Facetas


Alberto Linero en los hábitos del amor

Alberto Linero podría escribir la novela que ha sido su vida como sacerdote durante y la nueva experiencia humana sobre el amor de pareja.

GUSTAVO TATIS GUERRA

01 de agosto de 2021 02:06 PM

La historia comienza muy cerca del mar, en una casa de Santa Marta, donde nadie había soñado con ser sacerdote. El hijo de Carlos y Rosina, un niño del Caribe, apasionado por el fútbol y la música vallenata, pero, además, lector insaciable y contador de historias, fue quien se encantó con la vida del hijo del carpintero que creó una manera de vivir y pensar y se convirtió en el más grande pastor de almas de la humanidad en dos milenios. Cuando los muchachos samarios soñaban con ser médicos, ingenieros o arquitectos, él dejó en vilo a todos en la mesa junto a sus padres, un mediodía cuando aún toda la familia se congregaba a compartir los alimentos, y aquel almuerzo fue una epifanía para sus padres porque les confesó que lo único que quería ser en la vida era sacerdote. (También le puede interesar: La curiosa respuesta de Alberto Linero a tuit sobre su vida sexual)

El padre quedó petrificado con la noticia. Su silencio extrañado fue como un grito que lo sacudió y su semblante se llenó de arrugas meditativas y no necesitaba decir una sola palabra, no estaba feliz con la noticia, mientras Rosina sonaba los calderos de su alborozo y lo anunciaba entre vecinos y familiares: Alberto José será sacerdote. Su padre solía dar señales profundas desde silencios cifrados, pero aquello fue una perplejidad para él. Todo estaba escrito en su corazón: estudiaría filosofía y teología, se convertiría en el más entrañable y popular de los presbíteros de la Iglesia Católica en el Caribe y en el país; en el más alegre, capaz de contagiar con su manera caribeña de decir las cosas por su nombre, con intensidad y profundidad, pero a su vez, en el más singular porque no se parecía a ninguno de los sacerdotes ortodoxos en la manera de transmitir el evangelio. Su ministerio siempre arrancó sonrisas en los fieles, pero también sabiduría cotidiana y teológica. Podía contar historias como cualquier hombre del Caribe en un ámbito ceremonial, litúrgico o escénico; bailar, soltar jergas, expresarse con ademanes, siempre cautivando audiencias por su gracia espiritual y humana, y no dejar de ser el sacerdote que siempre fue y el guía espiritual que sigue siendo para millares de colombianos, más allá de haber dejado el sacerdocio. Él no ha dejado los hábitos teológicos pese a no ser sacerdote. Sigue orando en los amaneceres, sigue releyendo los pasajes históricos y narrativos de La Biblia, sigue escribiendo un devocional mensual que no ha perdido su nombre El man está vivo; no deja de escribir libros y de participar activamente como periodista en Día a Día, en Caracol, y en la mesa de trabajo de Mañanas Blu, desde 2018.

Al recibir su nuevo libro Amar es ganarlo todo incluso si no te queda nada (2021), publicado por Planeta, descubro que ya ha escrito más de veinticinco libros, muchos de ellos, sobre el amor de pareja, pero este es el primero que escribe teniendo él una pareja.

Me confiesa que la única nostalgia que tiene de su vida de sacerdote es su peregrinaje ministerial entre la gente de todo el país, de todos los orígenes, en Cartagena, por ejemplo, recorrió todos los barrios de la ciudad, de la Zona Suroriental, los más desprotegidos, pero también, los barrios céntricos y de la zona residencial de Bocagrande. Vivió su ministerio con autenticidad y consagrada devoción. La sorpresa de su nueva vida al salir del sacerdocio es su vida amorosa que forma parte de su intimidad y privacidad, y de la que le propongo que escriba una novela. Es el descubrimiento de otra manera de amar, más allá de amarse a sí mismo, amar al prójimo y amar al más grande alfarero del universo, ahora ama a una mujer. La gente lo detiene en la calle, pero es el Caribe donde suelen aparecer las infidencias a la intemperie, y él lo resuelve con su sonrisa y su buen sentido del humor: el amor es más que un cuerpo, en el amor no eres media naranja, eres completo y tu pareja es completa, él cree como la sentencia del poeta Rilke: El amor son dos soledades que se encuentran. Y como en el verso de Borges, a él no le duele una mujer en todo el cuerpo, le duele también en el alma. Pienso y se lo digo que su nueva vivencia me hace recordar pasajes literarios y lo reconfirmo al leer su bello libro. (También le puede interesar: “Fui virgen hasta hace poco”: Alberto Linero)

Le pregunto qué pensó la noche y la madrugada antes de ordenarse sacerdote, y si hubo pensamientos que lo retornaran al misterioso llamado de la vida cotidiana, a la batalla hambrienta entre el misticismo y la realidad mundana, pero me dijo que no, que él estaba tan feliz de ser sacerdote que no hubo intersticios para pensar en otra cosa. El sacerdote del cuento de Faulkner no pudo dormir la madrugada antes de ordenarse pensando: “¿Cómo podía alguien a un tiempo pertenecer y no pertenecer al mundo?”. Pero Alberto Linero no tuvo dudas. Estaba poseído por la felicidad de hacer tangible el evangelio en su vida. De presentir a Dios en cada instante y compartirlo con sus semejantes. Pero el primer día en que se ordenó muchos veían que su manera de decir las cosas, no era similar a las del resto del país, que era natural en su vocación y en su desenfadado Caribe que sorprendía a sus amigos del seminario. Enseñó, sin proponérselo, que no hay una sola manera de transmitir el evangelio, que el sentido del humor de esta región del mundo es un valor agregado a la vida y a la teología.

