Las investigaciones de Katalin Karikó y Drew Weissmann, que hoy les han valido el Premio Nobel de Medicina 2023, permitieron crear la tecnología del ARN mensajero (ARNm) que fue crucial para desarrollar una de las primeras vacunas contra el COVID-19 y en tiempo récord.
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Sus hallazgos abrieron la vía a unas vacunas, que “han salvado millones de vidas y han prevenido enfermedades graves en muchas más”, destacó la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolomo.
Karikó y Weismann, catedráticos de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), descubrieron cómo modificar las moléculas de ARN para usarlas como agente terapéutico sin que el sistema inmune humano las destruyera.
El ARN mensajero (ARNm) o ácido ribonucleico mensajero es un tipo de molécula que transporta la información genética necesaria de una parte de la célula a otra para fabricar las proteínas que nos permiten respirar, comer, pensar... en definitiva: vivir. Lea: La OMS muestra preocupación por el COVID-19: esta es la razón
Su misión es trasmitir el código genético desde el ADN (en el núcleo de una célula) hasta los ribosomas, que están fuera del número y son los encargados de hacer las proteínas.
Transmiten el mensaje en tres pasos: primero, por un proceso conocido como “transcripción”, hacen una copia de una secuencia de ADN para desarrollar una proteína; esta copia, conocida como ARNm, se desplaza desde el núcleo de la célula hasta los ribosomas, que se ocupan de traducir las instrucciones del ARNm y sintetizar la proteína.
A diferencia del ADN, que puede sobrevivir días, el ARN solo vive durante horas, es una molécula frágil que cumple su misión y se desintegra; de ahí que las vacunas de ARN hayan necesitado temperaturas muy frías para mantener estable esta molécula durante mucho tiempo. Lea: El alcance del COVID persistente podría estar sobredimensionado
El modo en el que funcionan el ARNm en la vacuna frente a la COVID-19 es el siguiente: tras la inyección, las partículas de la vacuna chocan con las células y se fusionan con ellas, liberando ARNm con información de la proteína del coronavirus.
Una vez cumplida su misión, el ARNm de la vacuna acaba siendo destruido por la célula, sin dejar rastro permanente, aunque “la información” ya ha quedado en el cuerpo para que las células inmunitarias puedan usarla frente al virus.
La gran ventaja de las vacunas con ARNm es la rapidez con la que se pueden desarrollar: Moderna tardó apenas 42 días en lograr un ARNm para su vacuna desde que China publicó la secuencia genética completa del SARS-CoV-2, frente a los diez años que tarda en desarrollarse una vacuna convencional. Lea: La OMS recomienda a grupos de riesgo vacunarse contra el COVID-19
Los científicos coinciden en que tras las vacunas contra la COVID-19 basadas en ARNm, hay esperanzas de que esta técnica pueda aplicarse a otras infecciones virales, el cáncer u otras muchas enfermedades.
Un buen número de científicos cree que, además de transportar la vida, esta molécula en sí, fue el origen de la vida en la Tierra hace más de tres mil millones de años.
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo hoy que los descubrimientos realizados por los dos científicos que fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina fueron los que hicieron posible una lucha efectiva contra la COVID-19.
“Su dedicación a la ciencia ayudo a salvar vidas”, recalcó Tedros, quien lideró la OMS a lo largo de toda la pandemia.