Un veterano de la radio. Pionero del medio sonoro en la Ciudad de Cartagena. Un periodista con una gran vocación, reconocido, admirado y recordado por su profesionalismo, su respeto, su talento y su gran dinamismo.
Se trata de Adelmo Jiménez, a quien cariñosamente conocemos como “Ño Justo”.
A él, la radio se le metió en la sangre como a muchos de nuestros más queridos antecesores en el medio, y como a muchos cartageneros que entonces habitaban una ciudad más pequeña y más silenciosa donde cada quien comenzaba a tener un receptor en sus hogares, o incluso en épocas en que, dicen, se colocaban amplificadores en el Camellón de los Mártires para que quienes transitaban o se sentaban entre el Camellón, el Parque Centenario y la boca del Reloj pudieran escuchar la radio.
Esperamos precisamente que las vivencias de este maestro de la radio, Adelmo Jiménez, nos ayuden a conocer un poco más la historia de este antiguo y eficiente medio de comunicación, a través de su perfil.
¿Quién es Adelmo Jiménez?
Bueno, yo comencé con estas inquietudes radiales cuando niño. Me iba ver jugar béisbol en la Playa de la Artillería, aquí cerca. Tenía once o doce años. Cogía una lata y un palo, lo introducía y me ponía a transmitir –con doce años- el partido que en ese momento se estaba llevando a cabo. Adelantando la secuencia, cuando ya yo terminé el bachillerato oí una promoción del desaparecido y siempre recordado Víctor Nieto Núñez, pilar de nuestra radio difusión, donde decía en su promoción: “necesitamos una voz en la noche”. Yo enseguida digo, voy para allá. Nos inscribimos casi cuarenta y tantos; el ochentaicinco, sino el noventa por ciento eran universitarios. Yo era el único bachiller. Ah bueno, había otro muchacho “Gómez”, pero él llegó y se retiró por cuestiones familiares y quedamos dos, después de que se hizo la elección. Nicolás Arsuza, que hacía primero medicina, aquí, en esta universidad y yo. Entonces comenzamos a trabajar un año en la noche. De nueve a doce, porque no teníamos la experiencia para hablar en la programación del día. Entonces allí comenzábamos y tal…;pero cuando ya Nicolás pasa a segundo de medicina se retiró porque el tiempo no le daba. Entonces ya yo quedé de planta en Radio Miramar con cincuenta pesos mensuales de sueldo.
Esa voz en la noche a qué se dedicaba, ¿de qué hablaba en ese programa?
Más que todo de la programación, de la música, del bolero, de la poesía, del vals, de todas esas cosas, porque en esa época yo no tenía la licencia. La tenía Tony Porto y esa licencia decía en el adverso: “el tenedor de la presente licencia está obligado a hacer buen uso del idioma y a respetar las leyes”.
…; En aquella época qué otras estaciones existían? ¿Cuáles se destacaban en ese momento?
La competencia era Radio Colonial y Radio Miramar. Colonial, de Calvo Núñez, primo de Víctor Nieto Núñez. Eran las emisoras que comandaban el dial aquí. Miramar y Colonial, y Emisora Fuentes obviamente, porque fuentes fue primero que las dos. Fuentes comenzó aquí en el Edificio Fuentes en el segundo piso. Como “La Voz de los Laboratorios Fuentes”, después fue cuando pasó a “Emisora Fuentes”.
¿Cómo era ese ritual diario de la radio, a qué horas se levantaban, qué hacían, cómo preparaban esos programas?
Bueno fíjate, la radio aquí comenzó como debió ser; escrita. Uno tenía que escribir su programación, pasarla a la dirección, la dirección la objetaba o la aprobaba, o bien le hacía adiciones, o bien supresiones. Pero todo allí era escrito; evitando precisamente los desaguisados idiomáticos que estamos oyendo con suprema frecuencia.
¿Qué conserva de todos aquellos momentos? Tal vez fotos, grabaciones, equipos, música…;qué conserva así, que usted vea y diga “esta era mi época de la radio”?
