“Te van a gustar los bollos de mazorca que yo hago. Pruébalos para que sepas el secreto que tienen, llega a mi casa”, me dijo Rosa Amelia Martínez una vez en noviembre de 2006 cuando el presidente Álvaro Uribe visitó al municipio de Arjona y fueron contratadas varias mujeres para preparar el manjar de bienvenida al mandatario, ella participó en la muestra gastronómica. Lea: ¡Todo un éxito! Así transcurrió el primer Festival del Bollo de Mazorca
Me asaltó la invitación que me hizo, una mañana fui a su casa y los deleité. Yo no soy catador de bollos ni nada por el estilo. Pero esos tenían una sazón parecida a los que hacia mi tía Rita Castaño (e. p. d.) para consumo en la familia, yo le ayudaba en los menesteres, destusando y cortando el maíz. Ella se encargaba del resto de la preparación. También le puede interesar:
En ese entonces, ella me contó el secreto para que los bollos fueran apetecidos. Ojalá sea el mismo que hoy Rosa Martínez relata como parte de la herencia que le dejó su mamá Isabel Moreno (e. p. d.) quien le enseñó a hacerlos cuando Rosa tenía 12 años de edad; en esa época aprendió preparar fritos, bollos de limpio, de mazorca, de coco, de plátano y de yuca.
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A cada rato le compro por encargo y estos siguen conservando ese sabor diferente, 70 años después de haber iniciado la tarea, esa que para tener éxito en su preparación se necesita tener destreza para mantener una masa semilíquida, envolverla en una tusa (caparazón de la mazorca) y luego amarrarlo con una pita de fique que le da la figura característica.
Sin embargo, conocer ese secreto que tanto me habló, a través de una entrevista, se convirtió en una odisea. De esta manera hablé con su hija menor, Sobeida, y me dijo: si la vas a entrevistar debes ir temprano, a eso de las 6 de la mañana. Tomé la decisión de conversar con ella, el primer día llegué a las 6 y 03 a.m. y no pude verla. Álvaro, su hijo, me explicó que debía ir antes de las 5 y 30 a.m. porque ella se levanta a las 3 de la mañana a preparar la masa, darle el toque secreto, envolverlos y apenas termina de hacer mas de 120 bollos regresa a la cama a descansar.
Así fue, regresé al día siguiente, a las 5 y 45 a.m., pero tampoco pude hablar con ella. Ana Milena, la nieta, me contó que no podía atenderme porque debía asistir a una cita médica. Dada la curiosidad que me embargaba para contar esta historia, intenté un tercer día, para eso coloqué la alarma a las 4:35 a.m. para propiciar el encuentro con Rosa Amelia. Por fin coincidimos cuando llegué a las 5 y 25 de la mañana.
Se cambió de ropa y se puso un vestido estampado que dejaba entrever el luto por la muerte de Carlos Castellón, hace siete meses, con quien estuvo unida por el matrimonio durante 63 años y de cuya relación nacieron 11 hijos: Amelia, Álvaro, Rafael, Germán, Ana Mariela, Aminta, Carlos, Luis Eduardo, Esmeralda, Patricia y Sobeida Margarita. Tiene 36 nietos, 26 bisnietos y un tataranieto.
Ya entonada y risueña, nos sentamos en la sala de la casa, no sin antes partir dos bollos de mazorca que me brindó, lastima que en la tienda de al lado no había queso, pero se pudieron disfrutar sin acompañante. Sonriente me dijo que ella crió a su familia comercializando este producto que su esposo, quien era carnicero, le ayudaba todos los días al venderlos en el antiguo mercado publico.
“Mis pelaos siempre estaban obedientes para colaborar con la venta de bollos, ellos en una olla llevaban los encargos a los clientes. Yo no les pude dar estudios universitarios pero se formaron en valores, con sus propios esfuerzos accedieron a la educación superior y técnica. Y tienen sus hogares y siempre están pendientes de mí. Ahora en la casa viven conmigo Carlos y Álvaro, este último se levanta a las dos de la madrugada a preparar el fogón de leña y destusa el maíz; mientras que Carlos se dedica a la preparación y venta de fritos”, relata.
El secreto
Para conocer el secreto de los bollos de Rosa, su respuesta fue sencilla y casi que el mismo libreto que mi tía guardaba.
“Si quieres tener éxito en la vida hay que encomendarse a Dios y a la Virgen María, todos los días. Lo otro es hacerlo con amor, tal como cuando uno cocina para sus hijos, ese es el secreto, pues si le pones esos primeros ingredientes ya tienes mucho. En la práctica, escoger bien la mazorca que tenga el grano grande, saberlo cortar, agregarle sal y azúcar, apenas tengas eso debes amasar y batirlo a mano para lograr que la masa quede semilíquida, con eso se evita que la misma se torne ácida y se dañe, una vez hecho este paso lo viertes en la tusa, los envuelves con dos caparazones más, lo amarras con pita de fique y cocinas por 40 minutos, ahí está el bollo amarillito listo para comer, que mucha gente lo consume con queso o suero”, cuenta.
Rosa relata que entre las especialidades destacadas que prepara está el bollo relleno que, a solicitud del cliente, puede ser con queso duro, carne adobada al gusto (no molida) sino en trocitos, pollo o cerdo (sin hueso).
Arjona, Villanueva, San Estanislao de Kostka, Turbana y Santa Rosa de Lima son las localidades que mas bollo producen y que generalmente son comercializados en la calles de Cartagena.