Maltrato psicológico: ¿cómo afecta nuestra salud?

20 de agosto de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Las víctimas no siempre lucen como víctimas. El día que conocí a *Sara lucía tan radiante como lo que se supone que es: una señora estrato seis, impecablemente vestida, ningún cabello fuera de su lugar y con tan pocas arrugas que cuesta creer que tenga 50 años y, sin embargo, es una víctima de una violencia capaz de noquear a cualquiera sin un solo golpe: violencia psicológica, le dicen.

“¿Quién crees que es la víctima? -me dice, sonríe tímidamente y no me deja responder-... Yo”.

Dice que se casó absolutamente enamorada hace más de diez años con un empresario estrato mil. Que era el segundo matrimonio de ella y el tercero de él, que ambos tienen sus hijos con exparejas y que al principio se las llevaban tan bien en la casa como en el trabajo, porque ella trabajaba en una de las empresas de él. Viajaban mucho, socializaban poco. Él le regalaba -aunque nunca pusiera nada a nombre de ella- Rolex y automóviles, ella se retiró de la empresa y él siguió pagándole su sueldo. Le montó un negocio. Eran felices siempre o casi siempre, porque los regalos venían cuando ella se “portaba bien”... “Cuando me vestía como él quería, cuando hacía lo que él quería, pero cuando hacía cualquier cosa que no le gustara, aunque fuera mínima, venía el castigo”. Al principio, demoraba días enteros sin hablarle, sin determinarla, como si Sara fuese invisible. Ella prefería pedir perdón aún cuando no había por qué para que él volviera a dirigirle la palabra. “Él es así”, pensaba ella. Se acordó de una amiga que le advirtió cómo era su ahora esposo. Los años pasaron y se cansó de humillarse por errores que no eran errores y un día, por un encontrón de Sara con una de sus hijastras, comenzó la pesadilla que aún no termina.

“Discutimos por cualquier cosa y él se fue para Bogotá (allá vive su hija), cuando regresó no me dirigía la palabra, no me determinaba”, cuenta ella. Sara ya no estaba dispuesta a arrastrarse por nada, muy a pesar de que se estaba derrumbando por dentro: su matrimonio se estaba acabando y ella ni siquiera entendía bien por qué. Ella le preguntó mil veces el porqué de su actitud, pero él simplemente la ignoraba.

Comenzó ignorándola, luego la echó de la habitación y cambió la cerradura. Despidió a todos los empleados de la casa: la aseadora y el jardinero. Canceló la línea telefónica de Sara. Un día simplemente tomó el auto de Sara sin decir ni mú, se fue y regresó sin él. La piscina comenzó a llenarse de sapos y ella se quedó incluso sin seguridad social, porque él la desafilió. Él comenzó a dejar de llegar a la casa, se quedaba a dormir en otro de sus apartamentos cuando se le antojaba, a veces llegaba a la casa solo para llevarse algo, tomar fotos y grabar videos. Dejó de mercar. Dejó de pagar los servicios. Sara lo denunció y una comisaría de familia le prohibió a su futuro exesposo acercarse a ella.

Sara vive de la solidaridad de familias, de amigos y de chances. Su autoestima está tan rota que muchas veces siente que ella, como mujer y como persona, no vale un peso, pero está dispuesta a luchar.

***

De acuerdo con el psiquiatra Christian Ayola, algunos autores definen la violencia como “toda acción que implique el uso de la fuerza de cualquier tipo (física, sexual o emocional) con la intención de producir daño y que se hace posible mediante el desequilibrio del poder permanente o momentáneo”.

“Ha sido muy difícil definir la violencia psicológica, lo que determina que en muchos casos no se registre por ausencia de consciencia de la víctima o incluso de su evaluador. Es una violencia de la que poco se habla, es sutil, casi imperceptible. Estamos acostumbrados a oír hablar de feminicidio, de abuso psicológico, de maltrato, de leyes que tratan de proteger a las mujeres. Pero en medio de ese panorama, que no deja de ser terrorífico (ellas siguen siendo asesinadas a manos de sus parejas o exparejas); pero hay otro segmento que, aunque no causa directamente la muerte, deja en evidencia la fuerza del machismo”.

Ayola destaca que son actos que no siempre son evidentes; “muchos, incluso, están instalados en la cultura y en la cotidianidad. Hasta nos parecen normales, pero no lo son. Y tienen un nombre: violencias psicológicas. Incluye el maltrato verbal; la continua descalificación subestimando a la pareja; la coerción mediante el uso del poder financiero; la amenaza de muerte o de daño corporal, por uso violencia física; el chantaje emocional; etc”.

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

Sobre violencia psicológica, debe saber:

El abuso psíquico suele seguir una estrategia que ataca tres aspectos:

-Un ataque social que intenta romper con la familia de origen, las amistades y el trabajo.

-Un ataque contra las conexiones de identidad del pasado, cortando con recuerdos y relaciones.

-Un ataque hacia la identidad actual con críticas y reproches, en privado y en público, contra las aficiones, los gustos, las iniciativas, los defectos, etc.

¿Cómo saber que se es víctima de violencia psicológica?

Cada vez que se sienta en una posición de desventaja en la relación, por uso asimétrico de forma sistemática del poder por parte de su pareja; o que experimente sentimientos de desvalidez y desesperanza, en una situación en la que se siente atrapada y sin salida; es muy probable que la persona esté siendo objeto de violencia psicológica. Se desvaloriza, se ignora y se atemoriza a una persona a través de actitudes o palabras. La violencia psíquica se sustenta a fin de conseguir el control, minando la autoestima de la víctima, produciendo un proceso de desvalorización y sufrimiento. La violencia psicológica actúa desde la necesidad y la demostración del poder por parte del agresor.

¿Cómo se determina que una persona es o ha sido víctima de violencia psicológica?

Una simple consulta realizada por personal de salud con experiencia puede reconocer el fenómeno a través de sus manifestaciones secundarias, de las que el profesional deberá dejar registro en la historia clínica; puede ser un médico general o de cualquier especialidad, un psiquiatra, un psicólogo, una enfermera e incluso un trabajador social quienes identifiquen el fenómeno. No obstante, para llevar el caso ante un tribunal, con razonable probabilidad de éxito para obtener una medida jurídica favorable a la víctima, es conveniente se realice una evaluación pericial forense, en la que se demuestre en primer lugar la ocurrencia del hecho (violencia psicológica), así como la relación causal entre esta el daño psicológico y las secuelas.

¿Cuáles son las consecuencias de este tipo de violencia?

Las personas víctimas de violencia psicológica suelen presentar con mayor frecuencia los siguientes tipos de trastornos:

-Trastornos del sueño o psicosomáticos, de ansiedad, depresivos, estrés postraumático, transformación grave y persistente de la personalidad ante estrés prolongado y suicidio o tentativas de suicidio.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Salud

DE INTERÉS