Han pasado varios días luego de que la muerte de Drayke Hardman conmocionara a la comunidad cibernética. Razón por la que se han creado espacios de diálogo acerca de este tema en redes sociales y se evidencia cómo algunas personas normalizan este tipo de situaciones que afectan no solo a los involucrados principales, sino también a las personas que hacen parte de su círculo cercano. Lea aquí: Drayke Hardman, el niño que falleció en Utah a causa del bullying
Es por esta razón que las profesionales en salud mental Beatriz Morales y Tania Morales explican otros aspectos del bullying. En una entrevista para El Universal, dieron a conocer algunos puntos de algo que muy poco se habla: ¿qué hacer si su hijo es el “victimario”?
Para brindar las herramientas que el niño necesita, primero debe ponerse en su lugar.
“Podría recordar cómo fue su etapa escolar y contarle anécdotas de lo que vivió cuando era estudiante, de esta manera, podrán conectarse y se creará un mejor entorno”, afirman las especialistas.
Hay algo que los adultos deben entender y es que los niños aprenden de ellos; se convierten en su ejemplo principal. Los comportamientos que aprenden de sus padres, los replican con otras personas y en diferentes entornos, por lo que se les debe educar desde el respeto y la verdadera inclusión, por ejemplo, enseñarles que las diferencias no representan algo negativo en las personas, sino que los hace especiales, explica Beatriz Morales, psicóloga clínica.
Además, los niños que ejercen el bullying también requieren de atención y apoyo emocional por parte de los adultos responsables. Lea además: Cuidado con el ciberbullying, un peligro en casa
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A mirar los conflictos
Para que exista una víctima primero tiene que haber un agresor. Muchos de estos niños y adolescentes pueden tener conflictos en su entorno familiar y, de ser así, el menor debe recibir ayuda por parte de un profesional, pues puede llegar a tener comportamientos agresivos con sus compañeros de clase como un mecanismo de defensa y así evitar ser la víctima en otro contexto o busca llenar un vacío emocional, aseguran las expertas. Teniendo en cuenta que estas actitudes tienen una explicación, Beatriz y Tania nos cuentan cuáles son las necesidades del niño agresor:
¿Qué puedo hacer?
Aceptar de manera objetiva y respetuosa lo que el profesor, psicólogo, padre de familia o directivos del colegio me están informando. Tomar una actitud defensiva no ayuda a ninguna de las partes.
Lo mejor es escuchar y reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Aceptar que los niños y adolescentes cometen errores y los adultos, como padres, también.
Buscar a su hijo y escucharlo. Darle la oportunidad de que se exprese. No regañarlo, juzgarlo, ni hacer señalamientos, pues eso va a hacer que ponga una barrera y no hable. Recuerden que estos pequeños hacen daño a otros porque no se sienten bien y en muchas ocasiones lo hacen sin saber las consecuencias de sus actos. Es responsabilidad de los padres y docentes guiarlos a la hora de enseñarles el respeto y la empatía.
Escuchar a su hijo cuando es el agresor no significa ser permisivo. Tampoco se debe celebrar lo que hizo ni apoyarlo. Hay que hacerle entender que lo que ha hecho no es lo correcto y buscar el por qué de sus acciones.
Buscar ayuda profesional inmediatamente. Agendar cita con un psicólogo especialista en el área. Padres y profesores deben seguir el protocolo establecido en los colegios frente a esta problemática. Lea aquí: Tras muerte de niño por bullying, esto deben saber los cartageneros
Usted, como padre y profesor, es su ejemplo. El niño imitará tu comportamiento, por eso es tan importante siempre actuar y comunicarnos de manera asertiva, con respeto y desde el amor. Dejar las críticas, las burlas y los comentarios que no aportan. Beatriz y Tania les piden a los padres ser curiosos, que investiguen si hay algún protocolo establecido en las instituciones educativas en caso de que se presenten estas situaciones. De no haber, deben exigir, pues más importante que la matemática, la ciencia y el inglés, es la salud mental y emocional de sus hijos. La clase de inteligencia emocional es algo que todo colegio debería tener. Esta debe ser dictada por un profesional experto en el área.
Cuatro necesidades del agresor
1. Protagonismo: el agresor suele tener la necesidad de ser visto, de ser aceptado por las personas de su alrededor y de que le presten atención todo el tiempo.
2. Sentirse superior: los “victimarios” suelen sentir un enorme deseo de ser más fuertes y poderosos que los demás.
3. Ser diferente: los agresores suelen crear una reputación y una identidad particular en el grupo de iguales que les rodea; pretenden ser diferentes y rechazan todo aquello que no es igual o similar a la imagen que han creado.
4. Llenar un vacío emocional: los agresores no son capaces de emocionarse o reaccionar con afecto ante los estímulos diarios; por el contrario, persiguen constantemente nuevas vivencias y sensaciones que muchas veces logran únicamente cuando crean su propio “espectáculo”.
Según las profesionales en el área de la salud, muchos niños y adolescentes que son agresores en algún punto de su vida han sido víctimas. Estos menores quizás están atravesando una situación difícil; sus padres se están divorciando, tienen problemas académicos, son víctimas de algún tipo de violencia o son espectadores de ella en sus casas. Además, “en muchos casos los niños que llegan a consulta han sido víctimas de bullying en el pasado y al no recibir ayuda, cambian de papel a victimarios”.
Son niños heridos que necesitan sanar, necesitan ayuda terapéutica y amor. “Solo así podremos cambiar su manera de actuar y enseñarles que hay otros caminos. Lo más importante es el ejemplo que les den los adultos”, explican las psicólogas.