Facetas

Daniel Samper Ospina no tiene un pelo de solemnidad

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JOHANA CORRALES
03 FEB 2013 - 12:01 AM

Lo vi caminando en medio de un montón de gente que vino a la ciudad a disfrutar del Hay Festival. Supongo que notó la agitación en mi rostro, porque, sin conocerme, me sonrió.
Me fui tras de él vociferando su nombre y lo abordé como una fan enamorada y, sin ningún preámbulo, le dije: “Daniel, necesito que me des una entrevista”. Me dijo que listo, pero que enseguida. Ahora la que no podía era yo, de modo que me dio su correo y nos encontramos al día siguiente en la Plaza de San Diego. 
Llegó a la cita usando un jean, una camisa remangada y unos zapatos Converse. Le dije que antes de la entrevista mi fotógrafo le haría un par de fotos. Por la expresión de su cara, me di cuenta que no le gustó la idea.
Para su desdicha, traje a uno de los reporteros más apasionados del periódico, quien le pedía con insistencia que posara todo el tiempo.
Mientras le hacían las fotos, me preguntaba cómo era que el director de una revista con tanto prestigio, que retrata mujeres desnudas en sus ediciones, podía ser tan tímido frente a una cámara.
 Daniel es un tipo demasiado amable. Me cayó tan en gracia. Y aun cuando no quería una sola foto más, siempre terminaba complaciendo al entusiasmado fotógrafo. 
Luego de caminar, caminar y caminar nos detuvimos en la famosa tienda Pandebono, en la calle de La Moneda, Ahí, según él, venden el mejor jugo de zapote que se ha tomado. Sin embargo, pidió una Cocacola light. 
Hablamos cerca de dos horas, y en ese tiempo me pude dar cuenta que es muy diferente al personaje que los lectores podríamos percibir en sus columnas de la Revista Semana. En cuanto a ideas, es un hombre progresista, relajado y muy liberal. En cuanto a personalidad, en lo que a mí respecta, me pareció un caballero bien chapado a la antigua.
Está enamorado de su esposa, habla con amor y admiración sobre ella; y se ve que sus hijas, Guadalupe y Paloma, con una sonrisa, consiguen lo que desean de él.
¿Qué cree que le heredó a su padre Daniel Samper Pizano?
—Pues, yo nunca me he preocupado por lo que haya heredado de mi papá sino por lo que voy a heredar en el futuro. De modo que, ya que heredé su condición capilar, entonces espero heredar, a cambio de eso, sus inmuebles, por ejemplo.
¿Para qué cree que le sirve el sentido del humor? 
—Creo que para aguantar al mundo y soportarlo, para tomar también una distancia frente al mundo, para conseguir vivir libre de uno de los males más espantosos que puede contraer el alma humana: la solemnidad. El humor es la gran vacuna contra la solemnidad.
¿Qué no le ha funcionado en la revista SoHo al mezclar modelos desnudas con cronistas?
—Todo ha funcionado. Yo creo que justamente ese espíritu heterodoxo, progresista, liberal, que permite mezclas insólitas, es lo que ha conseguido que la revista tenga un ADN original y refrescante que la ha vuelto muy importante.
¿Por qué considera que no hay tantos pensadores en Colombia?
—No, yo sí creo que hay varios pensadores. Pero también creo que en Latinoamérica en general, por la edad joven de nuestros países, todavía estamos interpretando o formando nuestra forma de ser, a través de la literatura más que de las ciencias. Creo que uno probablemente no encuentre en Latinoamérica un gran filósofo, pero encuentra a Borges, por ejemplo; o no encuentra a un gran psicólogo, pero encuentra a Sábato; no encuentra un gran sociólogo, pero tenemos a García Márquez. De modo que creo que nuestra expresión natural es la ficción. De modo que sí pienso que hay grandes pensadores, pero que todos están atrincherados o se han expresado a través de la literatura.
¿Cuál es el peligro de la excesiva frivolidad y seriedad en un escritor?
—¿Te parecen frívolas mis columnas?(Me pregunta como desencantado). Lo contrario al humor no es la seriedad, sino la solemnidad, de modo que no creo que el humor sea sinónimo de frivolidad. Es decir, creo que a través del humor se puede ser muy profundo y decir cosas muy serias. Eso por un lado. Por el otro, lo que suelo hacer en una columna es no solamente hablar de política, sino tratar de tener referentes de la cultura popular contemporánea de Colombia, que suelen darlos, por ejemplo, en la televisión. Entonces, al mismo tiempo, en que puedo hablar de Gerlein no me da miedo hablar de Protagonistas de novela, si sé que es uno de los grandes referentes que está teniendo la gente. Y me parece que eso ha permitido ampliar un poco más el número de lectores que pueda tener y encontrar una conexión, que no he buscado, pero que celebro tener, con los jóvenes. Generalmente trato que la columna haga los señalamientos contra los políticos que debe hacer.
