Pocas veces se comparte una mesa de restaurante con una mimo. Pero ese día llegó y fue mágico. En los alrededores del Aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena, en un concurrido restaurante conocimos por casualidad a una joven venezolana que no se arruga ante las adversidades de la vida. Es una guerrera que se impone metas y las logra. Es Maysberline Ruiz o May Ruiz como ella prefiere que la llamen. (Lea aquí: Los requisitos para que venezolanos puedan votar por el próximo alcalde).
En el restaurante los comensales copaban casi todas las locaciones, pero como si se tratara de una ‘reserva’ para mí, en un rincón, frente a la cocina, estaba sola una joven de carita blanca que nos permitió compartir la mesa y la verdad es que fue un gana - gana con su historia.
Sin programarlo, May se convirtió en mi primer personaje para esta edición de ‘Pa’lante, chamos y chamas’, una iniciativa de El Universal, apoyada por el Programa Integra de Usaid, para promover la integración social entre migrantes y colombianos, y ella encontró en mí un canal para compartir su emprendimiento, que bien puede ser un ejemplo para muchos jóvenes talentosos que deben construir futuro lejos de su patria.
Te puede interesar:
Estudiantes encaran a Delcy Rodríguez y exigen la libertad de presos políticos
Nació en El Junguito (Caracas, Venezuela) y hace 5 años está en Cartagena junto a su madre y su hermano menor. En esta ciudad muchas cosas le han sido duras a May. “Lo primero fue el cambio de clima, fue bastante fuerte. Después, la búsqueda de un arriendo económico, por los costos que acarrea al ser migrante. Eso la ha llevado a recorrer varios barrios. Hoy vive a orillas de la avenida Crisanto Luque, pero ha cambiado de sector muchas veces. En su lista están barrios como El Milagro, El Campestre y 20 Julio.
Antes de llegar a Cartagena, May cursaba décimo grado en Venezuela y practicaba danzas. “Ya en Cartagena ha sido un proceso bastante duro. Me ha tocado buscar alternativas que puedan generarme ingresos para costear la universidad. Acá estudio Pedagogía Infantil en una corporación universitaria. Son tres semestres, es una técnica. Culminé el primero con muy buenas calificaciones”, sostiene.
Como todo joven, May tiene sueños y su anhelo es estudiar auxiliar de vuelo. “Es bastante costosa esa carrera y me tocó estudiar primero pedagogía infantil, para luego costearla. Hoy pago mi carrera y libero de ese costo a mi mamá. Trabajo en actividades de animación. No es un trabajo permanente, sólo los fines de semana, cuando salen eventos”, explica.
Ha sido tan duro todo esto que muchas veces le ha tocado hacer desplazamientos a pie desde su casa al sitio de la animación. El tema de la animación surgió en Venezuela donde May estaba vinculada a una fundación llamada ‘Pequeño Juan’. “Ellos ayudan a los niños... les entrega regalos y les proporciona alegría. Les sacan una sonrisa a los niños. Yo aprendí de ellos y vi que acá ese podría ser un empleo para mi a esa edad y empecé a trabajar como recreacionista con la experiencia que tenía. Primero comencé en ‘Picardías Cartagena’, una franquicia que está en varios países, entre ellos Colombia. Una compañera del colegio me ayudó a vincularme a esa empresa porque su tía era la franquiciada. Con ellos estuve un año hasta que logré independizarme y creé, con mi socio, mi propio emprendimiento: Kids Playing Recreación, que traduce Niños jugando”.
Adicionalmente trabaja con otras empresas: ‘Risitas Cartagena’ y ‘Pelaos Recreación’.
Sobre su empresa dice que está en proceso de formalización. “Por ahora, tenemos uniforme y micrófono propio... esto es poco a poco. Hoy tengo a mi cargo 2 personas: Daniel García, quien además es mi socio y con él iniciamos la idea. El ha sido mi compañero en este proceso, el que me dijo: “Oye, vamos a motivarnos” y mi trabajador es Stiven Arrieta, el que le dice sí a todo... Entre los tres sacamos la empresa adelante”, dice sonriente.
“Lo más bonito de esta experiencia de recreacionista es que no sabes qué pasa con los niños y niñas en sus casas y por un segundo les sacas una sonrisa a ellos y a los adultos que viven estresados y les dices que reír les hace sentir bien y permite disfrutar de los pequeños momentos. Ver a los niños reír, eso me llena”, sentencia May.
Lo más difícil para ella ha sido el tema publicitario de su emprendimiento, pero poco a poco da a conocer su empresa.
Su sueño es ser auxiliar de vuelo y antes de conocerla estaba en un receso de una actividad en el aeropuerto Rafael Núñez, entregando kits a los niños y niñas para que pinten mientras esperan el vuelo.
May es la mayor de 4 hermanos y la única mujer. Camella de sol a sol en Cartagena y no deja de soñar. Quiere ser auxiliar de vuelo, un sueño que se construye y que ya levanta vuelo con una carita blanca. (Lea aquí: Día del Orgullo: estas son las necesidades de los migrantes LGBTIQ+).
May, en El Campestre
El pasado sábado y el domingo,1 y 2 de julio, May Ruiz (maysberline.c.r@gmail.com) le cumplió a los niños de El Campestre. En dos jornadas y con el apoyo de la empresa Kiss Playing Animaciones desarrolló una jornada lúdica con los niños del sector que incluyó juegos, concursos, regalos y pintada de caritas.
Ambas jornadas se desarrollaron entre las 6:30 p.m. y 8:30 p.m. Fue un detalle de agradecimiento de May a Cartagena y una forma de retribuir la acogida de la ciudad, fue dedicarle parteb de su tiempo a los niños.