Los tesoros ecológicos que están en riesgo en Bolívar

22 de julio de 2019 12:00 AM

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San Pedro Consolado es un pequeño corregimiento del municipio de San Juan Nepomuceno, territorio que cuenta con cinco áreas protegidas por Parques Naturales Nacionales de Colombia (PNN) y cuatro reservorios que lo convierten en uno de los focos más grandes de la biodiversidad en la región.

Paradójicamente, esta comunidad con tan privilegiada ubicación ni siquiera cuenta con el mínimo de agua para vivir. Las sequías y la tala indiscriminada de árboles han puesto en riesgo todo este ecosistema que beneficia no solo a los habitantes de esta población, sino a todo el departamento de Bolívar.

Es tanta la preocupación al respecto que, incluso, el pasado 10 de julio, en una audiencia pública de la Asamblea Departamental, miembros de la veeduría “Despierta San Pedro” denunciaron una presunta apropiación ilegal de tierras en la reserva Las Trancas, un área de 3 hectáreas.

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Según Manuel Berrío Scaff, diputado que citó la audiencia, el lugar fue ocupado por terceros de forma ilícita, bajo el consentimiento del inspector de policía de la población, con quien además tendrían un vínculo familiar. “Ese predio fue talado, quemado, fumigado y hasta cercado con valla eléctrica”, denunció el diputado.

Berrío también alertó sobre otros casos en la alta montaña de El Carmen de Bolívar, más exactamente en los corregimientos de El Jobo y La Cansona, donde ya hay varias especies en vía de extinción y la diversidad biológica se ha deteriorado.

Ante ello, Ledys Ayola, representante de Cardique en la audiencia, manifestó que “hasta el momento solo se ha recibido una queja, que se encuentra en etapa de trámite sancionatorio. Necesitamos hablar con quienes nos van a suministrar las pruebas de las personas que están afectando el medio ambiente para tomar medidas al respecto”.

Ecosistemas en riesgo

Pero estos no son los únicos casos. Bolívar cuenta con más de tres mil hectáreas de reservas naturales con gran diversidad de flora y fauna, en ecosistemas tanto terrestres como marinos, que están siendo amenazados por factores como el arboricidio y el aprovechamiento ilícito de sus recursos naturales.

Para mejorar la situación, PNN declaró en el último año cuatro áreas protegidas más en el departamento, llegando así a 13 en todo Bolívar. El mayor número de reservas las tiene el municipio de San Juan Nepomuceno, con 5; seguido de Cartagena y Santa Catalina, con 2 cada uno; y los municipios de Arjona, San Jacinto del Cauca y Margarita, con una reserva natural cada uno.

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El propósito de esta calificación, según la entidad, es velar por la conservación del espacio geográfico de las zonas y priorizar su carácter natural, diseñando procesos estratégicos que permitan proteger su valor para el ecosistema.

Los tesoros ecológicos que están en riesgo en Bolívar

Actualmente, dada la gran fuente de biodiversidad que se encuentra a lo largo del departamento, PNN adelanta nuevas gestiones para la protección de otras zonas, entre las que se destaca la Serranía de San Lucas, una formación montañosa que atraviesa cerca de 10 municipios del norte de Bolívar y que está siendo perjudicada por prácticas extractivas. A su vez, de acuerdo con De La Rosa, se está avanzando con la declaratoria de las reservas municipales de Perico y Laguna, cercanas a San Juan Nepomuceno.

Las primeras áreas protegidas

Las primeras áreas protegidas en el departamento fueron declaradas hace más de 40 años: el Santuario de Flora y Fauna Los Colorados y el Parque Nacional Corales del Rosario y de San Bernardo.

El primero, en inmediaciones de los Montes de María, se caracteriza por ser el hogar del mono aullador colorado y por poseer una gran extensión de bosque seco tropical en la que habitan numerosas especies de aves, primates y mamíferos.

Según Nelson De La Rosa, jefe encargado de esta reserva natural, los principales ejes de conservación del santuario están basados en el ecoturismo, el monitoreo de investigación y la vigilancia, que buscan conectar al área protegida con otras poblaciones que se puedan beneficiar de su riqueza.

“Con los campesinos de estas veredas se adelantan ejercicios de conservación de parches de bosques, se aíslan fuentes hídricas para su conservación, se siembran especies nativas, se adelantan procesos de producción sostenible y se fortalece el conocimiento técnico y ancestral de estas comunidades”, puntualizó De La Rosa.

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Los Corales del Rosario y de San Bernardo, por otro lado, es una reserva en la isla de Barú, la cual ostenta la riqueza submarina más importante de la región y cuenta con abundantes arrecifes coralinos y especies subacuáticas.

Estos dos parques están abiertos al público permanentemente. Caso contrario sucede con el Santuario de Flora y Fauna El Corchal, el cual permanece cerrado a la población por la sensibilidad de su ecosistema, caracterizado por la presencia del bosque manglar, que produce importantes recursos hidrobiológicos para la comunidad.

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