Nuestro insustituible y arraigado amigo, Héctor Rojas Herazo, nos dio una cálida y limpia noticia en la entrega de Sábado que empezó a circular ayer. Para quienes estamos tan estrechamente vinculados a su hombre (sic), tan repartidos en los vitales espacios de su obra, esta selección de poemas que publica la gran revista capitalina tiene mucho de encuentro, si no completamente con nosotros mismos, por lo menos con muchos de nuestros instantes más amados.
Es por eso por lo que esta nota no podría ser un análisis crítico, ni mucho menos la valoración de una obra sobre cuya calidad, sobre cuya sedimentación humana, estamos irrevocablemente convencidos. Esto apenas pretende ser –en paradoja inevitable– una carta íntima a nuestro público. A Rojas Herazo le estamos debiendo muchas cosas. Le estamos debiendo la retribución en palabras agradecidas de su extraordinario espectáculo mental, de su ancha comprensión humana y –sobre todo– de esa facultad suya de mostrarse en determinados momentos, tan parecido al concepto que habríamos querido tener de nosotros mismos.
Si ello no fuera una arriesgada aventura de interpretación estética, ahondaríamos en estos poemas de Rojas Herazo en la seguridad de poder rescatar muchas de las migajas que ya le hemos entregado a la muerte. Creemos que una inteligencia superior, deslumbrante, como la suya, deja en quienes como nosotros llegan a compenetrarse con su ademán fraternal un indeleble sector de identificación. Ese sector que ha despertado, se ha incorporado en nosotros con la presencia de estos poemas, y nos ha puesto en el mismo trance emocional que debió vivir el poeta cuando se hizo apremiante el alumbramiento del canto.
Este es, apenas, el aspecto que hemos querido tocar de la magnífica antología publicada por Sábado. No la indudable significación que ella tiene para la literatura nacional, sino el registro de una experiencia humana que no habíamos vivido, como es la de doblar una esquina y, sorpresivamente, encontrar, recogida y seleccionada, la mejor parte de los innumerables hombres que hemos sido cada uno de nosotros.
