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Política

“La IA es una herramienta de doble filo en la política colombiana”

Un experto de la UTB analiza como el uso de la inteligencia artificial en las campañas políticas abre nuevas oportunidades, pero también plantea riesgos.

“La IA es una herramienta de doble filo en la política colombiana”

El uso de la inteligencia artificial en las campañas políticas abre nuevas oportunidades, pero también plantea riesgos. // Ilustración generada con ChatGPT

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La Inteligencia Artificial (IA) se ha instalado como un nuevo huésped en nuestras vidas y, al parecer, no tiene intención de marcharse. Este fenómeno, si así puede llamarse, ya forma parte de nuestras rutinas diarias. Resolver dudas, ofrecer consejos sobre casi cualquier tema, organizar tareas e incluso brindar recomendaciones son apenas algunos de los miles de usos que, en todo el mundo, se le están dando a esta herramienta de la era digital.

De hecho, hace tan solo unos días Colombia eligió presidente y, en medio de las campañas de los distintos candidatos, se volvió común ver imágenes, audios y videos creados con inteligencia artificial para captar la atención de los ciudadanos e influir en el desarrollo de la contienda electoral. Puede leer: Prohibir la IA no salvará al periodismo

Más allá de aprobar o rechazar esta práctica, lo cierto es que la ciudadanía presencia quizás por primera vez campañas que se alejan de los formatos tradicionales y que recurren cada vez más a la tecnología para conectar con las comunidades. Ante las inquietudes que surgen sobre el uso actual de la inteligencia artificial en la política, El Universal consultó a Saulo Torres, director del programa de Marketing y Transformación Digital de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB), quien compartió su análisis sobre este fenómeno.

¿Cómo está transformando la IA la forma en que los candidatos presidenciales hacen campaña y se comunican con los votantes en Colombia?

La IA está cambiando el juego desde la hiper-personalización y la eficiencia operativa. Ya no hablamos de campañas masivas estandarizadas, sino de segmentación quirúrgica. Los candidatos ahora pueden utilizar IA para analizar grandes volúmenes de datos y entender los sentimientos reales de los votantes en tiempo real, lo que permite crear mensajes específicos para grupos demográficos reducidos.

Además, la automatización a través de agentes inteligentes y la generación masiva de contenido (texto, imagen y video) permite que una campaña tenga una capacidad de respuesta y una presencia digital 24/7 que antes era impensable sin equipos humanos gigantescos.

¿Qué riesgos representan herramientas como los videos, audios e imágenes generados con IA para la desinformación y la confianza en el proceso electoral?

El mayor riesgo es la erosión de la realidad compartida. Cuando se democratiza la capacidad de crear deepfakes o audios altamente realistas, la línea entre lo verídico y lo falso desaparece. Esto no solo permite la suplantación de candidatos para decir cosas que nunca dijeron, sino que también facilita la creación de narrativas falsas a gran escala que pueden manipular la opinión pública en momentos críticos, como la semana previa a unas elecciones. El peligro no es solo la mentira en sí, sino el “dividendo del mentiroso”: la posibilidad de que un político deslegitime pruebas reales de mala conducta alegando que fueron creadas o alteradas por IA.

Saulo Torres, director del programa de Marketing y Transformación Digital de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB). // Foto: cortesía
Saulo Torres, director del programa de Marketing y Transformación Digital de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB). // Foto: cortesía

¿La legislación colombiana y las autoridades electorales están preparadas para regular el uso de la IA durante una campaña presidencial? ¿Existen varios vacíos que deberían corregirse?

Colombia, al igual que gran parte de la región, aún tiene una brecha importante entre el avance tecnológico y la capacidad regulatoria. Nuestras leyes electorales fueron diseñadas para una era analógica y de redes sociales convencionales, no para una era de contenido sintético generado algorítmicamente.

Sí, existen vacíos significativos. Falta una normativa clara sobre el etiquetado obligatorio de contenido generado por IA en pauta electoral, protocolos de respuesta rápida ante crisis de desinformación sintética y una articulación más robusta entre el Consejo Nacional Electoral (CNE) y las plataformas tecnológicas. Estamos reaccionando a la tecnología en lugar de anticiparnos a ella. Lea también: Gobierno define lineamientos de privacidad para IA en Colombia

¿Qué recomendación daría a los ciudadanos para identificar contenido manipulado con IA y evitar ser víctimas de desinformación?

Mi recomendación es adoptar una postura de “escepticismo saludable”. Ante cualquier contenido que apele a emociones extremas (miedo, ira, indignación) y que provenga de una fuente desconocida, debemos seguir estos pasos:

• Verificar la fuente: ¿El video o audio está siendo difundido por los canales oficiales del candidato o por medios de comunicación reconocidos?

• Buscar la noticia original: Si una declaración parece escandalosa, busquen en Google si otros medios de comunicación (de distintas líneas editoriales) han reportado la misma información.

• Observar los detalles técnicos: En videos, presten atención a las sombras, el parpadeo de los ojos, la sincronización labial o texturas extrañas en la piel. En audios, escuchen si hay entonaciones robóticas o falta de pausas naturales para respirar.

• No compartir por impulso: La desinformación se propaga gracias a la velocidad. Antes de compartir, verifiquen. Si dudan, no compartan.

En conclusión, la inteligencia artificial es una herramienta de doble filo en la política colombiana: mientras ofrece oportunidades sin precedentes para conectar con el electorado, también desafía la integridad del debate democrático.

La responsabilidad no debe recaer únicamente en los ciudadanos; es imperativo que las autoridades electorales y los partidos políticos asuman un compromiso ético y normativo que priorice la transparencia, asegurando que la tecnología potencie la participación ciudadana en lugar de socavar la confianza en nuestras instituciones, concluyó el experto.

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