Pa’lante chamos y chamas


“Trabajaba 16 horas al día y mi vida cambió el día que decidí emprender”

El testimonio de Ana Rosa Lugo es reflejo de la lucha que enfrentan quienes deben migrar para empezar de cero.

El éxito comienza el día que te decides. Esta es una frase que conlleva a una acción y que Ana Rosa Lugo aplicó a su vida en un momento en que se sentía abrumada y al límite.

Trabajaba 16 horas diarias en un restaurante al que, dice, le debe mucho porque le dio la oportunidad de salir adelante, pero que casi no le permitía ver a sus hijos. Ella, con mucho esfuerzo, ha transformado su vida y ahora está agradecida con Cartagena por haberle abierto las puertas hacia un nuevo comienzo lleno de esperanza. (También te puede interesar: Tres migrantes panameños fueron rescatados tras 11 días a la deriva)

“Me marché por la crisis de Venezuela”

Ana Rosa, licenciada en economía, inició su trayectoria laboral en Venezuela, en una empresa del sector industrial donde se desempeñaba como coordinadora de compras. Aunque amaba a su casa, a su barrio y a Coro, su ciudad, un día le dijo adiós a todo.

Afirma que tomó la difícil decisión de irse de su país tras un incidente que la marcó. Cuenta que un día abrió una bolsa de harina para preparar la comida para su familia y se encontró que esta parecía estar contaminada. “Yo dije que no podía poner más en riesgo a mi hijo con alguna intoxicación. Esa era una época en la que no se conseguía comida por ningún lado en Venezuela y tampoco había dinero para comprar nada. Salimos a buscar comida y encontramos fue eso”, explica.

La situación en el vecino país, marcada por la escasez y la dificultad para conseguir alimentos, fue uno de los motivos fundamentales que la impulsaron a buscar un futuro más prometedor. Fue entonces cuando viajó a Cartagena, Colombia, siguiendo los pasos de una amiga coterránea que le brindó ayuda en su llegada la Heroica.

Marketplace, principal aliado

En Cartagena, el primer sitio en el que Ana trabajó fue una peluquería donde prestaba servicios domésticos. Luego consiguió un empleo en un restaurante, donde las jornadas laborales eran extenuantes. “Yo era una madre ausente, pasaba 16 horas trabajando y dije: tengo que hacer algo por mí. Ahí decidí emprender mi negocio”, relata la venezolana que, en la ciudad, encontró el amor y tuvo al segundo de sus hijos, con quienes vive el barrio República de Chile.

Ella comenzó a vender arepas y empanadas venezolanas a través de las redes sociales y recibió una respuesta abrumadora, llegando a ganar al día prácticamente lo mismo que obtenía trabajando 16 horas diarias en el restaurante.

“Primero publiqué mis productos por marketplace. Luego, a través de un grupo de venezolanos en Cartagena, recibí publicidad y conseguí más clientes. Ahora tengo unos 5.000 seguidores en la página y le vendo tanto a venezolanos como a colombianos. La verdad es que me va súper bien”, relató.

“Trabajaba 16 horas al día y mi vida cambió el día que decidí emprender”

Las arepas y empanadas son parte del sustento de la familia de Ana.

Con su negocio de arepas y empanadas venezolanas, Ana Rosa conquistó el paladar de la población venezolana en Cartagena y su estrategia de marketing a través de las redes sociales fue clave para su éxito, permitiéndole llegar a cientos de interesados en la gastronomía venezolana.

Ella aconseja tener mucha paciencia y constancia porque el camino puede resultar complejo pero, finalmente, quien persevera alcanza.

Por redes sociales
Ana distribuye sus productos a través de Facebook, en la página Empanadass Venezolanas y a través de WhatsApp:3244058056

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