No, yo soy desordenado en eso, yo no tengo ni fotos con un micrófono. ¡Totalmente desordenado! Pero siempre cuando veo un micrófono me siento…;y mentalmente la voy ubicando…;digo, esta gente va bien, esto no es por aquí, esto no es por acá, es por aquí…;y con eso vivo. ¡Ese es el recuerdo más vívido que tengo yo!
Alguna anécdota en especial de esos momentos. ¿Qué nos pueda contar…;un personaje, una entrevista, un chasco radiofónico?
Aquí había una competencia entre Miramar y Fuentes para el que trajera el artista de más valía en el momento. Víctor Nieto traía la “Billos Caracas Boys”, entonces venía Rafael Fuentes y llamaba a “Los Melódicos”. Víctor Nieto trajo a “Antonio Aguilar” –porque en efecto lo trajo-, entonces Fuentes trajo a “Mejía”. Y así sucesivamente. ¿Quién ganaba? El público. ¿Quién ganaba? La ciudad. Porque incluso, las entradas eran gratis. No se cobraba por nada de eso y, obviamente, el presentador que dicen ahora –antes era el locutor-, con su vestido entero, su corbata ¡y su libreto!, en el Radio Teatro.
La mayoría de los eventos que se hacían alrededor de la radio eran gratuitos, y además, tenían incluso un gran apoyo de grandes empresas. ¿Cómo se hacía eso que hoy pareciera imposible de hacer?
Lo que pasa es que la calidad de la radio se vendía sola. Anteriormente, te doy, no sé si a manera de cuña, el “Club Cartagena” pagaba para que se hicieran las transmisiones allá. La radio le daba prestigio a los lugares y eventos. Ahora es lo contrario. Usted llegaba, con previo estudio que hacía el director en el Radio Teatro…;“bueno se va a transmitir la llegada equis, hay que hacer así, así y así, lo demás lo hacen ustedes”. Llegaba uno, encontraba su mesa –en la misma donde estaba la directiva-, su vestido entero, su saco, su corbata; nada de licor, nada de nada…;trabajando perfectamente. Entonces ellos pagaban. Ahora ni que paguen aceptan que vayan a transmitir.
Entonces podemos decir que la radio, en aquella época o por mucho tiempo en Cartagena, se convirtió en el centro de información, socialización y entretenimiento de los cartageneros de cualquier clase social, de todo el mundo…;
Claro que sí; es que hace cincuenta años, hace cuarenta años, era más importante ser periodista o comenzar a ser locutor, que estudiar Derecho. Un elemento de radio hace cincuenta años era un importantísimo elemento en la ciudad de Cartagena. Obviamente sí guardaba las condiciones que se requerían para ello.
Uno lo escucha, y su lenguaje, la forma como se expresa, todo es tan correcto que uno diría, estuvo en una gran universidad, en una gran escuela. ¿Cómo se hacía?
En la universidad de la vida; el libro, esa es la mejor facultad, el libro; leer y leer y leer y leer. Y es lo que yo le digo a todo aquel que quiere ser o periodista o comunicador, o locutor. Lectura hermano, porque si usted va a hacer uso de un micrófono, el micrófono lo repudia si usted entra en desaguisados idiomáticos.
Bueno y, ¿cómo nace “Ño Justo”?
“Ño Justo” se produjo cuando la cadena Todelar compró al circuito radial ABC. El festejo se hizo en La Piragua, en Bocagrande. Entonces allí, con el calor alcohólico y tal, los directivos de la emisora comenzaron a referir chistes. El director nacional de programación era Cristian Toro, entonces él hablaba –porque él era pastuso-, hacía chistes hablado pastuso…;y así sucesivamente…;“ajá negro, ¿cómo habla el costeño?”, “refiere chistes costeños”…;y yo comencé a imitar al costeño, y me dijo el director de programación “óyeme negro, ven acá, a mí me suena que tú puedes hacer un programa crítico, respetuoso, pero en ese idioma”. Digo, “pero más o menos”, y me dice: “el campesino llega a la ciudad, él cree que va a encontrar todo perfecto…;una tacita de plata; y se encuentra con que hay corrupción, encuentra que hay calles que no sirven, que el servicio de transporte es malo, y en su idioma lo critica”. “Haz un piloto y me lo mandas allá”. Le hice el piloto y a la semana me dice “al aire el programa”. Eso salió el 25 de octubre de 1986*.
