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Política

Influencers y política: claves para entender esta dinámica en Colombia

En el año electoral 2026, influencers y creadores vuelven a la contienda por los votos. ¿Cómo analizar este fenómeno? Expertos dan claves.

Influencers y política: claves para entender esta dinámica en Colombia

Influencers y política: cuando las redes entran al poder. //Foto generada con IA.

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Ya no es un secreto a voces. La forma tradicional de hacer política cambió y hay un despertar en la ciudadanía, que hoy decide y se suma a la contienda desde una mirada más crítica, selectiva y dinámica. Sí, también desde un celular.

En este 2026, a poco más de un mes de las elecciones legislativas y a cuatro de las presidenciales, las tensiones comienzan a sentirse con fuerza. En redes sociales circulan encuestas que evidencian cómo suben y bajan las preferencias electorales, y es ahí donde entran en juego otros actores que, aunque no son nuevos en el panorama político, hoy cobran un protagonismo creciente: los influencers y creadores de contenido.

Este año son varias las caras “conocidas” que aspiran a un cupo en el Congreso, muchos con el respaldo de tradicionales casas políticas y otros con partidos a los que siempre han sido afines. Pero la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿cómo están los influencers cambiando la política? ¿y cómo analizar este nuevo escenario que gana cada vez más relevancia?

“Todo hace parte de la sociedad del espectáculo”

Para Carlos Arias, PhD en Psicología Política y profesor de la Universidad Javeriana, se trata de un fenómeno que, si bien ha ganado fuerza en los últimos años, no es del todo nuevo. “El uso de influencers como herramienta de marketing político cada día gana más terreno, pero no es algo reciente. La sociedad del espectáculo -como la describió hace décadas Mario Vargas Llosa- ya había planteado estas dinámicas, donde figuras provenientes de los medios de comunicación o del entretenimiento encuentran cada vez más espacio en la política. No es casualidad que Ronald Reagan haya sido presidente de Estados Unidos o que Volodímir Zelenski lo sea hoy en Ucrania”, sostiene.

Arias amplía su análisis y advierte que el contexto actual potencia este fenómeno: “Hoy las redes sociales concentran una audiencia mucho mayor que la televisión o la radio tradicionales. Plataformas como Netflix o Prime Video configuran un nuevo tipo de consumidor y de ciudadano, que cree más en los creadores de contenido y busca emociones rápidas, en lapsos cortos, sin que necesariamente importe si lo que se dice es verdad o no”.

Desde su mirada, la incursión de influencers en la política tiene un doble filo. “Por un lado, ha restado profundidad al debate y lo ha vuelto más superficial; pero, por otro, ha democratizado el acceso de más ciudadanos a espacios de poder. Es valioso que nuevas audiencias logren canalizar representación política, porque de eso se trata una democracia significativa”, señala.

Influencers y conocimiento político: ¿qué tanto saben?

En la carrera por el voto ya hay varios influencers y creadores de contenido haciendo campaña para convertir los ‘likes’ de sus redes en votos. Casos como el de Felipe Saruma, con más de cinco millones de seguidores en Instagram y candidato a la Cámara de Representantes por el Atlántico con Cambio Radical, o el de Doctor Rawdy, con dos millones de seguidores y aspirante al Senado, evidencian esta tendencia.

Sin embargo, más allá del alcance digital, persiste una inquietud clave: ¿tienen estos creadores el conocimiento político necesario para ejercer un cargo público? Para Jeffrey Janer Quiñones, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar, la preocupación radica en hasta qué punto los influencers comprenden realmente la política.

“Si un creador digital habla de lo que cree que es la política, pero no de lo que realmente es, su capacidad de masificar opiniones puede convertirse en un falso positivo para la ciudadanía. Está transmitiendo un mensaje alterado y, en ese sentido, se produce una banalización del debate político”, advierte.

Según el experto, este proceso implica un riesgo mayor. “La política se está volviendo banal porque se toman sus componentes y se manipulan a la ligera. Recordemos que la política se entiende desde tres dimensiones: una estructura -el sistema político-, una operación -el proceso político- y unos resultados. Para comprenderlas existen disciplinas como la ciencia política, la filosofía y las ciencias sociales. Si todo se reduce a la opinión, estamos frente a un doble problema: se banaliza la política y, además, se masifica esa banalización”.

Influencers y política: la batalla por la opinión pública. //Foto generada con IA.
Influencers y política: la batalla por la opinión pública. //Foto generada con IA.

Comunicación directa y opinión pública

Analizar este escenario desde la comunicación política y estratégica permite identificar riesgos y oportunidades en la formación de la opinión pública y en la calidad del debate democrático. La comunicación directa que ejercen los influencers incide de manera significativa en cómo las personas toman postura política.

Así lo explica Javier Ramos Zambrano, director del área de Medios y Marketing de la Escuela de Transformación Digital y del programa de Comunicación Social de la Universidad Tecnológica de Bolívar. “La comunicación directa de estos creadores no se queda en lo simbólico como muchos creen. Hay evidencia de conversión de capital digital en capital electoral, como muestran los casos de Jota Pe Hernández en 2022 o Wally en las consultas del Pacto Histórico de 2026, donde audiencias construidas en YouTube, TikTok o X se transforman en cientos de miles de votos de opinión”.

Ramos añade que esta relación sin intermediarios reposiciona a los influencers como nuevos “editores” de la realidad pública. “Deciden de qué se habla cada semana, qué escándalo mirar y con qué marco emocional interpretarlo, desplazando parte de la función clásica de la prensa en agenda setting y framing”.

En cuanto a la toma de postura política, advierte dos efectos clave: la polarización afectiva y los atajos cognitivos. “El modelo de negocio de las redes premia el conflicto y refuerza identidades negativas, lo que vuelve el debate más visceral. Además, muchos seguidores terminan delegando su criterio en el influencer de confianza ante temas complejos; la postura se vuelve mimética y tribal, guiada más por la afinidad emocional que por una evaluación crítica de la información”.

Las redes sociales amplifican voces, pero también pueden distorsionar la conversación pública. En este escenario convulso, el reto no es demonizar a los influencers ni idealizar su papel, sino fortalecer una ciudadanía crítica, capaz de informarse, contrastar y elegir a conciencia.

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