Se llamaba Carlos Andrés Zúñiga García, pero todos lo conocían como Superman de las corralejas, un apodo que se ganó desde adolescente y debido a sus hazañas en la arena, en las más importantes tardes de toros de su natal Fundación, Magdalena, y otros departamentos de la Costa como Bolívar, Sucre, Córdoba y Atlántico.
Desde niño se apasionó por las corralejas; enfrentar a toros bravíos se convirtió en su hobbie y poco a poco se volvió en un profesional, con la especialidad de volar toros, es decir, mirarlos a los ojos, pararse frente a ellos y en el momento en que el animal lo embiste, brincar con todas sus fuerzas, pasárselo y de esa manera burlarlo. Lea: Mario Teherán esperaba un bebé y murió al chocar en su moto en Olaya Herrera
Sus shows y giros acrobáticos lo hicieron popular. Con 35 años ya era una leyenda a la que ningún toro le quedaba grande. Él, su familia y sus cientos de seguidores siempre pensaron que en cualquier momento podía perder la vida en una de sus presentaciones. Por tal razón el hombre, con lo que cobraba y ganaba en los shows, pagaba un seguro funerario y siempre buscó la obtención de bienes para sus hijos, esposa y madre.
Pero Superman de las corralejas, que tanto burló la muerte en los eventos taurinos, terminó siendo asesinado por sicarios cerca a un billar y a pocos metros de su vivienda, en la noche del Jueves Santo. Los pistoleros le dispararon en más de cuatro veces al rostro dejándolo muerto y desfigurado. A su lado quedó una lata de cerveza que en ese momento consumía.
Las autoridades se encuentran investigando en estos momentos los móviles del crimen y buscan a los responsables. Por ahora no hay capturados. En la comunidad creen que su asesinato se debe a la envidia que despertaba por ser popular, admirado y respetado por todos. También piensan que debido a la sevicia del ataque pudo ser un lío personal.
Así despiden al Superman de las corralejas en Magdalena
En vida Carlos Andrés era tratado como una estrella y es que así era visto por sus seguidores. Los asistentes a las corralejas lo aclamaban y esperaban hasta ver su participación. Los empresarios pagaban mucho dinero por tenerlos en sus tardes taurinas ya que eso significaba que era un evento de calidad.
En Fundación y todo Magdalena hay luto. Lo despiden con un velorio en plena calle. A su ataúd le pusieron cuernos y la cabeza de un toro, también bailan porro frente a él, le echan aguardiente y cerveza al cajón, además, de realizar peleas de gallos en su honor. Hay caravanas de motos y carros, y la música no puede faltar. Hoy es su sepelio.
