Todo comenzó con una niña llamada Yolanda. Cuando Luis Darío Bernal Pinilla tenía apenas siete años, mucho antes de convertirse en el escritor que es hoy, observaba desde su ventana a una pequeña vecina que le aceleraba el corazón. Como no encontraba otra forma de expresar lo que sentía, le escribió un poema, sin imaginar que aquel gesto marcaría para siempre su camino.
“Ese poema tuvo efecto”, recuerda entre risas. Y agrega: “Ahí me di cuenta de que las cosas que uno tiene en la cabeza o en el corazón pueden hacerse realidad cuando se ponen sobre el papel”.
Aquel primer acto de amor, la carta de un pequeño de siete años, terminó convirtiéndose en el nacimiento de un escritor que ha recibido numerosos premios, ha sido protagonista de múltiples reconocimientos internacionales, es autor de casi 90 libros publicados y es admirado por millones de lectores que hoy conocen su obra.
Décadas después, Bernal mira hacia atrás y descubre un camino sembrado de palabras, poemas y cuentos que le han dado grandes satisfacciones. Ha publicado cerca de 90 libros en América Latina y España, ha obtenido más de 25 premios literarios y se ha consolidado como una voz importante en la literatura latinoamericana. Sin embargo, al hablar parece asomarse ese niño lleno de emoción y expectativa. No ha cambiado su amor por la escritura desde aquella nota con la que conquistó su primera sonrisa.
Entre todas sus obras, hay una que ocupa un lugar especial en su memoria: Catalino Bocachica. La novela, escrita hace casi medio siglo, ganó el Premio Latinoamericano de Novela para Niños y se convirtió en una de las historias infantiles más leídas del continente. Hoy, después de décadas acompañando a generaciones de lectores, se prepara para dar un nuevo salto: llegar a la pantalla grande.
En conversación con Facetas, el escritor revela que hubo un momento en el que pareció alejarse de su destino al decidir estudiar Derecho. Más tarde, dejó la comodidad del ejercicio profesional para recorrer escuelas, bibliotecas y auditorios, decidido a enfrentar un problema que le preocupaba incluso más que las leyes: la falta de lectores.
Cree firmemente que la lectura cambia vidas y que no hace falta más que un buen hábito lector para comprender, con mayor exactitud, el mundo en que vivimos. Desde que tomó la decisión de promover la lectura, ha dictado innumerables talleres para niños, jóvenes y docentes, convencido de que leer es una forma de libertad.
Los libros dan libertad. Cuando enamoras a un niño de la literatura ya lo salvaste, lo salvaste. La literatura es necesaria si quieres libertad”
Luis Darío Bernal
“Sin lectura no seremos libres”, afirma con la fuerza de quien ha dedicado una vida entera a defender esa idea.
Su filosofía es sencilla, pero poderosa. Cree que los libros ayudan a pensar, a cuestionar, a imaginar y a evitar que las personas sean manipuladas por la ignorancia. Por eso suele repetir una frase que resume su misión: “Un niño sin lectura es un pájaro con las alas recortadas”.
La metáfora no podría ser más precisa. Para Bernal, todos los niños nacen inteligentes, curiosos y llenos de imaginación. La lectura es el viento que les permite desplegar esas alas. Quizá por eso ha recibido el cariño de sus lectores. En su casa conserva millones de cartas enviadas por niños de distintos países. Dibujos, poemas, cuentos, pinturas y mensajes de agradecimiento llenan los espacios de su hogar como si fueran un museo construido con afecto.
“He recibido todo el amor del mundo”, confiesa.
A sus 76 años sigue escribiendo con la disciplina de quien entiende que la inspiración por sí sola no basta. Aunque reconoce el valor de los momentos mágicos que dan origen a una historia, asegura que el verdadero secreto está en el trabajo constante. Escribe durante largas horas de la madrugada, cuando el silencio le permite escuchar con claridad las voces de sus personajes.
Historia de Luis Darío Bernal Pinillo
Su imaginación, explica, comenzó a alimentarse desde la infancia. Nació prácticamente dentro de un teatro administrado por su padre y pasó sus primeros años rodeado de películas. Aquellas imágenes quedaron grabadas para siempre en su memoria y terminaron mezclándose con su sensibilidad, su capacidad de observación y su deseo de contar historias.
“Fui muy mirón y muy enamorado”, admite entre sonrisas.
Tal vez por eso sus libros recorren territorios tan diversos. Ha escrito cuentos, novelas, poesía, literatura infantil, relatos deportivos y textos de crítica social. Esa necesidad de explorar distintos caminos también lo ha llevado ahora a mirar hacia el cine.
Actualmente existen varios proyectos para adaptar algunas de sus obras a la pantalla, entre ellas Catalino Bocachica. Para él, este nuevo capítulo representa un homenaje a su padre y a aquellas salas oscuras donde nació su amor por las historias.
Aunque reconoce que literatura y cine son lenguajes distintos, los considera hermanos que comparten la misión de despertar la imaginación.
Habla del amor como una fuerza transformadora. Habla de la pasión como motor de la existencia. Habla de la literatura como una herramienta capaz de suavizar el alma en tiempos marcados por la violencia. Su mensaje final conserva la misma ternura con la que empezó esta conversación.
Invita a leer, a pensar, a construir una sociedad más justa y a no perder nunca la capacidad de amar. Porque, después de todo, la historia de Luis Darío Bernal comenzó con un poema escrito para una niña y hoy es la de un hombre que intenta recordarle al mundo que las palabras, cuando nacen del corazón, todavía pueden cambiar la vida de las personas.
