Salud

Día de la Enfermera: gracias, ahora más que siempre

En el Día Internacional de la Enfermera, resaltamos la labor de quienes van al frente de esta batalla contra el coronavirus y relatamos las historias de algunas.

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LAURA ANAYA GARRIDO
12 MAY 2020 - 06:59 AM

Dos enfermeras del CAP de Nuevo Bosque: Edilsa Arellano y Eneyda Larios.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

El requisito esencial para ser una buena enfermera, dice María Alejandra Espitia Negrete, es tener un corazón repleto de amor por el oficio y de ganas de servir. Doña Fredeslinda Villalobos Cervantes coincide con María Alejandra, solo que agregaría una cosa: responsabilidad. Según ellas, esos son tres pilares de la enfermería que ni siquiera el coronavirus con su incertidumbre ha podido cambiar, por lo menos no en ellas y hay que ver que estas mujeres saben de lo que hablan porque ejercen la profesión hace años. Hoy, en el Día Internacional de la Enfermera, las felicitamos a ellas y a todas sus colegas que siguen tan comprometidas con salvar vidas aun en medio de la crisis global.

Fredeslinda Villalobos.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

Vocación para servir

Fredeslinda tiene 52 años y juró que salvaría todas las vidas que pudiera hace 25 años, cuando se graduó como enfermera. No se ha arrepentido ni un solo día de su oficio porque supo que se convertiría en una guardiana de la salud desde que era una niña. “Siempre, desde chiquita, me gustó ayudar a las personas, servirles. Yo sé que cuando alguien tiende la mano es porque necesita ayuda y a mí me llena poder ayudar”, me dice a través del teléfono.

Ella trabaja en la Maternidad Rafael Calvo, más específicamente en el área de Patología del embarazo y desde allí ha atendido a futuras mamitas que padecen COVID-19. “Desde el primer día hemos tenido que atender pacientes sospechosas o confirmadas de COVID-19, y pienso que lo más importante es que tenemos nuestros elementos de protección. A ellas, obviamente, se les atiende como a todos los otros pacientes, porque al final son seres humanos que necesitan ayuda. En principio, porque todos somos personas y a veces sentimos miedo, da cierto susto, pero todo eso se pasa y seguimos trabajando con todos nuestros elementos de protección”, y remata: “Nosotros juramos salvar vidas, y eso es lo que yo intento hacer siempre”. Y recuerda que ellas, como cualquier otro trabajador de la salud, están siempre expuestas a virus y bacterias, así que eso de cuidarse y ser precavidas o estrictas con las medidas de higiene es algo inherente a la carrera.

Para Fredeslinda, lo más difícil de su profesión es cuando las circunstancias sobrepasan su labor como enfermera: “Cuando, por ejemplo, tienes un paciente terminal de cáncer y tú haces todo lo que está en tus manos por salvarlo o por ayudarlo, pero al final se va... Eso es muy frustrante para cualquiera”.

¿Y lo más gratificante? “Ver que un paciente tuyo camina, anda, vuelve a estar sano, eso y que te digan ‘gracias’, es lo más bonito del mundo, no tiene comparación”, asegura.

María Alejandra coincide con Fredeslnda en esto último: hay pocas cosas más gratificantes en esta vida que escuchar a un paciente darte las gracias y ver cariño genuino que desde su profesión le pueden inspirar incluso a desconocidos.

María Alejandra Espitia Negrete.//Foto: Cortesía.

Seguimos adelante

Para María Alejandra, sin embargo, sí han cambiado algunas cosas por la pandemia. Ahora, al salir con su uniforme blanco a la calle, suele sentir cierta resistencia de algunas personas. De algunos que miran al personal de la salud como si fuesen focos de infección andantes.

“Por lo demás, seguimos protegiéndonos, ahora más que antes con los equipos que nos entregan en la clínica”. Esa clínica a la que se refiere María Alejandra es la Madre Bernarda, allí labora como enfermera de Urgencias. “He atendido a pacientes sospechosos y pacientes confirmados de COVID-19 y no es que sea más difícil nuestra labor en medio de la pandemia, es difícil porque en la calle la gente nos ve mal, pero no tengo temor por mí. Siempre voy agarrada de la mano de Dios y por eso no temo, y trabajo todos los días con amor y paciencia”, cuenta y recuerda que sus dos hijos, de 10 y 3 años, están desde hace casi dos meses -cuando empezó la pandemia en Colombia- en su pueblo, Momil (Córdoba), los mandó para allá para regresar a casa tranquila por la certeza de no contagiarlos si ella misma o su esposo José Carlos Moreno -que es vigilante en un hospital- resultaran infectados con el nuevo virus. “Ellos me dicen que les haga falta y ellos también me hacen falta, no te imaginas cuánto, pero estoy tranquila porque sé que ellos están bien y que están seguros”, afirma.

María lleva doce años como enfermera y supo que este sería su camino de vida desde que era niña. Nunca se ha arrepentido de cambiar la contaduría pública por la enfermería y siempre llevará con orgullo su uniforme blanco, porque aunque algunos se atrevan a discriminar, su amor por el servicio trascenderá siempre cualquier mal gesto. Y cualquier pandemia.

Jesica Torrenegra Castilla.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

Volvería a elegir esta profesión

Jesica Torrenegra Castilla tiene 32 años y los últimos diez ha sido enfermera. Como jefe de Urgencias de la Maternidad Rafael Calvo, se ha dado cuenta de varios cambios que le ha traído el COVID-19 a los trabajadores de la salud: el primero es negativo, la discriminación que los obliga muchas veces a salir sin su uniforme de la clínica; el segundo es positivo: “Esta crisis ha servido para que nos valoren más a todos los trabajadores de la salud, para que nos den las garantías laborales, desde el año pasado estábamos tocando puertas para que nos pagaran y poder cumplir con nuestras obligaciones y nada que se abrían, con esta emergencia nos pagaron algunas cosas”, asegura.

Lo más duro de todo este tiempo ha sido separarse de su niña, de 6 años, pues tuvo que mandarla para donde su papá: no quisiera contagiarla.

Muy a pesar de la incertidumbre, Jesica sigue eligiendo ayudarles a los demás en los peores momentos a los demás, a las mamás y a sus bebés. Seguirá viviendo para servir... “Volvería a escoger esta profesión mil veces”, concluye.

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