Es decir, “Ño Justo” era el campesino que representaba y que hacía le programa…;
La parte central. Nosotros hacíamos el diálogo y él hacía la parte central. Dice, “usted dónde estuvo”, “yo estuve en Torices, en la calle Bogotá”, “y que vio”, “no, no, no”; entonces comenzaba él en su idioma a explicar que eso era una calle, que había un alcalde que no servía para nada, que el gobernador se ganaba su sueldo sin hacer nada, etcétera, etcétera, etcétera…;
¿Quiénes fueron los compañeros de la época y como los recuerda usted?
Cartagena era la fuente de donde se nutría de voces la radio nacional colombiana. De aquí se iban las mejores voces. Marcos Pérez, no duró mucho tiempo, se lo llevaron a que hiciera reportajes en otra ciudad. Ricardo Villa, se lo llevaron para Bogotá. Hubo una voz perfecta para la noticia, Pacho Romero -odontólogo entro otras cosas-. Y así sucesivamente. De aquí se nutrían todas las emisoras del país, para Bogotá, para Medellín se fue Castellanos, para Cali se fue –que todavía está allá- un muchacho de Torices que, es químico…;y en fin…;
¿Voces femeninas?
Femeninas poco. Pero estaba “Mayito” Villanis, muy buena, una voz preciosa. Lylia Rojas, que aún vive. Y después, en orden sucesivo, estaba Olga Burgos, pero ella se circunscribió a su programa de boleros viejos y escudriñaba las letras y la música…;en fin. Pero, en la amplitud, “Mayito” Villanis, me parece que fue la mejor voz femenina.
Hoy no escucha tantas voces femeninas haciendo programas en concreto; tal vez una que otra presentando música…; ¿A qué cree usted que se debió eso?
Es que a la radio le dieron un vuelco negativo. La radio anteriormente, allá en Emisora Fuentes era un programa diferente ¡cada media hora!. Ahora hay una emisora que se especializa –según ella- en un solo tipo de música y échele, y échele, y échele…;ahí no hay nada que escribir ni nada que hablar. Entonces eso le ha cerrado las puertas a aquellas personas que teniendo incluso la facultad no encuentran forma de expandir esos conocimientos que tienen.
Muchos formatos de los de aquella época desaparecieron. ¿De cuáles formatos podríamos tener nostalgia?
Pero es que precisamente, cuando aquí se anuncia un disco en una emisora, en mi época se anunciaba pero escrito. Se daba el autor y se daba el intérprete. Aquí, a mí me gusta el disco equis y yo no sé ni quién lo canta ni quién es el autor ni cuál es la orquesta. Entonces eso no es hacer la radio. La radio es claridad, la radio es dicción, la radio es educación y distracción. Pero esos valores se perdieron. En otro formato, aquí hicimos “La Ley contra el hampa”, actuamos, y repartimos capítulos por todo el país, porque aquí lo hicimos muy bien. En “La ley contra el hampa”, yo era el narrador, e incluso hice unos pininos como actor también pero, me cogieron fue para narrador.
Programas infantiles, algunos…;
Infantiles sí se hacían bastantes, incluso la señora de Alfredo Pernet, uno de los periodistas más fecundos que tuvo El Universal, hacía programas infantiles. Pero te digo, como ya la radio perdió toda su estructura, todo eso ha ido desapareciendo, es como cuando al árbol se le van cayendo las hojas, que queda el tallo únicamente, ¡esa es la radio ahora! Los domingos uno se levantaba a oír programas universitarios. Los universitarios tenían la hora odontológica, la hora médica, la hora del derecho…;y uno se solazaba, un domingo oyendo programas; no tenían esa capacidad vocal, porque no eran locutores, pero tenían la preparación…;y uno se iba nutriendo. Ahora la radio…; ¿de qué lo nutre a uno?
¿Qué nos puede contar de la música en vivo?
¡Bastante! En Emisora Fuentes había programas en vivo tres veces a la semana. Y los sábados, deportivos, con gente allí, y se rifaban entradas para ir a los teatros, para ir al boxeo, para ir al béisbol…;fútbol no, porque en esa época el fútbol aquí no tenía mucho ascenso.
