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A María Helena no le da miedo envejecer

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Y pensar que la bella y talentosa María Helena Döering casi muere.

Era 1992 cuando se la trajeron de Europa para protagonizar La maldición del paraíso. De todos los hoteles lujosos que había en Bogotá la hospedaron, justo, en el Orquídea Real, donde explotó esa noche la bomba del terrorista Pablo Escobar.

Mientras tomaba una reconfortante ducha, escuchó un estruendo que sacudió todo el lugar. Al salir del baño vio que su habitación había desaparecido por completo.

Recuerda que Julio Sánchez Cristo y Víctor Mallarino, director y productor respectivamente de la novela, pronto se apresuraron a sacarla del hotel. Estaba descalza y sin ropa. La onda que produjo la explosión había sido tan fuerte que todas sus pertenencias se perdieron.

“Recuerdo que me puse un par de tacones (uno blanco y otro beige), unos jeans y la toalla, y eso a un señor paisa que me vio saliendo del hotel le pareció tan sexy. Así llegué a vivir a otro lado, sin ropa, sin documentos, sin nada. De ese modo empezó mi vida en Colombia, y estos 21 años han sido un boom(risas), una bomba total”, cuenta la caleña.

Llegó a Cartagena para promocionar la obra de teatro Técnicas para amar. Mientras dialogábamos, me di cuenta que es mucho más relajada de lo que uno se podría imaginar. Es que siempre la había visto en personajes de mujer de clase alta que no se mezcla con la gente popular.

La ves e inmediatamente piensas en el comercial de la crema antiedad Renacell, y hasta crees que en verdad ese producto funciona. Es de esas mujeres que te hacen cuestionarte: ¿cómo hago para verme así cuando tenga su edad?

No me atreví a preguntarle la edad. Sentí que se podía molestar, pero sacando cuentas por todas las historias que me contó, María Helena debe tener unos 51 años, aunque no importa, ella luce como si tuviera los mismos 30 de cuando regresó a Colombia.

 

Usted es muy atractiva, ¿cómo definiría la belleza?-(Se sonroja) Beauty is in the eye of the beholder(la belleza está en el ojo del espectador). Una persona que no tenga alma, que no tenga piso, no se va a ver tan bella. Por eso es muy diferente y no son comparables las bellezas de las mujeres a los 20 que a los 45, porque lo que tú has vivido a los 45, quizá, te da un toque de belleza, pero te quita uno de frescura; pero la frescura, sin el mundo de la de los 45, tampoco es belleza. Cada edad tiene su momento.

¿Cuál es su familia?¿Cómo es?¿Qué tanto se parece a usted?-Yo vengo de una familia numerosa, muy tradicionalista, caleña, aunque mi papá era boliviano, hijo de alemán. Soy la mayor de seis hijos. Hemos sido muy unidos, criados con unos valores muy estrictos, cada uno ha cogido lo que ha querido de esa educación. Viví muchos años en Europa. Me fui muy joven y por eso mi respuesta a lo que me enseñaron es diferente a la de mis hermanos. Para mí, dos de las cosas más importantes de la vida son la salud y la familia.

Teatro, cine o televisión... ¿en cuál de esos formatos se siente más cómoda?-El teatro para el actor es como el concierto para el cantante. Así hagas la mejor película, la más taquillera (a menos que te ganes el Oscar) no logras percibir al público directamente. En el teatro, sí. Es inmediato. Por eso entiendo al cantante cuando dice que siente que vive su máxima gloria en sus presentaciones. Igual el actor en el teatro. Al actor que no le guste hacer teatro, no le gusta la actuación.

¿Cómo hace para meterse en la piel de los personajes que interpreta?-En cada personaje que he representado siempre uso experiencias personales o escojo un poquito de inspiración de otras personas. Si el personaje está bien escrito, basta con estudiarlo bien para poder ir creando los matices. ¿Sabes? Nunca me siento yo, siempre veo a ella, a esa persona. Por ejemplo: jamás me sentí Alicia Guardiola, en La viuda de blanco. Siempre fue ella. No me dejo involucrar tanto.

¿Qué es lo que más le divierte hacer cuando no está trabajando?(Sonríe) Leer, estar con mi hijo, con mis amigos, salir de la ciudad y hacer un poco de ejercicio.

De su personalidad, ¿qué es lo que más le gusta?-Mi sentido del humor.

¿Y de su cuerpo?-Las piernas.

¿A qué le teme una mujer como María Helena?-A la enfermedad, a perder la serenidad. No me da miedo envejecer, sino envejecer mal. Me daría pánico perder la cordura. Le temo a la soledad, pero no a los momentos cuando estoy sola, porque, de hecho, me gusta estar sola, más no sentirme sola.

¿Qué tanto ha cambiado en estos 21 años que lleva en Colombia?-Creo que mucho. Pienso que todos cambiamos continuamente. Es más, si yo viera a la mujer de 30 años que llegó a Colombia no la reconocería, el modo de pensar y afrontar la vida cambian continuamente.

¿Sufre de alguna fobia?-Le tengo pavor a las mariposas grandes y negras. Y no tiene que ver con agüeros, pero yo sí prefiero darme la vuelta si veo una cerca, cosa que ha pasado. Tengo fotos de ellas. Se han convertido en una obsesión.

¿Qué no le pregunté que desee compartir con los lectores de Facetas?- Me parece que la vida sin sentido del humor, no vale un carrizo. Me río de mi misma. No me tomo en serio. Tengo un genio(corrige), un carácter que no me aguanto una misa con pólvora. Soy muy impaciente, intolerable, pero noble. Sé perdonar y pedir perdón, sobre todo cuando me enamoro de la gente que está a mi alrededor. Tiendo a ser muy permisiva también con las fallas, malos caracteres. Soy muy perfeccionista, estricta con los demás y les exijo a los otros al punto que puedo llegar a ser fastidiosa. 

María Helena cree que sin sentido del humor no vale la pena vivir. Fotos: Maruja Parra/El Universal/
María Helena cree que sin sentido del humor no vale la pena vivir. Fotos: Maruja Parra/El Universal/
No le da miedo envejecer, le da temor envejecer mal.
No le da miedo envejecer, le da temor envejecer mal.
La bella María Helena durante su visita a El Universal.
La bella María Helena durante su visita a El Universal.
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