Suena a frase de cajón, pero Lucas Arnau lleva la música en la sangre.
Le heredó ese gusto a su papá, un francés que en todas las reuniones familiares cogía la guitarra y se ponía a cantar en la mitad de la sala.
Era solo un niño y se quedaba embobado viendo a su viejo ser el centro de atención. Cuando este se descuidaba, le cogía la guitarra y se ponía a inventar notas y canciones infantiles. Si alguien lo descubría, el regaño que le pegaban era terrible.
Cuando cumplió 14 años, pusieron una bomba cerca de su casa en Medellín. El impacto rompió los vidrios y su papá, asustado, decidió que lo mejor era salir del país. A Lucas lo mandaron para Estados Unidos a vivir con una familia extranjera. Su padre, antes de marcharse, le regaló una guitarra y un casete con sus canciones grabadas. También le dijo: “Lucas, esta va a ser tu compañera”. Y así fue, el instrumento hizo las veces de mamá, papá y hermana.
Regresó a Colombia decidido a estudiar música. Sin embargo, su papá le recomendó que estudiara otra carrera, en caso de que la música no funcionara.
Se fue a Los Ángeles a estudiar, supuestamente, cine. Sus papás le mandaban el dinero para costearse el semestre, pero él lo usaba para pagarse la carrera de música.“Cuando fueron a visitarme, se dieron cuenta de la realidad. Por fortuna, y gracias a mi Dios, en esos días me había ganado un concurso de canto y estaba súper popular en la universidad. Entonces a ellos como que les encantó el tema y bueno aquí estoy después de 10 años de carrera”.
Lucas es guapo, talentoso y buena gente. Un tipo bastante afortunado. Acaba de grabar Buen Camino, un álbum en dúo con 12 de sus artistas favoritos.
¿Cómo definiría la relación que tiene con la guitarra?-Es una relación difícil, porque soy súper mal guitarrista. Nos las llevamos bien cuando voy a componer canciones, pero nunca pude entenderme muy bien con la guitarra, me entendí más con la voz. Mi instrumento real es la voz, claro la guitarra es indispensable para componer.
En su caso, ¿cuándo le llega la musa?-Soy un artista y compongo todos los días canciones y todos los días agarro mi guitarra un rato. Pero hay unos días que son más fluidos que otros. Hay una canción que es la historia de amor de mis padres, se llama De la mano. Me salió como en cinco minutos, la escribí de una. Obviamente en un ascensor es más difícil escribir una canción que estando sentado frente al mar.
La inspiración me llega cuando estoy en disposición para escribir.
¿Cómo llegó su éxito De rodillas?-De rodillas la escribí en Miami. Hicimos la música en un estudio y me fui para mi casa a componer la letra. Me senté en un cuartito que tenía un balconcito que miraba hacia una bahía, y ahí me inspiré. Nada personal. Es una historia que le llega a la gente porque a todos nos ha tocado pedir perdón alguna vez.
¿Quién es su artista femenina preferida?-Estoy enamorado de Adriana Lucía, en el buen sentido, porque irradia una energía hermosa. Yo diría que en este momento es mi artista favorita en Colombia.Con ella, a propósito, grabé De rodillas. No, ¡qué mujer tan talentosa!
¿Alguna vez le han agradecido por escribir alguna canción?
Sí, De rodillas ha sido una sanadora, una curita en el amor para mucha gente. Te doy mi vida, es una canción con la que se han casado muchísimas parejas. La gente coge canciones mías como banda sonora de su vida. Me pasa muchísimo eso. Y de eso se trata: gente que no es tan romántica, o que les parece cursi decir o hacer ciertas cosas, usan las canciones de uno para expresar lo que ellos no se atreven.
¿Qué le fluye más, el amor o el desamor?-El desamor es más fácil de desatar al escribir. Cuando uno está triste, por lo general la melancolía es una musa muy inspiradora y te hace decir cosas que te salen del alma. Con el amor debería pasar lo mismo. Sucede que la gente está más acostumbrada a la parte positiva que a la parte negativa. Yo le he escrito canciones a las dos, pero lo importante es escribirle al amor, que es el que mueve el mundo para todos los lados.
