Revista dominical

Una cita poética en Caracas

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PEDRO BLAS JULIO ROMERO
05 DIC 2010 - 12:01 AM

El poeta cartagenero Pedro Blas Julio Romero, cuenta su experiencia en la VI Feria internacional del libro de Caracas (Venezuela) 2010. Se trataba de llegar lo más rápido posible a una cita de poesía donde las localidades suelen coparse. Cita cerca de una de las estaciones del metro, donde lo bastante de exitosa se desarrollaba la versión de la VI Feria internacional del libro de Caracas Venezuela, 2010.
Su lema fue ‘La Patria Grande erige su Historia’, en homenaje a Argentina, Colombia, México, países que tienen allí su núcleo en la sala Bicentenaria del espacio ferial, con presentaciones, conferencias y discusiones.
Colombia participó con su “Taller de Escrituras Narrativas” Renata, así como con la recién destacada edición por parte del Ministerio de la Cultura: biblioteca de autores Afro-Colombianos e Indígenas.
Pero lo más importante de aquella singular Feria, es convencerse que al interior de la misma se pueden obtener libros de gran parte de la literatura universal desde los clásicos Latinos Griegos, a Miller, la Yurcenar, con Dostoievski, a García Márquez…;entre otras cantidades, que de paso presentando insólitamente los precios más bajos del mundo.
La cita fue en un “Habladero de Poesía”, en Venezuela, con los controversiales Gustavo Pereiro, Juan Calzadilla, y Ramón Palomares, quienes iban centrándose en la disyuntiva como a su vez propuesta de: “hasta qué punto la poesía se hace menester llevarla a los coliseos multitudinarios, o debería continuar presentándose en recintos exclusivos por evitar dejarla a merced del inepto y oscuro vulgo.
Y aquí fue Troya, sintiéndosele el tono a un Juan Calzadilla quien hizo gala de su procedencia de aquel renombrado movimiento sartreano similar al de nuestros “Nadaístas “el “Techo de la Ballena” Venezolano...” E impulsándose en esa parte del rhin, que son las cuerdas, va un Juan Calzadilla asestando un jumper de izquierda: “Por lo tanto conviene darle merito así como patente de corso a la arbitrariedad, pero sin olvidar la riqueza de la pausa. Y sigamos la propuesta de Harold Bloom, cuando dice que hay que plagiar y así vemos por fin aquella sinceridad en algunos poetas no sometiéndonos aquellos mismos poetas a la despiadada tortura de tener que escuchar sus poemas sino a un Borges, o a un Huidobro, a través de él. Donde por ejemplo de que si Baudelaire dice: “te necesito conmigo aquí en la terrenal esfera de esta infernal estrella…;”
Entonces yo puedo—expresa Juan Calzadilla—, yo puedo también decir: “te espero aquí en este planeta del lado de sus encendidas brasas…;” E ingresa en otro round Gustavo Pereiro con: “La poesía es el delicado clamor de la sensualidad de las carnes, que otra veces la voz del espíritu…;” Para inmediatamente ripostar Juan Calzadilla: “Sean por lo tanto abolidas las fronteras entre la prosa y la poesía…; Acentuemos diálogos con la poesía…;”, recomienda Calzadilla.
Pero a su vez le refuta Gustavo Pereiro: “La poesía en prosa se concluye a la postre como una poesía prosaica connotando una explosión en un depósito de tejas, al punto de llegar a convertirse en mercancía como lo estuvo manifestando Apolinaire…;”
Dándosele lectura al siguiente texto, sin duda alguna enviado vía twiter, por alguien quien como el Almirantazgo de la poesía Nadaísta Jaime Jaramillo Escobar o X-504, no desaprovecha este reencuentro generacional de otrora existencialistas bajo los “Techos de una Ballena venezolana” fumando peyote de la paz entre aquel mexicanísimo “Corno emplumado” con los Nadaístas colombianos, ya que en aquel escenario del “Habladero de la poesía” también se encontraba el poeta J. Mario Arbeláez.…; :“La verdad es que la poesía en verso llega ser un tanto fastidiosa…;porque hay que espigar mucho para encontrar una espiga cargada de buen grano. Es más fácil encontrar la poesía en la prosa (y tal vez por eso será que la prosa gusta más), o en las demás artes: la poesía de la música a todos es accesible, la poesía en la pintura también.
Pero Góngora sólo habla para unos pocos. Eso puede ser bueno o malo, según como se mire. Nadie tiene dificultad con Bach. Par que eso sucediera, probablemente él la tuvo consigo mismo.
A la poesía actual le conviene que se acabe el verso y que los poemas se escriban en prosa, porque el verso ha sido el refugio tradicional de los malos poetas, los falsos poetas, los poetas mediocres. Puestos a escribir su poesía en prosa, tendrán que capitular o aprender a escribir.
No hay que confundir verso con poesía. La mayor parte de los poemas en verso no contienen poesía. El verso no hace parte de ninguna definición sobre la poesía.
Vale mucho más un párrafo que una mala estrofa. La poesía no se escribe porque sí. Se escribe porque no. Porque lo que hay que decir no puede ser dicho de otro modo. Siempre que algo puede decirse en prosa, debe emplearse la prosa para decirlo y reservar la poesía exclusivamente para el poema. Esto va en beneficio de la prosa y de la poesía, así como de todos los escritores.
En el poema todo está permitido, menos la mediocridad. El poema no debe usarse para enviar mensajes personales: para eso está el correo. Los mensajes personales pueden enviarse con el poema sólo a través de los siglos y para eso hay que llamarse Dante o Shakespeare.
Las querellas de amor se escuchan bien en una canción popular, pero suenan ridículas en la lectura de un poema. “Te amo” no se dice en un grito, sino en un susurro. El que grita es porque está definitivamente solo. La poesía —dice Jean Cocteau—se expresa como puede. Y no repitas—sostiene Ezra Pound—en verso mediocre lo que ya se dijo en buena prosa ha sostenido.
En Goethe no se encuentra una gran distancia entre la prosa poética y el verso; no hay apenas transición. Su lenguaje —ha expuesto Stefan Sweig—vive en los dos mundos. El de la prosa y el de la poesía; el de la carne y el del espíritu... Todo poeta que se quiere comprometido—sostiene y apunta Etiemble—se obliga a ser discursivo y, por consiguiente, debe conceder a la prosa una parte importante…;Finalmente nos despedimos degustando el brindis de un chicha a amanera de un cáliz litúrgico de la dignidad de estos pueblos. Una chicha premiada por arriba con una “lluvia de chocolate” como la que le gustaba a los reyes indígenas de éstas heroicas indiadas. Una chicha brindada con el objeto de que regreses pronto.


Encuentro


Yo iba tributando golosinas y caramelos en cada esquina de Caracas o en cruce de cuatro calles, cuando de pronto veo al poeta Luis Darío Bernal Pinilla, llevando de la mano al niño negro héroe de sus más de diez premios internacionales de literatura infantil: Catalino Bocachica, donde este a su vez hacíame un guiño. Ya compruebo como a Luis Darío, se le abrieron los caminos.
 

 

 

Pedro Blas Julio Romero.

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