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Mamey: la fruta turbaquera que Byron vuelve a poner sobre la mesa

En Turbaco, un emprendedor convirtió el mamey en mermeladas y helados para rescatar un fruto casi olvidado. Su iniciativa también impulsa la recuperación de la reserva de Mameyal.

Mamey: la fruta turbaquera que Byron vuelve a poner sobre la mesa

Byron Díaz Arellano vuelve a poner de moda el mamey. //Fotos: Cortesía.

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El mamey es una fruta caribeña cuyo nombre todavía provoca extrañeza. Basta con preguntar por él en Cartagena de Indias para comprobarlo.

Hay quienes saben con precisión qué es un zapote, un torombolo, un níspero o un caimito. Pero con el mamey puede que algunos se la piensen varias veces.

La fruta, cuyo nombre científico es Mammea americana, tiene una de sus reservas más importantes en Turbaco, popular municipio de Bolívar.

Los botánicos consideran que la especie es originaria de las Antillas, de las islas del Caribe, entre ellas Cuba. Los investigadores atribuyen a pueblos indígenas su llegada, especialmente los arawak, quienes dispersaron sus semillas entre las islas mucho antes de la llegada de los europeos.

La tradición oral de Turbaco sostiene que fueron los indígenas Yurbaco quienes sembraron el fruto en una huerta llamada Mameyal. Esa historia se transmite entre generaciones, pero no ha sido comprobada por historiadores o investigaciones arqueológicas.

Byron Díaz Arellano vuelve a poner de moda el mamey. //Fotos: Cortesía.
Byron Díaz Arellano vuelve a poner de moda el mamey. //Fotos: Cortesía.

La fruta turbaquera que Byron vuelve a poner sobre la mesa

El mamey puede describirse como una fruta redonda, de piel gruesa café, pulpa anaranjada dulce y una semilla grande. Al romper la cáscara libera su carnosidad, y al masticar te deja en la boca sus notas cítricas.

Fue precisamente ese fruto el que llamó la atención de Byron Díaz Arellano, un turbaquero de 35 años que decidió convertirlo en el centro de un emprendimiento que hoy transforma el mamey en mermeladas y helados. Su idea nació de la necesidad de encontrar turismo gastronómico en un pueblo sin hoteles consolidados por las limitaciones de la falta de agua.

El turbaquero se encontró con la huerta de Mameyal convertida en un basural. Una tierra de nadie, sin cercas, ni púas, ni vigilancia. A merced de los animales que por ahí merodeaban. Un lote frondoso donde cada quien entraba y cogía lo suyo.

Mameyal, Turbaco. //Fotos: Cortesía.
Mameyal, Turbaco. //Fotos: Cortesía.
Mameyal, Turbaco. //Fotos: Cortesía.
Mameyal, Turbaco. //Fotos: Cortesía.

Toda la belleza de una tierra fértil que alguna vez gozó del cuidado primitivo estaba pisoteada por un comportamiento destructivo; los visitantes se tomaban fotos y hacían paseos de olla promoviendo el lugar... pero dejando plástico a su paso, algunos vecinos lavaban motocicletas dentro de la cascada, y el fruto era apetecido solo en Semana Santa, cuando la gente se apuraba a inventar de cuanta variedad de dulces. Pero el resto del año el mamey se podría a sol y agua, diluyéndose como un caldo entre el suelo esponjoso.

“Empecé a investigar cuál era el fruto o alimento que identificaba al municipio y muchas personas me respondían que el mamey era su fruto autóctono. Entonces preguntaba qué se hacía con él y todos me decían que el dulce de mamey, pero solamente en Semana Santa. Ahí fue cuando pensé que sería bueno que el mamey pudiera consumirse durante todo el año y que también se comercializara como cualquier otra fruta que uno encuentra en un supermercado”, contó Byron a Facetas.

Si algo ha entendido con el tiempo, es que mamey es tan delicioso como lo que poco abunda. Recolectar el fruto requiere paciencia. Son árboles de aproximadamente 15 a 20 metros de altura y tarda aproximadamente 15 años en dar su primer fruto. Por esa razón, la cosecha no se realiza bajándolos con herramientas, o subiéndose, sino recorriendo los senderos del bosque. La forma de cosecharlo es caminando. Los que Byron escoge deben estar maduros, muchas veces están en el piso o dentro del arroyo.

“He notado que quienes más compran el helado son personas conscientes del cuidado del medio ambiente y que valoran los productos naturales, sin químicos ni conservantes. Curiosamente, quienes más valoran estos productos son los turistas nacionales y extranjeros que llegan a conocer el fruto por primera vez”, explica.

Byron Díaz Arellano vuelve a poner de moda el mamey. //Fotos: Cortesía.
Byron Díaz Arellano vuelve a poner de moda el mamey. //Fotos: Cortesía.

El emprendimiento de Byron hoy transforma el mamey en mermeladas y helados, mientras promueve la conservación de la reserva de Mameyal y el cuidado del medio ambiente.

“Cuando llegué y vi el estado del lugar, entendí que además de aprovechar el fruto quería hacer algo por ese espacio. Comencé a trabajar con la comunidad. Me habían advertido del lugar, ya que está estigmatizado. Pero con el tiempo me uní con los vecinos aledaños al sector y comenzamos a limpiar el lugar. Trabajábamos hombro a hombro. Con el apoyo de muchas personas hemos sembrado árboles, organizando campeonatos de fútbol para los niños, senderismo y hasta clases de yoga”.

Byron encontró en el mamey una oportunidad para emprender, pero también una razón para mirar de otra forma un lugar que muchos estaban ignorando. Tiene una visión para Mameyal: que algún día pueda convertirse en un parque ecoturístico. Dice que le gustaría desarrollar cabañas, un espacio para eventos y también una biblioteca o salón donde la comunidad pueda recibir clases de biología y educación ambiental.

“Hay una comunidad vulnerable alrededor de la reserva y creo que ese espacio también debe servir para formar futuros biólogos, ingenieros ambientales y personas que amen la naturaleza. Todo este proceso me ha enseñado a valorar mucho más el medio ambiente. Yo también fui de los que botaba basura en la calle e incluso alguna vez lavé una moto dentro del arroyo. Con el tiempo entendí que esas acciones no son correctas. Trabajar con la comunidad y con organizaciones ambientales me hizo comprender que el cuidado del entorno también depende de nosotros y no únicamente de las autoridades”.

Mameyal, Turbaco. //Fotos: Cortesía.
Mameyal, Turbaco. //Fotos: Cortesía.

Tres formas de disfrutar la mermelada de mamey

Aunque muchos la asocian únicamente con el pan o las galletas, Byron Díaz asegura que la mermelada de mamey también puede convertirse en un ingrediente versátil en la cocina. Estas son tres de las preparaciones que más recomienda:

Cerdo reducido con mermelada de mamey

Después de cocinar la carne, agrega la mermelada con un poco de agua y deja que se reduzca hasta obtener una salsa espesa que aporte un contraste entre lo dulce y lo salado.

Patacones como pasabocas

Sirve pequeños patacones y añade una porción de mermelada sobre cada uno. Según Byron, esta combinación resalta los sabores del Caribe y es una de las degustaciones que más ofrece a quienes prueban el producto por primera vez.

Pan tostado con queso

Unta la mermelada sobre una rebanada de pan tostado y complétala con el queso de tu preferencia. También puede acompañar sándwiches con huevo, una mezcla que, asegura, resulta sencilla y muy sabrosa.

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