Pedaleando en una bicicleta es como mejor se conoce a Cartagena. Como aquí no hay montes que subir ni lomas que bajar sino callecitas por donde transitar, el recorrido se convierte en un espacio de armonía. Una ciudad emotiva, lúdica, dulce y generosa para una experiencia en tiempo lento sobre su historia. Tiempo para imaginar. Un ambiente tropical con un aire contento, de luces y sombras por cada uno de sus rincones que atrae a propios y extraños.
Montar bicicleta siempre es una experiencia nueva y agradable. Es como escuchar las olas del mar o sentir el viento en tu rostro, nunca te cansa. Contrario a lo que la gente piensa andar en bicicleta no es una moda pasajera sino una manera de producir cambios en el modo de habitar la ciudad. Más de 700 ciudades en 50 países tienen sistema de préstamo de bicicletas, según un estudio de la revista The Economist. Y Cartagena no es la excepción, de aquellos primeros negocios que empezaron con tres bicicletas como préstamo para extranjeros, hoy existen 14 establecimientos, seis de ellos organizados hace una semana en la Asociación de Bicicleteros de Bolívar (Asobicibol), integrada por el momento por Jáder Pérez Guzmán, Yudy Centanaro, Dalis Castro, Marcia Acosta y Juan Carlos Ángel.
La asociación nace con seis personas, amantes de la bicicleta, que alquilan estos vehículos en el Centro Histórico. Están organizados para trabajar aspectos como el manejo de los recursos, el plan de acción para construir ciclovías y ciclorutas, la vigilancia del crecimiento en los negocios de alquiler y la calidad del servicio. El desplazamiento colectivo y organizado relacionado con la bicicleta “crea nuevos sujetos, nuevas relaciones con el espacio de la ciudad”, expresó Pérez Guzmán, uno de los fundadores de la asociación.
Jader empezó con siete bicicletas hace seis años en Getsemaní, algo que por aquellos años no se veía en el Centro. “Cuando yo empecé mi visión eran los amigos y las familias que querían invertir su tiempo de ocio en actividades saludables”, explicó Pérez Guzmán. Y agregó: “el ochenta por ciento de mis clientes son de Cartagena”.Jader cuenta que cuando empezó iba de negocio en negocio invitando a la gente a montar bicicleta gratis. Invitaba a veinte personas y llegaban ocho porque, según la gente, eso era solo para los gringos y los extranjeros. Fue duro, pero consolidó su negocio.
Todos los días, de 10 de la mañana a 11 de la noche, cartageneros y turistas pueden “prestar” sus “caballitos de acero” en el Centro Histórico...para grandes y chicos, para mujeres y hombres, ¡para todo el mundo!
La mayoría de los clientes de Dalis Castro, otra fundadora de la asociación, son extranjeros de países como Israel, Rusia, Holanda, Australia, Alemania, Países Bajos, Italia, Francia y España. En su tienda, siempre suena la música local como champeta y reguetón, a los extranjeros les gusta y empiezan a bailar con naturalidad. Hay mapas para saber a dónde pueden ir y a dónde no pueden ir. La ruta del Centro Histórico está conformada por los monumentos y algunos barrios: Castillo de San Felipe, Botas Viejas, Centro Amurallado, San Diego, Getsemaní, Bocagrande, El Laguito y Castillogrande. Los más aventureros también pueden llegar a La Boquilla.
Delis recuerda que una mexicana vino en un tour con su esposo y cambió un viaje a las Islas del Rosario por recorrer la ciudad amurallada en bicicleta. La visitante no quería irse de Cartagena sin haber disfrutado de este “pequeño” placer. “Vengo de Veracruz, allá puedo ver el mar, igual que aquí, pero no puedo ver tanta riqueza histórica en un simple recorrido de bicicleta...aquí sí”, me decía la turista.
Ese recorrido por la ciudad ha convertido a Cartagena en un destino para repartir felicidad. Una experiencia que simboliza un montón de recuerdos de la infancia. Una tarde veraniega, de viento fresco y mariamulatas cantando, le pregunté a una turista francesa lo que significaba para ella andar en una bicicleta y respondió: “como estoy perdidamente enamorada, siento deseos de escribir de una manera poética y andar en una bicicleta logró el impulso que necesita mi corazón”.
La bicicleta también ha influido en cambios sociales y culturales para el desarrollo de la autonomía de la mujer, hizo cambiar su vestimenta dejando el corsé a un lado, que violentaba su cuerpo. No es un hecho nuevo. El intercambio entre género y bicicleta tiene su origen a fines del siglo XIX, cuando las primeras mujeres feministas veían en la bici un vehículo combativo y liberador. Después de cien años de aquellas primeras demostraciones de lucha, cada día crecen los grupos de mujeres que se reúnen en torno de la bicicleta para salir a la calle y empoderarse de la ciudad.
La bicicleta ha sido el vehículo de científicos, novelistas y poetas. Alguna vez, Julio Cortázar quiso explicar en qué consistía un cuento y dijo: “aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta”. Montar en bicicleta convoca a la creatividad de descubrir la ciencia y escribir historias colmadas de personajes y aventuras cotidianas. Como aquellas bicicletas para el amor más profundo entre Marie y Pierre Curie, se casaron en 1895 y compraron dos con el dinero que recibieron como regalo de bodas, con ellas emprendieron su luna de miel por distintos lugares de Francia. Durante el trayecto incierto hablaban de sus investigaciones en torno a la radiactividad.
El ritmo de la bicicleta es el ritmo de la vida sobre el que se desliza la utopía de la paz que hay que ganar a golpe de pedal, porque solo se puede llegar a la paz lentamente, sin apuros y viviendo el camino.


