Pa’lante chamos y chamas


Sandy Yanez cocinó su futuro a fuego lento

Después de dejar a sus hijos en Venezuela, Sandy Yanez vino a cocinar su futuro, superando obstáculos, creando su emprendimiento y soñando con ayudar a su comunidad.

No hay pesar más grande para una madre que abandonar a sus hijos para brindarles un futuro mejor y Sandy Yanez, migrante venezolana, tuvo que hacerlo.

Su vida en Venezuela era estable, mas no buena. Estudió turismo, pero se dedicaba a ayudar a jóvenes, enseñándoles sobre documentación y organización de archivos. Al mismo tiempo, para su pesar, sus hijos no tenían un lugar donde estudiar, la comida escaseaba, su trabajo no generaba suficientes ganancias para sobrevivir y, peor aún, sufría de violencia por parte de su esposo.

Corría el año 2019 cuando tomó la decisión de dejar su hogar y sus hijos para buscar mejores condiciones de vida en Colombia. “Yo venía con una maleta pequeña. Mi idea era trabajar 3 meses y volver”, comenta. “No sabía la realidad de lo que era migrar y no fue fácil... Dejar a mis hijos no fue fácil”, añade.

Fue cuando cruzó la frontera que Sandy sintió la ausencia de sus hijos y se dio cuenta, por primera vez, que nada sería como antes. En Colombia no tenía trabajo seguro, un lugar donde quedarse, ni muchísimo menos algún conocido que le tendiera la mano, pero nada más llegar, se encontró con la primera mano amiga que la ayudó a encontrar estabilidad.

Equipo de trabajo de Sandy. //Foto: Julio Castaño Beltrán
Equipo de trabajo de Sandy. //Foto: Julio Castaño Beltrán

La luz en las tinieblas

Se trató de una familia de San Jacinto que requería servicios de aseo en su hogar y, ante la necesidad, Sandy les ofreció su colaboración a cambio de un lugar donde quedarse y comida, “nunca me humillaron ni me maltrataron, se convirtieron en mis amigos”, dijo agradecida.

En compañía de ellos logró estabilizarse y tomar su propio camino. Con mucho agradecimiento y tristeza los dejó para dirigirse a la ciudad y así llegó a Cartagena, lugar donde conoció a su actual pareja, quien abogó por ella ante algunos conocidos para que le ofrecieran un espacio en su casa, en el barrio Chiquinquirá.

Al mismo tiempo comenzó a trabajar vendiendo fritos y se convirtió en ayudante de cocina en un restaurante en el Centro de la ciudad. “Era una jornada dura, porque empezaba a vender fritos a primera hora y, desde antes de medio día, pasaba a trabajar en el restaurante hasta altas horas de la noche”, cuenta Sandy, quien, a pesar de sentirse cansada, seguía trabajando con la esperanza de volver a ver a sus hijos.

Las expectativas de tiempo que Sandy tuvo al migrar habían pasado hace mucho, los 3 meses se convirtieron en años y fue entonces cuando conoció el Centro Intégrate, donde la ayudaron a tramitar el Permiso por Protección Temporal (PPT), donde realizó cursos de panadería, repostería y cocina, que le permitieron iniciar su propio emprendimiento, pero, sobre todo, donde pudo sentirse útil para la sociedad y empoderarse para finalmente embarcarse en un viaje en busca de sus hijos. También te podría interesar: Un centro de integración que transforma vidas de migrantes y colombianos.

Un viaje de ida y vuelta

Con su situación migratoria organizada, Sandy regresó a Venezuela en busca de sus hijos, pero solo pudo volver con 3 de los seis que tiene. La travesía fue incluso más difícil que antes, pues tuvieron que cruzar por trochas, sin alimentos ni bebida. “Pudimos cruzar por ayuda de la gente”, cuenta Sandy con nostalgia, pues “cuando vieron a mis hijos llorando de hambre, nos brindaron desinteresadamente comida y agua”, agregó.

Al llegar a Cartagena nada mejoró. Como el padre de los niños nunca autorizo la salida del país para intentar retener a Sandy, el trámite del PPT para ellos fue problemático y los llevó a retrasar sus estudios. Además, el tiempo separada de ellos causó estragos en su relación, ya que muchas personas los hicieron creer que ella los había abandonado y solo hasta que vivieron la realidad entendieron a su madre y retomaron su relación.

Pasado un tiempo, Sandy logró organizar la situación de sus hijos y “ponerlos a estudiar”. Inscribió a los menores en el colegio y la mayor ganó una beca para estudiar una carrera, por lo que, mientras ellos estudiaban, Sandy sacaba adelante su emprendimiento, un restaurante que decidió llamar ‘Delicias Latinas’, donde “puedo expresar el amor que le tengo a mi tierra y a la que me recibió”, dijo.

Sandy atiende clientes y realiza domicilios. //Foto: Julio Castaño Beltrán
Sandy atiende clientes y realiza domicilios. //Foto: Julio Castaño Beltrán

Cocinando su futuro

Con ‘Delicias Latinas’, Sandy encontró estabilidad en su vida. Tiene a la mitad de sus hijos con ella y se prepara para buscar a los que le faltan.

Su restaurante, ubicado en la casa donde vive en el barrio Chiquinquirá, recibe clientes a diario, realiza entregas a domicilio y, los fines de semana, se llena de personas que llegan en busca de platos típicos de Venezuela y Colombia en un mismo lugar. Ahora, desea encontrar un lugar dedicado exclusivamente para su negocio, donde pueda explotar todo su potencial y atraiga cada vez más y nuevos clientes.

Pero esto no es lo único que Sandy cocina para su futuro, pues ella quiere devolverle a la ciudad todo lo que le ha ofrecido y, por eso, está en busca de la creación de una fundación que ayude, a los jóvenes a salir adelante, estudiar y ser alguien útil en la sociedad, así como a las personas de la tercera edad en sus cuidados físicos y psicológicos.

Desde que migró, Sandy ha superado muchos de los obstáculos de su camino y, durante todo este tiempo, ha mantenido la esperanza, ha trabajado incansablemente por conseguir lo que quiere y, así como ha recibido ayuda, la ha brindado desinteresadamente, pues como ella misma dice: “cada quién da lo que tiene en su corazón”. Lee también: La proeza de salir adelante “con las uñas”

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