Para Cenelia Alcázar la palabra más hermosa del diccionario es ‘Mamá’. Cuando lo dice le tiembla el corazón en la garganta y achica levemente los ojos. Aunque no me ofrece muchos detalles, ni tampoco se los pido, me dice que murió a causa de la presión alta, cuando ella tenía 14 años.
- En casa, mamá era la autoridad. Papá, en cambio, era el que intercedía por nosotros ante ella- dice la cantante de ochenta años luego de un leve suspiro que la trae de vuelta al presente-. Ella fue la que nos enseñó los valores principales de la unión familiar. Nos decía que el dolor de uno era el dolor de todos.
La mítica intérprete de boleros, el terciopelo de la voz cartagenera, celebra medio siglo cantando a todos los enamorados que se encuentran y desencuentran en nuestra ciudad.
- Puestos a soñar, ¿qué talento te hubiera gustado tener además del canto?- pregunté.
- Esto, no más. Nací para esto. No hubiera querido, ni quiero otra cosa-dijo ella.
- ¿Qué consideras como tu mayor éxito en la vida?
- Haber hecho bien las cosas. Haber sido útil para las personas que precisaron y precisan de mi profesión- dijo ella, resueltamente.
***
El giro, la búsqueda de la voz propia, el punto de quiebre de su carrera, llegó luego de una crítica que en principio la fulminó: “Me gustó, pero ya tenemos una Matilde Díaz”, le dijo en 1965 el productor del Long Play del Concurso La Hora Phillips, en el cual Cenelia participaba representando a Cartagena.
- Había viajado a Bogotá. Había empezado a cantar el tema ‘Tú me acostumbraste’ -de Frank Domínguez-, yo era una de las finalistas del concurso, pero después de que el productor me dijera ese comentario para mí fue devastador, me fui con ¡una decepción! Me dije que nunca más iba a abrir mi boca para cantar una canción- recuerda la artista, hoy Maestra Honoris Causa de Música de la Universidad de Bellas Artes de Bolívar.
Por suerte no cumplió con aquella frase lapidaria que habría echado a perder una de las carreras más prolíficas y emocionantes de la música de Cartagena. Sin embargo, el episodio sirvió para que Cenelia se entregara a una crisis de la que surgió un cambio profundo en la manera de entender la música y su propio tono. Tenía que romper los moldes establecidos, así que le convino hacer frente a la crisis temporal.
- Mi hermana Bertha Alcázar me decía que lo que tenía era que hallar mi propio estilo- dijo ella.
***
- ¿Cuándo mientes?- pregunté.
- Miento muy poco. Sólo mentiras piadosas– anunció.
- ¿Me puedes decir un olor que recuerdes?
- Cuando era niña... La casa donde vivíamos en Torices, el olor frutal de las mañanas- dijo Cenelia, mirándome con agrado por traer de vuelta su infancia.
El 22 de mayo próximo llegará a la edad asombrosa de 81 años, con algunas dolencias por la artrosis de las rodillas, sí, pero con un sentido inequívoco de haber creado verdad y belleza.
- ¿A qué cosas le dices que no?
- Laboralmente no le digo que no a nada. Le he dicho y le digo que no a los vicios. Ni fumo, ni bebo, ni me trasnocho- me dijo la cantante con los ojos diáfanos.
- ¿Qué te rebela, Cenelia?
- La injusticia. La gente que no se pone en el lugar de la otra persona- dijo.
- ¿Qué te hiere?
- El desorden y la intolerancia.
Aunque respeta la música contemporánea, Cenelia confiesa que padece con sumo sufrimiento los maratones de reguetón y champeta a los que la confinan sus vecinos. A esta altura de su vida encuentra un placer en la tranquilidad y el silencio. “Quizá porque toda mi vida se desarrolló en la bulla”, advierte esta mujer que empezó a cantar a los 8 años en el coro de la iglesia San José de Torices, bajo la mirada y escucha cómplice del reconocido Daniel Lemaitre que escuchaba la misa apoyando la cabeza y manos en su bastón.
- ¿Qué es el fracaso?- pregunté.
- Cuando uno no cumple sus metas- me dijo con claro acento cartagenero-. Yo no me arrepiento de nada. A mí me han dicho, y recuerdo que también se lo decían a Sofronín: ‘Tú te vas de acá (Cartagena) y te iría muchísimo mejor’. Él respondía algo con lo que coincido: ‘Puede que sí tendría más plata, pero no tendría amigos’.
***
- ¿Tienes alguna pasión?
- Mi familia. He vivido en un núcleo familiar. Me casé, tengo dos hijas (Mati y Rosi) y un nieto de 11 años, bueno y mis yernos a los que quiero también.
- ¿Para ti cuál es la palabra más peligrosa del diccionario?
- Cualquier vulgaridad, los insultos. ¡Hay que ver cómo hablan los jóvenes hoy en día!- dijo, haciendo además referencia a las "bobadas" que se escriben en las canciones modernas.
- ¿Qué color prefieres?
- Los tonos sepia y los colores pastel.
- ¿Y tu flor favorita?
- Las rosas rojas- dijo ella.
Hace exactamente cincuenta años, Cenelia conoció al baterista salvadoreño Óscar Díaz, quien ha sido su compañero de vida incondicional en el amor y en la música. Él llegó a Cartagena con una orquesta.
La primera vez que se vieron, Cenelia cantaba en el coro de la Escuela de Música. Después pasó el tiempo, el concurso de La hora Phillips, y a su regreso de Bogotá volvieron a coincidir en una orquesta. Alguna vez les tocó ir a cobrar juntos el pago de una presentación y fue el instante perfecto, fluyeron las palabras, los tiempos de espera y hasta el día de hoy.
- ¿Qué has aprendido del silencio y de la soledad?
- … Me llena mucho el silencio. No es porque haya estado mucho en la rumba, pero he estado haciendo la rumba durante mucho tiempo.
BOHEMIA LATINA: La más reciente presentación de esta artista fue en el bar Bohemia Latina, situado en El Cabrero. Hubo tiempo para boleros y rancheras. Incluso los aficionados pudieron cantar algunas de sus canciones favoritas junto con esta intérprete cartagenera.
Te puede interesar: