Un vistazo retorcido hacia sus azulejos y descarados ojos, es suficiente para entender la esencia de quién es. Su instinto y su alocado viaje lo tienen hoy pisando tierra cartagenera, porque en este, el país número noventa que visita, puede mostrar sus experiencias de éxtasis, lujuria e inconsistencias a bordo de su bicicleta.
Conocer a Pablo García, es comprender a una verdadera artimaña humana, capaz de abandonar la bonanza de la vida taciturna, por el despliegue de la vida aventurera, llena de desafíos y misterios por descubrir. En 2001, inició en Sudáfrica esta vuelta al mundo.
Este hombre de 40 años, relinchó de sus años de “pibe” en su natal Argentina para desbordar con su bicicleta todos los rincones del mundo y aunque su acento apóstol lo catapulta y lo encierra en el vértigo del encanto, también es justo abonarle tesón en esta travesía en la que los obstáculos también tienen su aparte. Un 28 de septiembre nació este Pablo que se pavonea en un corcel de acero, aluminio y caucho, por todo el mundo, presumiendo su cuerpo de esfinge en un cosmos en el que pesa más la cultura que cualquier otra cosa.
Y es que dar la vuelta al mundo en bicicleta se convierte en la metamorfosis de Pablo y la melancolía que lo circunda, igual a como se desata en todos aquellos que prescindieron de lo normal y se dedicaron a vivir de los disparates de la vida.
Cada vez que este austral, poseedor de melena rubia, con un toque de cobre, pisa un país diferente, rescata de su gente la calidez, la misma que lo ha llevado hoy a frenar en tierras colombianas. García explica que su carta de recomendación como viajero, son las 90 banderas que se ventean al final de la culata de su bici, donde un asta redobla con noventa pedacitos de tela que ensalzan su aventura con la realidad de cada sitio explorado.
Pablo García es un bohemio empedernido, que a pesar de andar con rapidez por los confines de los cinco continentes que ha visitado, está muy atento a la actualidad: en especial a las redes sociales.
“Cuando no estoy en ruta “googleo” antes de salir, siempre trato de llegar a una población de la que he investigado. En esta travesía dependo mucho de la hospitalidad de la gente que me encuentro”. Pablo es coqueto hasta para decir que se afeita cada quince días, porque no cree que deba estar tan pulcro haciendo lo que hace.
Preparado el recorridoEn esta vuelta al mundo no solo es protagonista la bicicleta de Pablo, de la que importa resaltar que se la regalaron en Israel, pesa 23 kilos, tiene una silla de gel, y además tiene 27 cambios. El resto de su equipaje también es merecedor de elogios pues es adecuado y más especializado de lo que se puede imaginar.
En total pesa unos 55 kilos y tiene una carpa, una bolsa de dormir y un inflador, como peso fuerte, y es que para bordear el globo también a Pablo le sobra intensidad para elegir la ropa indicada porque escogió lo indispensable para moverse por las llanuras y las encopetadas autopistas del mundo: una chaqueta para el frío, un impermeable para la lluvia y uno para el viento. Una “polera” o camiseta y tres pantalones largos; uno deportivo, uno impermeable y uno elegante con una camisa. También lleva una computadora portátil, una cámara de video, un trípode, dos cámaras fotográficas y un total de 7 baterías con sus cargadores.
Pablo García lleva 13.200 kilómetros de ruta, en los cuales dice esbozando una sonrisa encantadora, muy de su estilo patagónico que se la pasó “bárbaro”. Su record en metros y en años de viaje son su único regocijo en este camino pedregoso por el cual le ha tocado peregrinar.
Empezó en Sudáfrica, de ahí hasta Egipto fueron 27 meses, en Medio Oriente tardó 2 años y medio, sólo estuvo en 30 países de Europa, demoró 4 años en recorrer Asia, duró seis meses en Australia y en Junio de 2012 empezó a bajar desde Alaska, hasta llegar a este “terruño cálido” como llama a Cartagena en tono muy conciso.
La gente y su culturaEste argentino que ama su estilo de vida más que a nada en el mundo habla inglés, italiano y portugués y dice que aunque los idiomas le han abierto muchas puertas, también es justo decir que lo que más ayuda para la comunicación es el respeto porque él vive del mantra de “si viajas con respeto y humildad siempre te reciben”.“La calidez del colombiano es insuperable”, así habla Pablo de este país del que nadie le habló mal en el extranjero y al que compara en alegría con Brasil porque hay gente abierta y desinteresada.
“El latino es otra sangre. He andado por lugares que son considerados peligrosos y ahí me han tratado bien. Cuando viajas de esta manera vas abierto al mundo que te espera, por eso puedo decir que la cultura que más me impactó fue la de los musulmanes, esta gente es la que mejor te ofrece seguridad y hospitalidad”.
“En Costa Rica por ejemplo, son “amargos” quizá sea por la influencia americana que tienen, a ellos igual que a los Estados Unidos le hace falta más calle”, de esta manera realista y con desparpajo lanza esta idea que al parecer tenía reservada, a espera del mejor momento.
“A este García nunca le robaron en ruta, la única vez que se vio atrapado en este flagelo del robo fue en Kenia, cuando estaba en la casa de un amigo y a media noche los atacaron unos tipos armados con machetes y linternas. “Me quitaron una video cámara”. Pablo espera pasar cuatro meses en Colombia, y estará un mes en Cartagena. “Quiero reponerme, porque he perdido peso y además descansar antes de seguir hasta mi paraje final: Argentina”.
Pedalear por CartagenaPablo García es un romántico que dice a boca llena que adora la arquitectura de las ciudades viejas, y que le gusta esta Cartagena de día o de noche, con las luces a medio poner, en tono amarillo espolvoreado de matices naranja, que se ambienta con los tonos ocres, grises y cafés que se amainan con la calidez de los que habitan este terruño envejecido con ganas de renovarse.
A él le gusta saber que la ciudad tiene vida así se note a tonos medios en las farolas del Centro histórico. En el mundo él se encontró con gente muy “maja” o bonita para los argentinos, a ellos hay que traducirle con la misma intención a como se traduce a los ingleses.
Este hombre que perdió el tono blanco de su piel al emprender esta odisea por el globo, está casado con la idea de recopilar todos los videos de su viaje, también quiere hacer un libro, pero aclara que cuando termine con esta idea loca que se le pasó a los 25 años y que solo hasta los 27 pudo materializar. Pablo García está consciente de sus sueños porque también desea hacer una serie de documentales relacionados con esta experiencia: su historia recorriendo el mundo en bicicleta.
“Pensé que recorrería el mundo en 2 años y medio y ya voy en trece, a pocos kilómetros de la meta, que es mi sueño, ese mismo que está mediado por la palabra árabe que se regocija en mencionar “Inchala”, que significa “si Dios quiere”.
García lleva un diario pegado a su alma, en el se entroniza con el mundo que lo rodea y la esencia de lo que va encontrando, la tierra árida, el agua sucia, el paisaje global y las curiosidades. Todo se traza en un cuadernillo que de vez en cuando toma protagonismo y se llena de palabras necias que provienen de la imaginación de un hombre que es el único que ve, siente y cuenta por los demás.
Conoce las tradiciones que se fusionan en los fritos cartageneros
TANIA FLÓREZ DECHAMPS