La sombra de Cleotilde

Cleotilde tenía un alfabeto interior, pese a no saber leer o escribir, y le pedía a su nieto Alberto Linero que le leyera pasajes de La Biblia. De los labios y del corazón de Cleotilde salían frases filosóficas como la que da título a su libro: Amar es ganarlo todo, incluso si no te queda nada. Ella no alcanzó a ver a su nieto convertido en sacerdote, se fue hace cuarenta y tres años, pero fue una de sus grandes maestras en la vida. El libro está dedicado a tres mujeres que iluminan la vida de Linero: su abuela Cleotilde, su madre Rosina, “a Alcy, con la que construyo y sueño la felicidad”, y a sus hermanos. El nuevo libro de 311 páginas resuelve en profundidad cuatro dilemas para toda la existencia: Amarme: no podrás amar a nadie si no te amas a ti mismo. Amarte: es la experiencia del autor, sus reflexiones ante su vida de pareja, no son enseñanzas sino reflexiones muy propias que buscan iluminar la vida de quien las recibe con la benevolente actitud de comprensión. Amarlos: la relación con lo demás que integra: equidad, empatía y compasión. No se puede pensar en la felicidad intimista y solitaria, sin irradiarla con quienes te rodean, logrando vivir a plenitud. Amarlo: Es la relación con Dios, la experiencia espiritual de doble vía, de la tierra al cielo.

A flor de labios

Tanto perseguir la sabiduría y en el seminario Alberto Linero volvió a encontrarse con la sabiduría de su abuela Cleotilde, en las voces de los grandes pensadores teólogos y filósofos del Oráculo de Delfos. La vida es la búsqueda implacable de desear conocerse a sí mismo. Hay que ir tras ese propósito socrático. Y qué buena oportunidad el confinamiento espiritual o los retiros forzados que ha vivido la humanidad, para que el ser humano se asome dentro de sí mismo. A Alberto Linero le conmueve el relato de la vida de Jesús en el que Él se interesa por lo que los otros piensan de Él (Marcos 8, 27-33), al recorrer la aldea de Cesarea de Filipo.

“Su pregunta es tan valiosa como oportuna para que todos recordemos cuándo fue la última vez que nos interesamos realmente por conocernos a través de los ojos de quienes nos conocen”.

En el libro de Alberto Linero encontraremos certeras sentencias filosóficas, de una sabiduría vivencial: “El amor como la muerte es lo más personal que existe”, “solo puede surgir amor auténtico hacia los demás en quien se ama a sí mismo”, “muchas personas que conozco no tienen una buena relación consigo mismas, porque viven distanciadas de su propio ser”, “hemos sido moldeados por las relaciones que hemos tenido”, “la mejor escuela de resiliencia es la propia historia, mirar lo que ya hemos podido superar, lo que hemos asumido y lo que no dejamos que nos derrumbara, y ver las dificultades que nos golpearon, pero que no nos vencieron”.

La gracia del amor

Para Alberto Linero el amor es la experiencia suprema de la vida, en el más grande de los sentidos, y no desde la única perspectiva del lugar común de lo corporal. “Es un sentimiento que llena de colores todas las dimensiones de la vida (...) no es cierto que uno ama a su pareja ‘desinteresadamente’ porque la relación de pareja no es un acto de beneficencia, el amor de pareja solo existe en ida y vuelta”. En un instante comparó la pasión de ordenarse sacerdote con la pasión de descubrir el amor. Es curioso que haya sido él, el gran inspirador de incontables parejas en momentos difíciles o coyunturales, en momentos cruciales de soledad, la cual él también vivió luego de entregarse a los demás, olvidándose tal vez de sí mismo. Ahora, enamorado de la que es su compañera, es un hombre maduro, rejuvenecido a sus cincuenta y tres años que cumplirá en octubre.

Es un hombre sabio y vital iluminado por los destellos de una inquebrantable felicidad interior. Pero en esta nueva faceta de su vida no ha dejado de reafirmar todo lo que predicó en casi tres décadas. (También le puede interesar: “Es la primera mujer con la que duermo”, Alberto Linero sobre su pareja)

Epílogo

Ahora la fotógrafa Alejandra Quintero atrapa un instante para la contraportada de su libro, un momento amoroso de una belleza inesperada, en la que su pareja extiende su mano y la desliza sobre la nieve levemente sacudida de sus barbas. Alberto Linero cierra los ojos para presentir la invisible mano que parece sostenerlo entre sus dedos. Solo los enamorados cierran los ojos en lo alto de un beso o un abrazo. Tal vez para entrar a la clara profundidad del sentimiento, adivinando la luz en la oscuridad. Para asomarse por dentro.

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