Hace unos días, haciendo fila en el supermercado, una familia llamó la atención de todos los que estábamos mercando, teniendo en cuenta el colapso de las Unidades de Cuidados Intensivos, en medio de la Pandemia.
Los cuatro integrantes de esta familia eran obesos: padre, madre, incluyendo a los dos menores, de unos 12 y 7 años. Antes de entrar a señalar o decir por qué estoy escribiendo acerca de algo que no me debe importar, tengo que anotar que la vista de todos los presentes se centró en su carrito de compra (es sabido que la obesidad puede presentarse por desórdenes tiroideos, por ejemplo y tiene componentes genéticos). Había gaseosas, papas fritas, galletas, dulces de todos los sabores y colores... y debo decir que esta imagen de la familia se me quedó en la cabeza.
La obesidad va mucho más allá de cánones de belleza. Estos problemas afectan múltiples aspectos como la autoestima y producen enfermedades que desembocan en una mala calidad de vida y muertes prematuras. Cáncer, presión arterial alta o hipertensión, niveles altos de colesterol y triglicéridos en sangre, accidentes cerebrovasculares, artrosis, apnea del sueño y, en mujeres, problemas ginecológicos relacionados con menstruación anómala y hasta infertilidad, son algunos de los efectos.
Ni qué decir de los estudios que señalan que los pacientes menores de 60 años con obesidad tienen dos veces mayor riesgo de ser hospitalizados por Covid-19 y requieren de un tratamiento más complejo para combatir esta enfermedad.
“La obesidad es la consecuencia de la falta de legislación y de un ambiente en el que hay una saturación de productos procesados, refrescos, gaseosas, jugos, cereales, galletas y embutidos que nos venden como ‘saludables’ pero que realmente, son todo lo contrario”, explica el Deportólogo Alejandro Sarmiento.
Pero, ¿qué hay detrás de esas personas que simplemente pensamos que no se preocupan por su salud?
Un excelente estudio, publicado en la Revista Colombiana de Psiquiatría, detalla que hay una característica en las personas obesas y es la “dificultad para identificar y expresar las propias emociones, lo cual hace que recurran a comer en exceso como una estrategia maladaptativa para ‘manejarlas’”.
En cuanto a los niños, “no sólo se hereda la predisposición a la adiposidad y la distribución de la grasa corporal; estudios de genética de la conducta indican que factores como la preferencia por las grasas, la elección del intervalo entre comidas, el grado de compensación calórica en respuesta a la restricción de alimentos y aún la inclinación por la actividad física, tienen componentes genéticos”.
Ante esto, hay expertos que creen que la clave está en el equilibrio mental.
“El equilibrio mental ayuda a evitar detonantes que hacen que el paciente vea la comida como placer en lugar de una necesidad fisiológica”, explica el experto Jorge Iván Palacio Uribe, coordinador del Laboratorio de Movimiento del Centro de Obesidad de metabolismo y Deporte, Clínica de las Américas.
Palacio, entonces, aconseja practicar meditación, yoga o taichí para mantener la mente en calma ante una situación que para algunas personas puede generar estrés o ansiedad.
El experto opina que en medio de la pandemia, no es momento de señalar, pero sí que es momento de cultivar mayor fuerza de voluntad, en todos los aspectos de nuestra vida.
