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Salud

Quejarse afecta el cerebro: descubre cómo evitar este hábito dañino

Quejarse es natural en el ser humano y se convierte en un desahogo terapéutico ante los afanes del día a día, pero ¿qué pasa cuando es un hábito?

Quejarse afecta el cerebro: descubre cómo evitar este hábito dañino

El cerebro humano está diseñado para identificar amenazas y problemas, su mecanismo protector. //Foto: 123RF.

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¿Qué sucedería si los líderes del mundo fueran personas quejumbrosas, incapaces de ofrecer comentarios positivos o soluciones constructivas?, ¿En su entorno personal o laboral hay quienes responden a los saludos con frases como: “Ahí vamos”, “En la lucha” o “Esto es duro”?

La vida está marcada de personas con el hábito de la queja sistemática, diferentes a quienes tienen la queja como una herramienta rutinaria, inofensiva y hasta terapéutica, un desahogo emocional ante la cotidianidad, porque ¿quién se siente a gusto con el tráfico, el clima, las dinámicas del trabajo o las dificultades económicas?

La queja es intrínseca en el ser humano y es considerada por expertos de la salud mental como un mecanismo para afrontar lo que se está viviendo, liberar tensión o buscar validación de la opinión o percepción. Es una función adaptativa. Estudios demostraron que el ‘lamento crónico’ genera desgaste emocional y fisiológico tanto a los quejumbrosos como a quienes los escuchan. La queja es un hábito que nace desde la insatisfacción, frustración o malestar por acontecimientos percibidos desde la negatividad y no discrimina en contexto social, familiar y laboral.

El acto de lamentarse puede provocar cambios estructurales en el cerebro que, a su vez, generan problemas en la resolución de problemas y la función cognitiva”.

 María J. García-Rubio.

María J. García-Rubio, profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia y codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social, establece que la queja sistemática ha empeorado con el uso de las redes sociales como medio de expresión ilimitado. Aunque es un tema en investigación, y requiere más estudios, la neurociencia establece las consecuencias de la queja, dado que el cerebro humano está diseñado para identificar amenazas y problemas, su mecanismo protector, por lo que es más fácil concentrarse en el aspecto negativo de la vida.

El cerebro humano está diseñado para identificar amenazas y problemas, su mecanismo protector. //Foto: 123RF.
El cerebro humano está diseñado para identificar amenazas y problemas, su mecanismo protector. //Foto: 123RF.

“El cerebro tiende a fijarse en lo negativo porque le permitía enfrentarse a un peligro real hace miles de años y aumentaba las opciones de supervivencia. Este efecto, denominado sesgo de negatividad, puede volverse contraproducente en el entorno moderno, ya que focalizarse en lo malo de manera continua puede alterar la forma en que las personas ven el mundo y promover así nuevas interacciones como las que se basan en la queja. Algunos estudios señalan que el acto de lamentarse puede provocar cambios estructurales en el cerebro que, a su vez, generan problemas en la resolución de problemas y la función cognitiva”, establece la experta en su artículo ‘Psicología de la queja: el desgaste mental y emocional de lamentarse por todo en todas partes’ publicado en ‘The Conversation’.

Una persona quejumbrosa desgasta sus funciones de resolución de problemas, toma de decisiones o planificación, generando mayor frustración. Además, este accionar desencadena “pensamientos intrusivos, rumiaciones, baja autoestima, cansancio y fatiga mental. Por ello, los individuos que no paran de lamentarse por todo suelen ser pesimistas y menos resilientes frente a las adversidades. Sin duda, ser consciente del hábito de quejarse sin descanso e intentar cambiarlo es esencial para mejorar la calidad de vida. Es un objetivo que forma parte del crecimiento personal de cada individuo y que se puede reforzar con el apoyo de la terapia psicológica”, puntualiza la experta.

Estrategias:

  • Practicar la gratitud.
  • Buscar soluciones.
  • Prestar atención a nuestras palabras.
  • Establecer límites con los demás.
  • Buscar ayuda de expertos.
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