¿Cómo es Lucas en casa?-Es muy hippie, muy relajado, muy tranquilo. Leo mucho, escribo mucho. Me gusta la cocina. Cuando estoy en casa, siempre participo con la empleada en la preparación de la comida, tengo que poner así sea un ingrediente. Somos los dos cocinando. Me criaron así desde que era niño. Mi padre es francés y mi madre colombiana, entonces las dos cocinas se fusionaron y hacíamos unos platos espectaculares.
La cocina es ese lugar, al igual que el escenario, que es como pintar. Ahí armo un montón de locuras en mi cabeza y ahí van saliendo y van quedando en sabores y olores.
¿Cómo es Isabel de esposa?-¡Es la mejor que hay en el mundo! Es una mujer muy dulce, muy especial. Es mi compañera, mi cómplice. Con ella voy para arriba y para abajo. Hacemos ejercicio. Ella no cocina, lava muy bien los platos, entonces hacemos muy buen equipo. Me encanta llevarle el desayuno a la cama, y a ella le encanta dormir hasta tarde. Es una dormilona empedernida. Yo me levanto casi siempre a las 5 de la mañana y como no tengo nada que hacer, me pongo hacerle el desayuno.
¿Por qué Buen camino?-Porque tengo que ser muy agradecido con la vida. He tenido la fortuna de poner a sonar canciones en la radio que se vuelven éxitos. Tengo un público que me adora y canta mis temas a los cuatro vientos. Y, pues nada, a la vida darle gracias por este buen camino que me ha dado hasta el momento, y esperar que lo que venga sea aún mejor.
¿Por qué duetos?-Porque es una tendencia muy bonita que hay en la industria musical ahora. Todo el mundo se está juntando con todo el mundo. Yo quería hacer un álbum de duetos completamente inéditos, pero eso en este momento de la industria es demasiado complicado. Así que aproveché para mezclar mis grandes éxitos con los duetos que quería hacer con artistas que se han convertido en grandes amigos, y que me he encontrado en ese buen camino; artistas que me han inspirado desde que empecé y que hacen parte de mi historia.Cantar con maestros como Armando Manzanero, Gian Marco, Amaury Gutiérrez, Silvestre Dangond, Juan Fernando Velasco, Adriana Lucía, Mauricio y Palo de Agua y Bonka. Un montón de sueños e historias montados en un mismo paquete que se llama Buen camino.
¿Cómo fue grabar con Silvestre Dangond, un artista que no se parece en nada a usted?
-Fue muy divertido. Es muy amigo mío. Tiene un carisma muy especial. Siempre me decía: “Oye, escríbeme una canción de esas tuyas corta venas, hagamos algo”. Hasta que le dije que sí y lo invité a mi disco. La canción que escribí se llama Lo siento y hay una frase que dice que se amaine con la brisa. Y él me gritaba: “Oye, ¿esa vaina amaine qué es?” Yo le decía: '¿Cómo así, hermano, usted no lee?' Al otro extremo me gritaba: “Sí, pero no entiendo”. Le expliqué lo que significaba, que se calme con la brisa, que llegue la tranquilidad (risas).
¿Y con el gran Amaury Gutiérrez?-Siempre he seguido su música. Llegué al estudio todo juicioso, puntual, ya había calentado mi voz. Y llega Amaury con su pantaloneta --cual jugador de baloncesto-- y con una guitarra en la mano. Fue muy especial. Escribimos una bachata, Mi verdad.
Cuando uno llega a esa sesiones con esos artistas tan grandes y compositores que tienen tanta experiencia, por lo general, imponen mucho. Pero Amaury llegó con una actitud muy respetuosa hacia mi música. Me dijo: “Yo quiero que estés tranquilo y que compongamos lo que tu quieras escuchar”. Siempre que decía una frase me preguntaba: “¿pero si te gusta?” Muy respetuoso y eso me pareció muy bonito porque no todos llegan así a las sesiones de composición, la mayoría llegan muy sobrados y subestiman el talento de lo que hay ahí y pasan por encima de muchas cosas. En cambio, él cogió mi música con guantes de seda y se sentó hacer una canción que nos salió del alma.
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TANIA FLÓREZ DECHAMPS