¿Cómo define el periodismo?
—Creo que el periodismo es un antipoder que debe fiscalizar al poder, debe investigarlo, denunciar los excesos del poder; y, en el caso de un escritor de sátiras, debe burlarse del poder, y eso es lo que yo trato de hacer.
¿Ha habido algún día en que usted se levante y diga: ¡Ay, no!, hoy no quiero escribir?
—Creo que la diferencia entre un escritor y un periodista, es que el periodista entiende mucho más rápido que el escritor que escribir es un oficio y que no hay que quejarse tanto, ni que hay que ir a un café a fumarse un cigarrillo. Considero que el periodismo le enseña a uno a ser muy práctico frente a la escritura, de modo que nunca me pregunto que si tengo o no tengo ganas de escribir, sino cuánto tiempo me queda para el cierre. Y esa especie de gimnasia literaria, me libra, me cura, me protege de ese estilo de poses que muchas veces uno puede encontrar en algunos escritores.
¿Tiene algún miedo con el que haya vivido a lo largo de su vida?
—No, no tengo. Salvo que Millonarios nos gane el algún clásico, no he tenido un miedo que me acompañe a lo largo de toda mi vida. No uno en especial, muchos circunstanciales.
¿Qué cercanía tiene con la Costa?
—Pues mucha, me gusta mucho la Costa. Soy un procaribe absoluto. Tengo muy buenos amigos costeños. Tengo un cuñado costeño. Mi papá tiene casa en Cartagena desde hace muchos años. He venido mucho a la Costa. Mi mujer trabaja en los pueblos del sur de Bolívar, como directora de la Fundación Semana, haciendo muchas gestiones sociales allá, de modo que mi compromiso con la Costa es entrañable.
Hábleme de sus hijas
—Tengo dos: Guadalupe y Paloma. Tienen 4 y 5 años.
Ambas tienen nombres de vírgenes. ¿Por qué?
—Mi esposa nació en México y es devota de la virgen del Guadalupe. Y el nombre de Paloma, yo no sé por qué terminamos poniéndole a las dos nombres de vírgenes, pero Paloma nos pareció un nombre bonito y hubo toda una elección popular de los primos de ella y resultó ganador ese nombre.
¿Qué piensa de Dios?
—Pues, yo en un momento de mi vida tuve el tormento de la duda, de creer o no creer. Ahorita no lo tengo. Lo cual no quiere decir que crea, sino que ya no me preocupa.
¿Qué representa la mujer en su vida?
—He estado rodeado de mujeres desde muy pequeño, de modo que representan todo, entre otras cosas, la más descarnada autoridad sobre mí, que la suelen ejercer y la han ejercido a lo largo de todas las manifestaciones posibles desde mi mamá hasta mis hermanas, ahora mis hijas y mi esposa. De modo que vivo rodeado de mujeres, sometido a su van y ven, y siendo un esclavo de sus múltiples dictaduras.
¿Qué piensa de Cartagena?  
—Me parece que es una maqueta de los contrastes que se viven en Colombia, ¿no?. Es increíble que tú casi en un mismo kilómetro encuentres tanta opulencia, tanto mercado del lujo, y al mismo tiempo tanta pobreza, tanta miseria, tanto abandono, tanto olvido, tanta tristeza. Cartagena simboliza mejor que muchas otras ciudades esos contrastes con los cuales nunca tendremos paz. La paz no es asunto de violencia. La violencia, digamos, es un estornudo de una situación social dramática. Pero la gripa, la enfermedad, es esa situación social dramática. En términos estéticos, es una ciudad absolutamente preciosa, encantadora, tiene el encanto que no tiene otra ciudad.
¿Cómo sobrelleva la crítica?
—Considero que todas esas cosas hacen parte del oficio. Me preocuparía mucho más que las columnas no generen opinión y que sean columnas intrascendentes. Creo que escribo la columna de una manera en la que nunca estoy pensando en la reacción, nunca. Nunca he perseguido el éxito en ese sentido. Al comienzo me preocupaba mucho la reacción que tuviera la columna y un columnista a quien yo admiro mucho, Daniel Coronel, me dijo: “Usted no es el que debe seguir a los lectores. Son ellos los que  tienen que seguirlo a usted. Entonces, no se preocupe, haga lo suyo”.
Finalmente, ¿qué políticos de la Costa le gustan?
—Tendría que ser muy cuidadoso al momento de escoger si el senador Gerlein, si el senador Merlano, si la familia García Romero o si los Name, de modo que es una pregunta en la que tengo que analizar muy juiciosamente, porque habría una gran competencia para saber cuál de ellos es más puro, que todos lo son, ¿no? Todos tienen un grado de pureza y de bondad excesiva y sería muy injusto señalar al uno y no al otro. Pero creo que todos unidos podrían hacer un gran trabajo por la Costa y por Colombia en general.

Daniel Samper es uno de los columnista de la revista Semana. También es el director de la revista SoHo. Aroldo Mestre/ El Universal/

Al polémico columnista no le gusta posar para las fotos.

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