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Salud

9 posibles razones por las que el COVID-19 no ha sido peor en la Costa

La ciudad ha podido gestionar las dos olas de la pandemia del nuevo coronavirus y espera la llegada de las vacunas para inmunizar a su población.

9 posibles razones por las que el COVID-19 no ha sido peor en la Costa

En Cartagena, hasta este miércoles, el Instituto Nacional de Salud había reportado 54.279 contagiados y 949 fallecidos.//Foto: Ricardo Maldonado - Efe.

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Por: Óscar Josue Lindo Sierra*

En Cartagena ha habido dos olas de contagios de SARS-Cov2 y estas se han podido controlar gracias a las intervenciones oportunas implementadas por el Gobierno nacional y distrital.

En la primera ola de la pandemia, las acciones tomadas precozmente fueron suficientes para contener la enfermedad: el cierre de aeropuertos para los vuelos nacionales e internacionales, las restricciones a la circulación terrestre, el confinamiento obligatorio decretado por el gobierno en el marco de la emergencia sanitaria, la expansión hospitalaria y la reconversión de camas fueron medidas que permitieron aplanar la curva de contagio y evitar el colapso del sistema sanitario. (Le puede interesar: Cartagena suma 187 nuevos casos de coronavirus)

Con un balance de 203 personas fallecidas en la cresta de la ola y un número aproximado de 300 casos positivos promedio por día a finales del mes de junio y principios de julio, comenzamos lentamente el descenso en la curva de contagios; durante los meses de agosto, septiembre y octubre se observó una curva con tendencia estacionaria, que dibuja una línea horizontal con aspecto de serrucho o dentada por los ligeros incrementos y descensos de los casos diagnosticados diariamente, los cuales fluctuaban de 20 a 40 por día para ir de manera progresiva pero sostenida aumentado a 60 y 80 positivos por día, este incremento progresivo de casos identificó fácilmente un segundo rebrote del COVID-19 en la ciudad.

Segunda ola

Esta segunda ola de la pandemia, como era de esperarse, llegó con la apertura de la economía: la reactivación del comercio, la apertura de los aeropuertos, los vuelos nacionales e internacionales, el turismo en general, las festividades de Fin de Año, etc.

Aun cuando se han mantenido de manera general las medidas de bioseguridad, la enfermedad siguió su curso y, en noviembre, hubo un incremento en los casos detectados diariamente, los que, al compararlos con los notificados en la primera ola de contagios, duplican en número las personas infectadas. Hubo un promedio de 500 casos por día a finales de diciembre y, manteniendo la misma dinámica de 300 casos promedio por día hasta la fecha, pero curiosamente sin que mortalidad y la letalidad se hubieren incrementado de manera exagerada. Esta última se ha mantenido en 1,7 - 1,9%, es decir, tal parece que el virus puede transmitirse con mayor facilidad, pero con una capacidad menor para desarrollar casos graves de la enfermedad, particularmente en Cartagena y las otras ciudades de la Costa norte de nuestro país, incluyendo los municipios del Caribe colombiano.

En cuanto a la mortalidad expresada en números absolutos, hubo 203 y 163 personas fallecidas durante los meses de junio y diciembre de 2020, respectivamente, en los picos máximos de cada ola. (Lea también: Así va la organización para vacunar contra el COVID-19 en Colombia)

¿Más benévolo?

Algunas hipótesis que pudiéramos pensar para explicar las razones por las que en la Costa la enfermedad ha tenido un comportamiento benigno son, entre otras:

1. Las condiciones climáticas. El virus se propaga menos en climas cálidos. ¿El clima y las estaciones podrían tener un impacto en la propagación viral?

2. Socioculturalmente y por las condiciones climáticas, las personas habitantes de la Costa comparten al exterior de sus viviendas.

3. La radiación ultravioleta pudiera tener un efecto deletéreo en el virus, disminuyendo su tiempo de vida en las superficies.

4. En general, existe una baja movilidad de las personas entre las ciudades y los municipios del departamento, excepto los cercanos: Turbaco, Arjona, Santa Rosa, Soplaviento, etc., donde podemos encontrar una tasa de incidencia mayor que en los rivereños del centro y sur del departamento.

5. La densidad poblacional en el territorio es un factor facilitante de la transmisión.

6. Pudiéramos mirar también la pirámide poblacional en cuanto a la distribución por grupos edad, recordemos que la mortalidad se concentra, particularmente, en el grupo de mayores de 60 años.

7. Se deberá investigar si el componente genético tiene algún rol en la resistencia y la respuesta inmunológica de esta enfermedad. En efecto, el ADN heredado de los neandertales pudiera ser un factor protector de ciertas enfermedades.

8. La seropositividad de la población puede también ser un factor determinante en la propagación.

9. Finalmente, debemos destacar el trabajo realizado por el Dadis, las EAPB y por la red de prestadores para darle cumplimiento a las recomendaciones y lineamientos impartidos por el Minsalud y el INS.

*Médico epidemiólogo, director operativo Salud Pública en el Departamento Administrativo Distrital de Salud (Dadis).

A seguir cuidándonos

El libro está abierto y falta mucho por investigar para entender mejor esta nueva enfermedad.

Es un hecho real que el virus sigue circulando libremente, lo cual permite una mejor adaptación en la transmisión interhumana, mutando y provocando cambios en su presentación clínica, que, aparentemente y por fortuna, no incrementa su capacidad para provocar enfermedad grave, pero sí su velocidad de transmisión. Vemos un mayor número de casos, pero una menor mortalidad comparativamente. Con la llegada de la vacuna la situación va, efectivamente a mejorar. La invitación es a seguir con las medidas de bioseguridad por todos conocidas: lavado de manos, uso de tapabocas, distanciamiento social hasta lograr inmunizar natural o artificialmente el 70% de la población.

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