Beder fue arrollado por una moto ayer en la mañana. Con fuertes dolores esperó durante más de cinco horas para ser valorado por un especialista.
A Beder Ochoa la mala hora le llegó a unos pasos de su lugar de trabajo. Eran las 5:50 de la mañana de ayer cuando Beder se bajó de una buseta en el semáforo del Castillo de San Felipe, intentaba cruzar la avenida para dirigirse al periódico El Universal, cuando fue arrollado por una moto.
El vehículo de placa IZE36C impactó a Beder, quien fue despedido por los aires y cayó 3 metros más adelante.
“Me dio de lado y yo volé. Me salvó el portacomidas que llevaba en el morral porque caí sobre él. Porque si la cabeza me da en el pavimento me mato”, dijo Ochoa.
Pero lo peor no fue el golpe. A partir de ese momento, comenzó el sufrimiento para Beder. En el piso y con fuertes dolores, tuvo que esperar por más de media hora la ambulancia que lo recogiera.
A la Clínica San José de Torices llegó poco antes de las 7 de la mañana. Ingresó con un golpe en la cabeza, raspones en los brazos, la cadera adormecida por el golpe y la pierna izquierda, donde ya tenía una platina con anterioridad, muy golpeada y esperaba atención médica.
Sin embargo, a las 11 de la mañana, al herido ni siquiera lo habían ingresado a rayos x.
“Decían que estaba muy lleno y por eso no podían hacer la placa, pero cuando me entraron no había nadie ahí”, dice.
Al mediodía, Beder se quejaba del hematoma que tenía en la cabeza y ya casi no podía soportar el dolor de su pierna de la que comenzaba a emanar un líquido transparente, sin embargo, aunque ya había recibido un analgésico, aún el ortopeda no lo había valorado.
Solo hasta las 2:30 de la tarde fue cuando recibió la visita del especialista, quien dictaminó una fractura en la pierna donde tenía instalada la platina. Pero no podía llevarlo inmediatamente a cirugía. Beder fue enyesado y ahora deberá esperar tres o cuatro días hasta que la Clínica consiga los implementos necesarios para la cirugía.
Cabe la aclaración de que a Beder, a las cinco de la tarde de ayer no le habían valorado el golpe de la cadera ni el de la cabeza a pesar de que había manifestado que sentía picadas en la cabeza y tenía adormecidas las caderas desde el impacto.
