Aquel día, él llegó a un restaurante cualquiera, pero no sería una velada cualquiera. Una de las meseras, la que lo atendería esa noche, lo abordó con una pregunta que jamás esperó oír: “¡Tú eres Carlos Vergara!, ¿puedo tomarme una foto contigo?”.
“¿Yo?”, se preguntó él y no pudo ocultarlo: estaba en shock. Sus padres, en cambio, estaban tan felices, con ese sentimiento absoluto que no cabe en las palabras. Se tomó la foto, Carlos, el mismo chico al que le habían diagnosticado síndrome de Asperger cuando tenía seis años. El chico extremadamente tímido, retraído y solitario que no hablaba con nadie del colegio. Ese chico se había convertido, casi sin buscarlo, en un ¡influenciador!
Así es, Carlos logró algo que, teóricamente, parece improbable. ¿Por qué?, verán: el síndrome de Asperger es un “trastorno del comportamiento que afecta la capacidad de socializar y comunicarse correctamente”, según la Clínica Mayo. Un influenciador, según la consultora Nielsen, “posee una gran habilidad para comunicar y atraer a la audiencia, además de tener una gran capacidad para generar contenidos de forma constante. Todo, con un smartphone, tablet o canal online”.
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“Comencé hace un año o dos, no me acuerdo bien de la fecha, fue cuestión de la comida —me dice Carlos, sentado al lado de sus padres, Carlos Guillermo y Clara Inés, en la sala de apartamento, estamos en Manga—. No sé, algún día se me dio por tomar una foto de una comida para recomendarla, entonces, no sé, comencé con eso como una rutina... montar y montar y montar, y empecé a crecer en las redes sociales en ese sentido. La gente me preguntaba dónde comer y me fui para Medellín y seguí lo mismo”.
Así es, al terminar el colegio, en 2017, Carlos decidió irse a estudiar Administración de empresas en Medellín, como siempre lo había soñado, pero allá solo pudo estar dos años.
“Cuando él salió del colegio y se fue a estudiar a Medellín, fue un gran avance, porque él comenzó a tener un grupo de amigos, cosa que carecía en el colegio”, explica su padre. “Ocurrió una situación, que se tenía que operar de una hernia, y por eso decidimos que se tenía que quedar mejor en Cartagena y empezó a darle mucho a esto del blog y de las comidas, nos pareció bastante interesante”.
Con cada post, Carlos comenzó a vencer sus miedos y a ganarle terreno al Asperger... “Veíamos cómo, poco a poco, él iba metiéndose en las redes y perdiendo este temor, porque, al principio, él hablaba sobre las comidas y todo eso, pero no se grababa. Después, se empezó a grabar y a tener una evolución muy grande. Nos pareció súper genial, sobre todo, porque él empezó a ver que lo seguía una cantidad de gente, muchas personas, cosa que no pasaba antes. Por eso estamos súper contentos con todo esto”.
Los Vergara se refieren al perfil de Instagram @cvfoodblog, en el que Carlos tenía hasta el viernes un nada despreciable número de seguidores: 5.050, 975 seguidos y 320 publicaciones de platos, uno más delicioso que el anterior y sobre todo a esta hora... en fin. Las recomendaciones de Carlos han ido ganando espacio en el mundo de los foodies en Cartagena, así que lo invitan constantemente a restaurantes y ha sido, incluso, jurado de los famosos Legend Fest, festivales de comida que han tenido su boom en medio de la pandemia y en los que comensales de todo el país escogen las mejores hamburguesas, perros, sushi y cualquier otro tipo de comida.
“Duramos una semana comiendo quince perros calientes al día, sushi... ¡Los porteros del edificio están felices! —dice Clara Inés y ríe— ¡Nosotros no estamos más gordos quién sabe por qué!”.
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La felicidad le brota a Clara por cada palabra: “Carlos ha sido un luchador para cumplir sus sueños. Él era una persona demasiado tímida, demasiado retraída, le costaba mucho socializar y, bueno, me acuerdo cuando se fue a graduar, que ya nos decía que su papá y yo habíamos hecho lo que debíamos y que ya le correspondía a él. Se ponía ese reto, de salir adelante, de cumplir sus sueños, siempre apoyado por nosotros, pero con su iniciativa.
“Realmente, cuando él empezó todo esto del blog, para mí fue la oportunidad de que él venciera sus miedos, sus temores y lo ha ido logrando en la medida que nos sorprende cuando muchas personas ya se le acercan y le dicen: ‘Oye, tú eres Carlos Vergara’... cuando Carli era transparente en el colegio, nadie le dirigía la palabra. Era una persona muy, muy sola. Ha ido mejorando poco a poco su autoestima, esa impresión que tiene de él mismo. Cada día quiere algo más y yo confío plenamente en Dios: así va a ser”.
¡La sala se llena aún más de orgullo!
¿Qué les dirían ustedes a esos padres que, a lo mejor, acaban de recibir el diagnóstico de Asperger de alguno de sus hijos?
Carlos Guillermo dice sin titubear: “Que apoyen mucho a su hijo, que de pronto los que sufren más son los padres, porque ellos (los chicos) están en su mundo, felices, bien. Uno sufre mucho por esta parte social y hay que dejar que ellos también tengan su tiempo para hacer las cosas: hay que dejar que hagan las cosas con calma, apóyenlos para que hagan las cosas a su tiempo”.
Clara Inés: “Yo agregaría que no trabajen solos, que se apoyen siempre de personas expertas, que conozcan del tema, porque a veces uno improvisa y comete errores”.
Ambos coinciden en apoyarlos, sí, pero también en aterrizarlos y en hacerles entender que el mundo es gigante, diverso y sí: complejo, por eso el fracaso hará parte del proceso de crecer.
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Carlos Andrés espera seguir por este camino y tiene bien claro su objetivo: “Ser reconocido en Cartagena con esto de la cuenta de comidas y en Colombia”.




