Las pataletas son una forma de lenguaje que utilizan los niños para demostrar su sentimiento de frustración frente a algunas situaciones. Se trata de la manera en que logran expresar la inconformidad o incomodidad que no pueden comunicar de otra manera. Este es un proceso completamente normal en el desarrollo, por lo que los padres pueden estar tranquilos, pues entre los 18 meses y los 4 años son frecuentes y esperables.
Se espera que, a medida que crecen y maduran, los niños dejen de recurrir a las pataletas debido a que van aprendiendo nuevas formas de expresar sus sentimientos. A continuación, el doctor Darío Botero, pediatra adscrito a Colsanitas, menciona tres claves para entenderlas y controlarlas:
Un niño no es un adulto en miniatura
Los niños que hacen pataletas no tienen intenciones de generar problemas o hacerle daño a quienes están a su alrededor. Por ello, los adultos que se encuentran con ellos son quienes deben entenderlos, ayudarlos a comprender el mundo con calma y acompañar a los menores a calmarse. En estos casos, una de las herramientas que puede funcionar es “el abrazo de oso”. Se debe alejar al pequeño de las personas o la situación que ocasionó su pataleta, agacharse a la altura del niño y abrazarlo fuerte y cariñosamente.
Enseñarlos a regular la frustración
Encontrar formas de expresar las emociones y regularlas es un proceso que se da a medida que los niños crecen y, por ello, los adultos deben estar al lado de los pequeños para brindarles acompañamiento:
- Afectuoso: entendiendo que el niño está en un proceso de desarrollo.
- Respetuoso: interiorizando que el niño no busca hacer daño con las pataletas.
- Firme: estableciendo normas claras que sean respetadas por quienes componen el núcleo del menor.
El ejemplo es fundamental
Los niños deben tener límites claramente establecidos por los adultos que están a su alrededor, sin importar quién esté a su cuidado. Esos límites deben regir la relación con todos los mayores (padres, abuelos, tutores y cuidadores). Asimismo, se debe educar a través del ejemplo. Si la regla es no mirar televisión durante la cena, los adultos deben acatar esta regla y evitar el uso de dispositivos electrónicos.
Asimismo, es importante tener en cuenta que los castigos físicos, como golpes o nalgadas, mandan mensajes incorrectos en la crianza, pues lo que se le está transmitiendo a los más pequeños es que las agresiones son herramientas para controlar las emociones o que son formas adecuadas de relacionarse con quienes están a su alrededor. El doctor Botero menciona que utilizar una palmada o un golpe para intentar calmar a un niño es una señal de que se ha perdido el control de la situación y, en este sentido, el ejemplo y los límites claros son más efectivos.
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