A la colección de certezas de don Elías Saltarín Jiménez le faltaba una. Su largos 67 años con los pies bien puestos sobre el campo le han servido para entender que él, como su estirpe y sus coterrános de la vereda Hayita (San Juan Nepomuceno), nació y morirá sembrando; pero hace apenas seis meses comprobó que la esperanza sabe a ñame y viene empacada en una bolsita plástica. ¡Es más!, si se lo hubieran dicho antes, a lo mejor ni siquiera lo habría creído. Lea también: Ñamichips, el nuevo producto de los Montes de María
Y es que Ñamichips es eso: esperanza. Más que un snack a base de ñame diamante, 100% natural, este producto es el sueño de una vida mejor para alrededor de 300 campesinos de San Juan Nepomuceno y El Carmen de Bolívar que se benefician directamente del proyecto y que, en su gran mayoría, son víctimas del conflicto armado colombiano.

Elías Saltarín Jiménez, representante legal de la Asociación Integral de Campesinos de la Vereda Hayita y vecinas (Asichav).//Foto: Óscar Díaz - El Universal.
¿Cómo comenzó?
Ñamichips es una solución y, como toda solución, viene de un problema: en San Juan y El Carmen se producía tanto ñame que el tubérculo perdía su valor y los campesinos terminaban perdiendo -valga la redundancia- dinero y tiempo. Hace mucho que pensaban en cómo evitar esta situación y, de una vez por todas, ser sostenibles, pero solo hasta hace dos años parecen haber “dado en el clavo”.
Todo surgió gracias al apoyo de Parques Nacionales Naturales y su proyecto de conectividades socioecosistémicas, la fundación Herencia Ambiental, la incubadora de empresas Créame y la financiación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). En el proyecto participan la Asociación Integral de Campesinos de la Vereda Hayita y vecinas (Asichav) y la Asociación de Mujeres Unidas de San Isidro (Amusi), ambas conformadas por campesinos cultivadores.
El proceso
“Inicialmente, para obtener ese producto, nuestra labor cotidiana es cultivar el ñame, que se siembra en abril, mayo y hasta junio de cada año -explica don Elías-. Usted sabe que primero se prepara el suelo, se estaquea; después de sembrar, se mantiene el cultivo y se cosecha al año siguiente, desde enero o febrero”, menciona. Luego, conseguen tanto ñame como sea posible, para lo cual se lo compran a los productores de la región a un precio justo, y lo envían por tierra a la maquiladora, en Montería. Esta máquina procesa el tubérculo hasta convertirlo en las deliciosas tajaditas saladas que, finalmente, irán a parar a bolsitas plásticas que no tienen nada que envidiarle a ninguna marca de mecatos.

Yirleys Stavro, secretaria de la Asichav.//Foto: Óscar Díaz - El Universal.
“Las pruebas para dar con el producto se hicieron desde hace un año, fueron muchísimas, y hace seis meses trajeron por primera vez el producto”, explica Yirleys Stavro, secretaria de la Asichav. “Fue muy emocionante, como un sueño cumplido, porque era otra forma de comer ñame. Ver el ñame en un paquetico fue como un sueño cumplido”, agrega.
En cuanto al empaque... “Lo diseñamos todos los productores y un diseñador, es otro atractivo porque incluye un símbolo de la biodiversidad de nuestra región: el tití cabeciblanco, que está en vía de extinción; los campesinos propendemos por conservarlo”, menciona don Elías.
Todavía hay cosas que afinar, pues Ñamichips se vende solo localmente, pero están tramitando los permisos en el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) para que en un futuro no muy lejano pueda comercializarse en almacenes de cadena.
“Nuestro sueño más grande es montar la estructura de la maquinaria aquí, la que necesitamos. Quiero que todas las entidades que nos puedan colaborar lo hagan, a mediano plazo, a corto plazo, para ahorrar porque el transporte de aquí a Montería siempre es costoso”, menciona don Elías. Y sí, eso permitiría bajar el precio ($6.000) a uno más competitivo cuando se lancen al mercado con todas las de la ley.
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Don Elías se confiesa inmensamente agradecido por la simple oportunidad de soñar y, así como sus compañeros, está dispuesto a trabajar duro y parejo para consolidar una nueva realidad: la de un mundo que conozca Ñamichips y se dé el placer de degustar un poco de lo que brota de nuestras tierras.
“Nuestro producto tiene un enfoque diferencial, un enfoque de la conservación y protección del bosque seco tropical. Es 85% orgánico, trabajamos con bioinsumos que nos permiten dar esta calidad al producto”, explicó Natali Valdés, de Amusi, en una entrevista previa a El Universal.
“El proyecto capacitó a las personas sobre la no quema, no tala, o por lo menos disminuirla de un 70% a un 30%” para cuidar el medioambiente, explica Jair Díaz Caro, de Asichav. Además, les ayudan en el proceso de dejar de usar agroquímicos y echar mano de agrobioles. También hay un componente de género, pues una de las asociaciones está conformada por mujeres víctimas de la violencia.
