Regional


San Jacinto lleva 20 años esperando el agua potable

Mientras se optimiza un sistema que suministre agua 24 horas a este pueblo y a su vecino San Juan Nepomuceno, los sanjacinteros se sirven de carrotanques, aguaceros y lagunas a la intemperie.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

22 de febrero de 2021 12:00 AM

En el barrio Javier Cirujano Arjona siempre hay la posibilidad de que, en cualquier momento, una tractomula arrolle a algún habitante, por tratar de cruzar la carretera Troncal de Occidente, con tal de ir a sacar agua de una laguna ubicada en un terreno privado.

Estamos en el municipio de San Jacinto, Montes de María, norte de Bolívar.

Los que más cruzan son los jóvenes y los adultos mayores que todavía se sientan con fuerzas para cargar en sus hombros una vara de madera, con unos alambres en los extremos, los cuales sujetan dos galones de plástico.

A veces, esos mismos adultos mayores cruzan con una carretilla de dos llantas, que puede cargar hasta cuatro galones, pero relata Iván Meléndez, uno de los jóvenes que más arrean agua, que el mes pasado una tractomula tropezó uno de esos armazones con neumáticos, “y si no es porque el viejo se puso ágil a tiempo, yo creo que hubieran tenido que recogerlo con pala”.

Como en el Javier Cirujano Arjona raras veces llega el agua potable a las tuberías, a Meléndez, quien es el mayor de cinco hijos que tienen sus padres, le toca cruzar la carretera hasta siete veces en un día.

En su casa no hay dinero para construir una alberca de cemento, pero hay unos cuantos tanques de plásticos donde se almacena el agua lluvia. Aunque lo normal es que la gente cruce la vía, “exponiéndose a que la mate un carro o la muerda una culebra cuando llegue al pozo”.

Cuando al fin logran cruzar, deben abrir un portón de hierro protegido con una cadena de eslabones oxidados. Luego, bajan una pendiente en cuyo final reposa la laguna cubierta de fragmentos de taruya y en donde, de vez en cuando, los burros y los cerdos, acosados por el bochorno del mediodía, internan sus hocicos para darse uno que otro sorbo de agua .

Iván y sus vecinos dicen que el agua que logran recolectar en las pimpinas de plástico se destina a los oficios domésticos, pero en casos extremos se hierve para hacer la sopa o para beber agregándole fragmentos de hielo.

José Blanco, un residente un poco mayor que Meléndez, cuenta que el agua potable llega una sola vez a la semana y el servicio demora solo entre veinte y cuarenta minutos, durante los cuales hay que llenar frenéticamente hasta los vasos, aunque el líquido solo durará unos tres días, si acaso.

John Jairo Piña Domínguez, de la dirigencia comunal de San Jacinto, anota que en las partes altas de la población hay barrios privilegiados en los que es infrecuente que se vaya el agua, porque están cerca de los dos tanques de los que dispone el sistema de acueducto, que está en proceso de optimización.

Se llaman Miraflores, Calle 19, San Rafael y San José, mientras que los más sufridos son Barrio Abajo, Campo Alegre (Corea) La Gloria (Arriba), La Gloria (Centro), La Paz, San Abel, Santander, Sucre y Marica el Último, entre otros que conforman una sedienta mayoría.

No obstante, según Piña Domínguez, en esos barrios hay familias que pueden comprar agua de dos jagüeyes: uno público y otro perteneciente al colegio La Vocacional. A esos sitios llegan diariamente compradores que la revenden a diferentes precios, dependiendo de las distancias que deban recorrer durante su comercio.

“Un viaje de nueve canecas --explica-- puede costar hasta seis mil pesos. Pero cuando se nos mete el verano, esas nueve canecas no son suficientes para una familia, porque en muchas viviendas hay hacinamiento: viven hasta cuatro familias en una sola casa. En ese son, una familia podría gastarse más 150 mil pesos en un mes”.

Piña Domínguez está entre los lugareños que piensan que el pueblo sería feliz con que el suministro de agua potable aparezca siquiera tres veces en la semana, pero mientras tanto también se recibe agua de carrotanques provenientes del municipio El Carmen de Bolívar y de los que aporta la Alcaldía.

Jorge Castellar Smith, el alcalde, recuerda que su municipio tuvo un acueducto que fue eficiente para las pocas familias que había, pero con el tiempo se volvió obsoleto.

Ante esa obsolescencia, en 2017 se iniciaron, con un presupuesto de $13 mil millones, los planes para optimizar el que se aspira sea un acueducto regional entre San Jacinto y el vecino municipio de San Juan Nepomuceno, proyecto que es netamente departamental y su objetivo apunta a que ambos pueblos disfruten de agua potable diariamente y por las 24 horas.

Este sistema de suministro consta de cuatro plantas: una en el sector San Agustín, donde hay cuatro motores que succionan el agua y la envían por tuberías a San José del Peñón, que posee una planta desalinizadora, de donde sale impulsada por tres motores hacia el sector Perico, que consta de dos plantas de tratamiento: una de 60 litros por segundo; y otra de 120 litros por segundo.

“Es necesario que este última planta funcione al cien por ciento, para que San Jacinto pueda tener agua 24 horas todos los días para los 28 mil habitantes. Pero por el momento, lo que hemos logrado es tener un día de agua para nosotros y otro día de agua para San Juan, que no es lo que dice el proyecto”.

De acuerdo con Castellar Smith, la firma Aguas de Bolívar es la que debe, como contratante, responder por la entrega del sistema optimizado a ambos municipios.

“En estos momentos estamos en esa etapa. Hoy iniciaremos un recorrido por todo el sistema, para revisar si está concordando lo ejecutado con lo contratado. Pero para observar a cabalidad su funcionamiento, hay que esperar dos cosas: que llueva, para ver si los niveles del río suben; y hacer un dragado en el sitio, que no es cuestión de un día o dos. Ahora mismo el contrato aumentó a $20 mil millones y todavía no está funcionando como debiera para los 70 mil habitantes de los dos municipios”.