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Ellos tienen el tiempo y también el dinero. En los premios Oscar de este año, dos películas sobresalen por su temática sobre dos momentos cruciales en la política exterior estadounidense. Se trata de Argo, dirigida por Ben Affleck; y, Objetivo Bin Laden (Zero Dark Thirty) dirigida por Kathryn Bigelow. La primera de ellas, a mi juicio, es toda una falta de seriedad y peor si le dan un premio Oscar, lo que es un burdo acto político enmarcado en la tensión que acaece entre Estados Unidos e Irán.
Habrá que esperar si aparece en el mismo Hollywood, o en el cine independiente, una película que ofrezca una versión más consecuente con los hechos de gran relevancia histórica. Los ayatolas echaron a sombrerazos a los gringos del país persa. Eso es innegable y fue un episodio fascinante, desde el punto de vista histórico, porque se desafió la inercia imperial. Acaeció lo insospechado. Tal y como puede verse en la película La caída del halcón negro (2001) de Ridley Scott: un poco más honesta sobre acontecimientos dados en 1993 en Mogadicio, Somalia, donde las fuerzas elite gringas sufrieron una gran humillación militar por su sobradez y exceso de confianza; de hecho, esa es la moraleja que deja la película. Hablando de honestidad intelectual en el cine, nos encontramos con una directora recia y de gran carácter como lo es Kathryn Bigelow. Pienso que es honesta, o cínica, como lo quieran ver, porque ella es consciente del lugar desde donde narra sus películas. Bigelow sabe que está hablando desde el corazón del imperio: el Pentágono y sus guerras por el mundo.
Bigelow dirigió en 2008 The Hurt Locker (Zona de Miedo). Allí, el sargento William James (Jeremy Renner), aparece como experto en desactivar bombas en el dantesco escenario la invasión gringa a Irak. La historia da cuenta de cómo James se vuelve adicto a la guerra, sólo la adrenalina al desactivar las bombas lo hace sentir vivo y por ello es capaz de abandonar la comodidad moderna de su país y la compañía de su familia. Bigelow enfoca su premisa en el proceso de deshumanización, en un contexto en donde habitar el mundo pierde todo sentido. Es una película brutal, capaz de enrostrar de manera profunda, el periodo de consecuencias que habitamos en el planeta. Lo mismo pasa en Objetivo Bin Laden, aparecida el año pasado. Se trata de una película que suscita dudas, varias lecturas y propone un amplio debate sobre el sistema – mundo y cómo opera la fuerza militar más formidable, jamás vista, con más de mil bases regadas por todo el planeta. La estrategia es descarnada y sin ambages: la tortura y la violación de todos los derechos humanos, lo que supone el fracaso total de la igualdad. No se puede olvidar que la desigualdad que caracteriza la sociedad planetaria pasa por la raza, por la religión, por la clase social, por la ideología, por el tercermundismo, por la periferia, por la tradición y los saberes ancestrales. Todo aquello que representa lo contrario a la hipermodernidad de un mundo poscapitalista. La puesta en escena de la tortura para validar los intereses y la hipocresía del sistema - mundo, constituye una contradicción mayúscula, donde todos acabamos en la mitad del sándwich.
Al igual que el sargento James, en Operación Bin Laden se cuenta la historia de Maya (Jessica Chastain), una joven agente de la CIA, que se obsesiona con la gran cacería de una presa de marca mayor. Una cacería que consiste en un minucioso y riguroso proyecto de investigación que reúne las piezas más ambiguas e inesperadas, donde la fe y la intuición juegan un papel importante. Hasta que Osama cae, pero, no Al Qaeda. Esto es cine político y frente a eso, el espectador, no puede ser ingenuo porque se trata de historias y batallas complejas, donde el bueno y el malo, son relativos. En otras palabras, lo más importante en Operación Bin Laden es lo que queda por decirse. Muy al contrario de Argo, una narración con un enfoque muy tonto sobre un acontecimiento tan serio como lo es una guerra de descolonización, pues, resulta crucial recordar los hechos protagonizados por Mohammad Reza Palevi, el  Sha de Irán, quien fuera agente imperial de los Estados Unidos en aquel país. Argo promueve la desmemoria colectiva e insulta la inteligencia del público y para eso, ellos tienen el tiempo y tienen el dinero.

ricardo_chica@hotmail.com

Escena del filme Operación Bin Ladem. CORTESÍA/
Escena del filme Operación Bin Ladem. CORTESÍA/
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