Salud


Interpretación de Lengua de Señas Colombiana ya es una profesión

Hasta la fecha, nuestro país solo cuenta con cerca de 400 intérpretes en lengua de señas.

REDACCIÓN SALUD

09 de junio de 2020 07:35 PM

De acuerdo con el Instituto Nacional para Sordos (INSOR), Colombia tiene cerca de 553.000 personas sordas en su territorio, de las cuales cerca de la mitad utiliza la Lengua de Señas Colombiana como primera lengua. En contraste con esto el país solo cuenta con cerca de 400 intérpretes en lengua de señas.

Por ello, la Universidad El Bosque diseñó un programa virtual para formar intérpretes profesionales de la Lengua de Señas Colombiana con el apoyo del Ministerio de Educación. “Las personas sordas tienen los mismos derechos que todos los colombianos, sin embargo, en el país solo existía un programa de formación de intérpretes a nivel tecnológico. Recibir una formación profesional permite que el intérprete realice una lectura crítica de la sociedad, de la comunidad sorda, y de los entramados culturales que solo un proceso académico profesional puede brindar”, menciona Edson David Rodríguez Uribe, director del programa Intérprete Profesional de la Lengua de Señas Colombiana.

Los interesados en este programa no deben contar con conocimientos previos, pero si los tienen serán evaluados para homologar. La enseñanza será 80 % virtual y 20 % presencial, gracias a esto se pueden inscribir estudiantes de diferentes lugares del país e incluso fuera de Colombia.

“La pandemia que vivimos hace aún más evidentes las necesidades de comunicación eficaz y transparente. La población sorda cuenta con canales comunicativos limitados y no especializados por lo que es fundamental contar con intérpretes que estén en capacidad de participar de mediaciones comunicativas asertivas que le aseguren a la población sorda, un acceso de calidad a información vital”, comenta Rodríguez.

En el continente, Estados Unidos lidera la investigación y formación en el campo, Brasil ha trabajado en la construcción de programas académicos en la última década. El resto del continente suma esfuerzos que no llegan a ser espacios de reflexión académica a nivel profesional.

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