Una explosión, una roca y varios meses de recuperación marcaron la vida del patrullero Damián Enrrique Páez Olmos, quien en 2018 resultó gravemente herido durante una intervención policial en el departamento del Cauca. Mientras permanecía lesionado en medio de los disturbios, tres de sus compañeros arriesgaron sus vidas para protegerlo y sacarlo de la zona de peligro. Hoy, ocho años después, su historia es uno de los relatos de valentía y hermandad que la Policía Nacional destaca durante la conmemoración de sus 135 años.
El episodio ocurrió cuando Páez Olmos hacía parte del entonces Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) y cumplía una misión en el Cauca. En medio de los disturbios que enfrentaba la unidad, una explosión provocada por una ‘papabomba’ le lesionó el tobillo y, segundos después, el impacto de una roca le ocasionó una fractura de tibia en tres partes.
La situación era delicada. El uniformado permanecía herido sobre una camilla y todavía estaba expuesto a los ataques que se registraban en el lugar. Fue entonces cuando tres de sus compañeros decidieron acercarse para auxiliarlo. Utilizando sus escudos como protección frente a nuevos artefactos y agresiones, lograron evacuarlo hasta una zona segura.

En medio de aquel momento de angustia, una frase quedó grabada para siempre en su memoria: “Entramos todos, salimos todos”. Aquellas palabras representaron el compañerismo y la solidaridad de quienes, incluso en medio del peligro, no estuvieron dispuestos a dejar atrás a uno de los suyos.
Pero las dificultades no terminaron con su salida de la zona de riesgo. Durante los meses de tratamiento y rehabilitación, el patrullero también enfrentó la incertidumbre sobre su recuperación y la preocupación por su familia, especialmente por su esposa y su hijo, que para entonces tenía apenas cinco años.
“Mis lágrimas eran de dolor, pero también de amor por la patria. Pensaba en mi familia, en mi hijo, en mis compañeros y en el honor de seguir sirviendo a Colombia”, recordó.
Después de un exigente proceso de recuperación, Damián consiguió regresar a la Institución. Aunque su labor cambió, su compromiso con el servicio policial permaneció intacto. Actualmente hace parte del Grupo de Comunicaciones Estratégicas del Departamento de Policía Atlántico, desde donde contribuye a contar las historias de los hombres y mujeres que trabajan por la seguridad y la convivencia ciudadana.
“Cambié el escudo por una cámara, pero mi misión sigue siendo la misma: servir a Colombia”, expresó el patrullero.
Una historia de hermandad en los 135 años de la Policía
En el marco de la conmemoración de los 135 años de la Policía Nacional, bajo el lema ‘135 años, patrimonio vivo de los colombianos’, la Institución destaca la experiencia de Páez Olmos como un ejemplo de valentía, resiliencia y vocación de servicio.
Su historia recuerda que detrás de cada uniforme hay personas que también enfrentan momentos difíciles, familias que esperan en casa y compañeros dispuestos a protegerse mutuamente. Para Damián, aquella frase que escuchó mientras estaba herido sigue teniendo el mismo significado: en la Policía, la hermandad no se limita a compartir una labor, también implica estar presente cuando la vida de uno de los compañeros está en peligro.
Ocho años después de aquel episodio en el Cauca, el patrullero continúa al servicio de la Institución, ahora detrás de una cámara y con la misma convicción que lo acompañó desde sus primeros días como uniformado: servir a Colombia.

