Para el médico veterinario Edinson Fuentes Díaz salvar a la vaca lechera de su hato se había convertido en una verdadera obsesión.
Era sin duda alguna una de las vacas que mayor producción de leche tenía en su hato de Nueva Lucía, zona rural del municipio de Montería. Sin embargo, cada día su salud era más precaria.
Le apostó a todos los tratamientos que su experiencia en el mundo de la veterinaria le había dado pero ninguno surtió efecto. Cada día la vaca perdía peso, disminuyó considerablemente la producción de leche, no toleraba ningún medicamento y llegó el final menos esperado: la vaca murió.
El médico le había apostado a varias posibilidades pero nunca atinó a saber cuáles eran las verdaderas causas de la muerte de su más preciado animal.Las dudas que lo asaltaron lo obligaron a hacerle la necropsia al animal, pues consideraba que era una patología muy extraña.
Su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que en los cuatro estómagos de la vaca había 2.120 frutas o pepas de mango.
El animal las había consumido como suele suceder en todos los hatos ganaderos de Córdoba, durante la temporada de cosecha.
Es tanto el mando que cae en los potreros que las vacas lo consumen en cantidades alarmantes. Se los tragan enteros, con cáscara y fruta incluida.Nunca se había tenido referente en Córdoba que eso fuera malo. Sin embargo, para la vaca del veterinario cordobés se convirtió en todo un problema porque jamás pudo expulsar las frutas. Todas quedaron en su estómago hasta que finalmente le causaron la muerte.
“La vaca tenía 2.120 pepas de mango en los cuatro estómagos y todos quedamos admirados con eso. Se los comió en la pasada cosecha y jamás los expulsó”, explicó el veterinario señalando que el caso aún le causa asombro.
