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Stephanie, la mujer venezolana que encontró su propósito en Olaya

Hace cinco años Stephanie Ortega llegó a Cartagena para continuar con su vida. Hoy, ha encontrado en el servir a los demás un motivo para seguir.

Stephanie, la mujer venezolana que encontró su propósito en Olaya

Stephanie Ortega llegó a Cartagena hace cinco años desde Caracas (Venezuela). // Óscar Díaz - El Universal

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A sus 32 años, Stephanie Ortega es una mujer que dice sentirse realizada. Hace cinco años cuando salió de Venezuela y llegó a Colombia en busca de una mejor vida quizá no lo pensó así, pero hoy se siente a gusto con el rumbo que ha tomado su vida, que ha sido producto de su lucha y su perseverancia para salir adelante.

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No fue fácil, pero así como las puertas en un momento se le cerraron, en otro también se le abrieron y las supo aprovechar y valorar. Hoy Stephanie es enfermera graduada de la corporación Elyon Yireh y hace parte de la comunidad del sector Central del barrio Olaya Herrera, donde se ha sentido acogida desde que llegó.

Allí Stephanie hace parte de diferentes espacios de voluntariado tales como el Comité Barrial de Emergencias (Combas), la Red Comunitaria de Salud ‘Rompiendo Fronteras’ y también de la Corporación Ruleli, una organización social y cultural del sector que trabaja con niños, adolescentes y personas en condición de discapacidad.

Es allí donde ella ha encontrado su verdadera vocación: el servicio, y donde ha puesto sus talentos a disposición de los demás. “Mis objetivos eran diferentes a los que estoy viviendo en estos momentos, pero la experiencia en comunidad me ha parecido chévere. Poder ayudar a los demás es satisfactorio. A mí me ayudaron y me hicieron parte de la comunidad, entonces ahora yo les ayudo también”, cuenta.

Un proceso duro

Stephanie era de esas venezolanas que se iban hasta altas horas de la noche a hacer fila a las afueras de los almacenes con el fin de conseguir los productos que necesitaban al día siguiente, pero llegó un punto en que no pudo más y tomó la decisión de migrar a Colombia.

“La situación se comenzó a complicar. No se conseguían los artículos, la comida, había escasez de efectivo. En mi trabajo comenzaron a reducir personal y eso también me afectó porque yo estaba acostumbrada a trabajar, a tener una entrada de dinero y por eso se dio mi preocupación por salir del país. Había muchos límites pero yo busqué la manera para reunir para los pasajes y venirme a Cartagena, donde tenía una amiga”, cuenta Stephanie.

Fue gracias a esa amiga que tuvo contacto con la Corporación Ruleli en Olaya, que le abrió las puertas para comenzar su vida en la ciudad, aunque no fue sencillo. Stephanie había llegado con la intención de conseguir trabajo, pero no fue tan fácil como ella pensaba.

En Venezuela había trabajado en almacenes, hospitales y cuidando adultos mayores, ejerciendo la enfermería como un oficio empírico. Sin embargo, en Cartagena, el tratar de conseguir trabajo fue toda una odisea en la cual también pudo identificar indicios de xenofobia.

“Apenas veían mi hoja de vida y veían que era venezolana todo se iba a para atrás. Incluso fui a entrevistas pero eso quedaba en nada”, cuenta.

Fue a partir de eso que Stephanie se puso la meta de profesionalizarse y fue vendiendo tequeños, pastelitos y mecatos que pudo pagar sus estudios de enfermería en la corporación Elyon Yireh, donde se graduó el año pasado.

Ahora divide su vida entre hacer turnos como enfermera y su trabajo comunitario en Olaya, donde les enseña a los niños, jóvenes e incluso migrantes como ella aspectos relacionados a la educación sexual, la salud mental, entre otros.

“Para mí ha sido una experiencia muy bonita, a pesar de que hubo muchas situaciones en las que me deprimí porque dejé a mi familia y no conseguía trabajo. Fue difícil pero eso también me sirvió para ayudar a muchas otras personas y también a mis paisanos a través de la Red Comunitaria de Salud”, cuenta Stephanie, que aspira a seguir estudiando y creciendo como profesional.

“En un futuro también me veo como fisioterapeuta. Quisiera cumplir ese sueño aparte de los que ya he cumplido, porque me siento realizada. Trabajar en comunidad fue algo que no me esperaba pero que me ha gustado mucho”, comenta.

Perseverancia y empatía

El consejo que Stephanie le da hoy a otros migrantes venezolanos como ella es que sigan perseverando por alcanzar sus objetivos aunque se encuentren con obstáculos en el camino.

“El que persevera, alcanza. Uno tiene que vivir su proceso y no pensar que todo va a ser positivo enseguida. No desfallezcan, sigan adelante porque sí hay una luz a final del túnel, hay algo más allá y es mejor de lo que uno se espera. No es fácil, pero tampoco es imposible”, dice Stephanie.

Y a los cartageneros, les pide que sean más empáticos con sus hermanos venezolanos. “Todos somos iguales, yo les diría que traten de ser más sensibles porque ellos también fueron acogidos en Venezuela. Que traten de ser más empáticos y se pongan en los zapatos de las personas que vienen a Colombia y dejan a su familia”, manifiesta.

En este sentido asegura que el mayor error que pueden cometer los cartageneros es estigmatizar a todos los venezolanos y asociarlos a malos comportamientos, pues la realidad es que muchos de ellos, así como ella, vienen es con la intención de salir adelante y de ayudar a los demás.

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