Revista dominical

El Facebook de antes

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GERMÁN FONSECA CASTILLO
01 OCT 2012 - 09:11 PM

Estas herramientas de comunicación resultan muy útiles y cumplen una gran función para quienes se movilizan constantemente por razones de trabajo y  necesitan permanecer conectados a la espera de recibir o dar órdenes importantes para el desarrollo de su labor. Para otros, menos dinámicos, es una forma de mantenerse informados, de hacer presencia con sus amistades. Desde siempre el ser social ha buscado estrategias para hacerse notar, ya por razones comerciales, profesionales  o sencillamente de presentación personal.
Siendo la fotografía un arte joven, hacia 1854, el fotógrafo francés André Disdéri, en París, inició la práctica revolucionaria de tomar imágenes con una cámara que estaba dotada de 6, 8 y hasta 12 objetivos, a cambio de la cámara tradicional de un solo objetivo, con la que tomaba  pequeñas fotografías de cerca de 9 x 6 centímetros. Patentó con ello las conocidas “tarjetas de visita”. Técnica que abarató el costo de las fotografías y permitía que el retratado consignara en ellas sus datos personales y las usara como herramienta de presentación personal. La imagen fotográfica tomada como vehículo de relación social. Extrayendo apartes del libro “Historia de la fotografía en Colombia”, observamos que, al igual que en Europa, el fenómeno se extendió en el país,  y la fotografía, en esa presentación, pasó a ser un elemento de consumo popular, dejando atrás los tiempos en que estaba reducida a las élites.
Las tarjetas además de ser usadas para presentación, se convirtieron en objeto de colección e intercambio entre parientes y amigos; conservadas en lujosos álbumes que se exhibían en las salas y eran motivo de comentarios y temas de visita. Se estima que el número de copias vendidas hasta 1886 se acercaba a un millón, cifra elevada si se considera que para esa época la población de la nación no llegaba a cuatro millones de habitantes. Con la proliferación de fotógrafos y estudios surgieron variantes a la idea original tales como las que mostraban, además de la persona, elementos del oficio del retratado. El pintor con sus pinceles y caballete, el escritor con sus libros y papeles mientras escribe, y así con diversas profesiones. Se pusieron de moda los telones de fondo, las escenas armadas para dar cierto relieve teatral al retrato. Por esos tiempos se da en el país el diseño de “mosaicos” que reunían múltiples retratos con ocasión de un hecho importante, tal como se usó hasta poco para los grados de bachillerato o universitarios.
Hubo variaciones que mostraban géneros distintos al retrato, paisajes, escenas y personajes populares. En Cartagena se destacó Gabriel Román Polanco, hermano de Soledad y cuñado de Rafael Núñez, que tenía su estudio y además de retratos producía papeles e insumos para la fotografía.
Cualquier parecido con la actualidad de Facebook no es pura coincidencia.

La tarjeta de Lascanio Barboza y Rafael Calvo.

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