*BLAR: a mi pregunta sobre cuál es su opinión sobre la radio en hoy Cartagena, creo que ya usted ha venido contestando; yo sencillamente le agregaría algo para conocer su opinión precisamente…;Muchos de los locutores hoy en Cartagena, se justifican o argumentan que las maneras como hablan y los contenidos que transmiten, diciendo que a la gente se le da lo que a la gente le gusta; ¿usted qué piensa?
Sí pero dicen “la gente”; pero qué clase de gente. Gente somos todos. Lo que hay es que discriminar qué tipo de gente, qué tipo de oyente…;oyentes somos todos. Lo que pasa es que cuando se suprimió la figura del director artístico la radio descendió. Porque aquel aspirante tenía que pasar por el estudio que le hacia primeramente el director artístico. “No, pero yo quiero pasar un programa musical”; tú quién eres, vamos a cabina…;“ran ran ran ran”, te avisamos en una semana, (…;) no podemos contigo…;y así sucesivamente. Entrar a pasar un programa en una emisora hace cuarenta años, ¡hombre!, era más fácil, qué te diría yo, llegar uno a “Fort Knox” donde guarda la plata Estados Unidos.
(...)
¿Cuál es la rutina de hoy por hoy de Adelmo Jiménez?
Sí, hay una Asociación Colombiana de Periodistas, seccional Bolívar. Ahora creamos una E.A.T. Tiene sesenta y cinco afiliados, ahora tenemos los servicios médicos, precisamente conseguidos nosotros, y otras cosas que hemos venido haciendo. La radio y el periodismo aquí se asentaron precisamente en esa oficina que nos entregaron en 1982…;yo me levanto a la cuatro de la mañana, camino una hora, a las cinco menos diez estoy en la emisora, y hay veces me toca que, por cuestiones de que me pego unas escapaditas, llegar a la una de la mañana, y entre la una y las tres tirar máquina para hacer el guión de mi programa…;
¿De verdad?
Sí porque yo no puedo llegar allá y decir “qué”…;yo no puedo irrespetar al público con una cosa que yo diga que no es así…;sabes los exabruptos idiomáticos que se oyen aquí, yo no quiero ingresar a ese gremio.
Muchas personas creen que con el boom de Internet, de la plataforma virtual, la radio está relegada o tiende a desaparecer…;¿cuál es su opinión sobre la vigencia de la radio?
Es que no ha podido la televisión acabar con la radio, no ha podido el New York Times acabar con la radio…;mientras en lo que uno lee capta el cinco o el diez por ciento; en la radio puede captar el noventa por ciento.
¿Qué le gustaría decirle a todos esos oyentes que han sido fieles durante tanto tiempo?
Yo no creo que haya una palabra más grande que el agradecimiento. Porque sin la audiencia de ellos ese programa no existiera. A pesar de que también uno recibe diatriba, recibe muchas frases disonantes, también amenazas, porque yo digo una cosa, o la dice Ño Justo: “si usted no quiere que le digan zapatero no cosa zapatos”, “si usted no quiere que le digan carnicero no venda carne”, “si usted no quiere que le digan corrupto no robe”, y listo. Esa es la fórmula que yo siempre he aplicado. Tengo por certeza que nunca me han llamado la atención para rectificar. Porque yo cuando digo “que esto es un pescado que se llama sábalo”, es porque el pescado lo tengo en la mano. A mí nunca me ha rectificado una información.
¿Qué viene para usted, qué planes y proyecciones tiene?
La proyección la da el tiempo, porque esto está tan convulsionado; no solo política sino radialmente, en todas las fases, que uno no sabe cómo sobreaguar. Pero el tiempo es el que le va dando a una la pauta, le va marcando el compás que debe seguir. Vamos a ver que sale. Vamos a ver si hay un vuelco en la radio…;no sé, lo veo difícil, pero bueno…;esto, hay que cerrar las esclusas, pero por muy cerradas que estén las esclusas alguna agua se cuela.
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* Bertha Lucía Arnedo es la actual directora del Programa de Comunicación de la Universidad de Cartagena. Publicamos apartes esenciales de esta entrevista, realizada en UDC Radio.

