Con dolor, rabia e impotencia, la comunidad del corregimiento de Chochó expresa una y otra vez que los tres jóvenes señalados por la Policía como sospechosos de haber ultimado al patrullero Diego Felipe Ruiz Rincón, eran totalmente inocentes.
Los chochuanos tratan de demostrar de diferentes maneras que Carlos Ibáñez, Jesús David Díaz y José Carlos Arévalo, no tuvieron nada que ver con el asesinato del uniformado, ocurrido en una panadería de Sampués.
Por eso, a través de sus líderes sociales, los moradores de dicha comunidad envían un mensaje al presidente Gustavo Petro para que se apersone de este caso y evite que quede en la impunidad, así mismo, que los nombres de los jóvenes sean limpiados.
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Aducen que los muchachos estaban participando de piques de motocicletas en la vía Chochó-Las Palmas, cuando de repente vieron a la Policía y se fueron del lugar, pero los uniformados los persiguieron y alcanzaron a balear a Jesús David en una pierna.
La comunidad chochuana afirma que Carlos, Jesús y José, fueron capturados y llevados vivos por patrullas de la Policía, que minutos más tarde los reportó como muertos, señalándolos de supuestamente ser sicarios del Clan del Golfo.
Líderes sociales y familiares de los jóvenes muertos, denunciaron además que policías entraron a las casas de los hoy occisos y arremetieron contra las personas presentes, llevándose consigo sus celulares y documentos.
De acuerdo con uno de los representantes de la comunidad, en la casa de uno de los civiles muertos, incluso, golpearon en un ojo a uno niño, “acto violento del cual igualmente existen pruebas”.
Este medio conoció también que un hermano de uno de los jóvenes supuestamente fue amenazado por unidades de la Sijín, diciéndole que mantuviera en reserva cosas que al parecer vio y los compromete.
Jesús David, tenía 18 años de edad, cursaba Undécimo Grado de Bachillerato y venía de una familia desplazada por la violencia desde el corregimiento de Macayepo (El Carmen de Bolívar). Integraba un grupo de danza y teatro, según afirman quienes lo conocieron.
Por su parte, Carlos Ibáñez era reservista del Ejército de Colombia, obtuvo libreta militar de Primera Clase, pero al no lograr conseguir empleo, se dedicó al mototaxismo, actividad que también desempeñaba José Carlos.
