Bien reza el dicho que la unión hace la fuerza. Es un verdadero precepto que aplican quienes conforman el grupo ‘Mujeres que transforman’, del que hacen parte migrantes venezolanas, así como colombianas retornadas, fraternizadas por el vehemente deseo de salir adelante, luego de haber sido víctimas de algún tipo de violencia de género.
Carmen Morelia Álvarez de Vega, migrante venezolana, es una de esas mujeres. Ella explica que el grupo está integrado por unas 200 mujeres y ella lidera a 20 de estas, compatriotas suyas, las cuales se brindan apoyo y ayuda mutuamente. (También le puede interesar: Fotos: Así se vivió la firma del pacto contra las violencias de género)
“Nos encargamos de buscar la forma de transformarnos”, señala Carmen y detalla que esa transformación se enfoca en sanar las heridas que deja, además de la migración, el hecho de haber pasado o estar pasando por una situación de vulnerabilidad, donde sus derechos han sido violentados por sus compañeros sentimentales o por sus familiares.
Uno de esos casos es el de Sandy Yanez, una mujer venezolana que huyó de su país, sola y siendo víctima de una pareja maltratadora. Ella escapó de la mala situación económica, pero también de las agresiones físicas y verbales de su compañero sentimental, teniendo que dejar a sus hijos por un tiempo. Su mayor sufrimiento fue ese, el hecho de apartarse de los seres que trajo al mundo, aunque pudo volver a Venezuela y recuperarlos. Hoy cinco de sus seis hijos están con ella.
“A veces no sabemos a dónde acudir, qué podemos hacer, a veces callamos muchas cosas”, afirma Sandy respecto a su situación.

Y recuerda cómo llegó a ‘Mujeres que transforman’: “Un día, estaba en el Centro Intégrate y la señora Carmen Álvarez pasó y se dio cuenta que estaba llorando. Al principio no quería decirle las cosas, pero luego sí le conté lo que me estaba pasando, entonces me ayudó y me hizo un enlace con la Fundación Renacer. Tenía mi autoestima por el suelo, pero gracias al apoyo me he ido recuperando”, indica.
Una que otra lágrima se escapa de sus ojos, porque hoy, aunque el sufrimiento ha mermado, su expareja sigue violentando su tranquilidad bajo amenazas, coaccionando al hijo que aún ella no recupera y que permanece en Venezuela.
“Lo ha puesto en contra mía, le dice que yo lo abandoné, pero eso no es verdad. Por eso mi hijo me ha llegado a decir que me odia y eso me duele”, refiere. (Lea también: Al menos 1.078 migrantes han muerto o desaparecido en América)
Unidas en uno propósito
Carmen, mientras vive sus propias batallas por ser una mujer migrante, se ha trazado la tarea de brindar apoyo a mujeres víctimas de la violencia de género. Es algo que hace por la inercia de un corazón bondadoso, aun en medio de su propia escasez. “Son muchas las mujeres que hay en el grupo con situaciones similares o peores que todavía viven con sus agresores. Que tienen maridos colombianos que las maltratan, se aprovechan de que están indefensas, porque no tienen trabajo y porque no tienen a dónde ir y las maltratan. Ese es el problema, se convierte en un círculo vicioso del que es difícil salir”, comenta.
“Nos llegó un caso de una mamá que la hija se la violaron y los violadores viven al frente de su casa. La denuncia está en Fiscalía y todo, pero los culpables están libres, pasan frente de la niña y se burlan de ella. Muchas mujeres llaman pidiendo orientación sin saber qué hacer”, añade.
“La Fundación Renacer nos está ayudando con cursos y talleres para que las mujeres se motiven y salgan adelante. Hay que darle un pare a la violencia basada en género, porque nosotras no podemos seguir en esta situación de que nos quieran maltratar porque somos venezolanas, porque no es solo el maltrato de los hombres, hasta las mismas compatriotas de nosotros nos violentan, es un tema que vivimos y debemos superar”, complementa.
Para Carmen y las mujeres que se ha encontrado en el camino ha sido clave la unión, la solidaridad y el apoyo entre cada una de ellas para ayudar a sanar sus heridas. Sin embargo, consideran que la falta de ayudas a la población migrante hace más difícil su situación.
Ellas, a propósito del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, claman por una sociedad más justa, donde puedan vivir libres y sin el temor de ser violentadas por su género o por ser migrantes.

