Facetas


Así es una noche en el Centro de Cartagena en medio de la pandemia

El corazón de la Cartagena turística ha dejado sus agitadas noches para convertirse en un lugar donde abunda la soledad y donde el silencio solo es perturbado por buses de Transcaribe vacíos, los loros y los domiciliarios.

LAURA ANAYA GARRIDO

02 de agosto de 2020 08:00 AM

Faltan cinco para que el reloj de la iglesia San Pedro Claver dé las siete de la noche y el único ruido que parece sobrevivir en el Centro Histórico de Cartagena es el de los loros del templo. Las pocas palomas que quedan en la plaza caminan hacia mí por la dolorosa esperanza de hallar un poco de maíz, me parece también que el hambre las despojó de las ganas de volar. Me pregunto qué será del señor que las alimentaba...

Imagen CENTRO HISTORICO DE CARTAGENA 15

Plaza de San Pedro Claver.//Foto: Luis Eduardo Herrán - El Universal.

Las murallas, las casonas, las estatuas, las plazas, las iglesias... todo está ahí, pero este no parece el mismo Centro de Cartagena, el mismo pedazo que tantas veces narramos: el Pedro de Heredia de la Plaza de Los Coches está más solo que nunca; ahora hay más candados que alegrías en el Portal de Los Dulces, donde apenas duermen las sillas amontonadas en cada uno de los 27 puestos, amarradas con cadenas por si algún ladrón quisiera llevárselas.

“Ya casi no venimos a darle vueltas a esto porque aquí no hay nada, todo se perdió. Los dulces se dañaron”, me dirá mañana por teléfono Evelia Alcalá, una de las vendedoras. Me dirá también que en el preciso instante de la llamada está en el Centro gestionado unos papeles de su hermano Gerlis Martínez, de 39 años, que murió hace exactamente un mes por culpa de una “ansiedad” fulminante; falleció en los brazos de su mamá, Evelia Martínez, otra matrona de alegrías a la que, paradójicamente, la alegría intangible abandonó desde que comenzó la pandemia.

Imagen CENTRO HISTORICO DE CARTAGENA 6

Los 27 puestos del Portal de los Dulces permanecen cerrados.//Foto: Luis Eduardo Herrán - El Universal.

“Él estaba muy estresado y muy nervioso por esta situación y le dio un paro fulminante. Nosotros lo regañábamos, le decíamos que dejara de estresarse, pero qué va”. Me contará que la pandemia del COVID-19 los tiene “con los brazos abajo” y que desde abril pasado, cuando la Alcaldía les dio un mercado, no han recibido ninguna ayuda y si aún llega la comida a su mesa y a la de sus siete hijos es por la ayuda de sus hermanos. “Les he enviado cartas a la Alcaldía y a la Gobernación, pero no ha habido respuesta. No sabemos qué vamos a hacer, como patrimonio de Cartagena, porque lo somos: así como el Castillo San Felipe o la India Catalina, somos un patrimonio de más de cien años, necesitamos ayuda de los gobiernos y de la misma gente para volver a empezar, porque ahora mismo no tenemos ni para comprar un coco”. (Lea además: Otro negocio que cierra en el Centro por los efectos del COVID-19)

Imagen CENTRO HISTORICO DE CARTAGENA 8

Torre del Reloj.//Foto: Luis Eduardo Herrán - El Universal.

El mismo lugar

A unos cuantos pasos, al atravesar los arcos amarillos de la Torre del Reloj, me pregunto dónde están los libreros con sus libros y revistas eternas, mientras los buses de Transcaribe pasan por la avenida Venezuela sin pasajeros.

Increíble que este sea el mismo lugar que narré en aquella crónica de principios de enero... “De espaldas a la Torre del Reloj, miras al horizonte y no puedes evitar pensarlo: parece que hay una persona por cada lucecita navideña del Camellón de los Mártires, y apenas es miércoles -qué coincidencia, hoy también es miércoles-.

“Cierras los ojos y puedes oler el gentío, la sal de los que aún a las ocho de la noche no se quitan el vestido de baño, el sudor del vendedor de tintos... ¡Los palitos para la selfie, lleve los palitos para la selfie! -grita un hombre-, suena la dulce campana del carrito de los helados y sus llantas desgastadas batallando contra el suelo de la Plaza de La Paz. Escuchas los pitos de los carros y del Transcaribe, los cientos de miles de voces que conforman un murmullo parecido al de una colmena de abejas locas. El Centro está más vivo que nunca este 3 de enero”.

Todos se han ido, pero eso no es lo peor: nadie sabe cuándo van a volver. (Le puede interesar: Fotógrafo que trabajaba en el Centro Histórico ahora deambula las calles)

Se han ido las estatuas de carne y hueso, los artesanos, los dibujantes, los raperos callejeros y hasta los mimos.

Ya no hay cantantes en las plazas, ahora solo quedan los domiciliarios que encontraron en la Plaza Fernández de Madrid el lugar perfecto para aguardar por los pedidos. “Esperamos aquí porque es un lugar central, queda cerca de los restaurantes que prestan sus servicios”, me dice un chico y vuelve a mirar no sé qué serie en su celular. Hay varios acostados o sentados en las bancas: todos miran algún programa, juegan o chatean por sus celulares.

Imagen CENTRO HISTORICO DE CARTAGENA 9

Un domiciliario espera por un pedido en la Plaza Fernández de Madrid de Cartagena.//foto: Luis Eduardo Herrán - El Universal.

El último en abrir

Se han ido también más de 35.000 empleos, “sin mencionar la informalidad”, me aclarará más tarde Mónica Fadul, directora ejecutiva de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco Bolívar). Una verdadera tragedia social reflejada en estas calles, donde esta noche abundan la soledad y el silencio.

“En el Centro Histórico y en Bocagrande ya se han desocupado definitivamente muchos locales, incluyendo marcas muy reconocidas”, continuará Fadul y me explicará que, si bien algunos negocios asociados a la salud y a los medicamentos “han tenido un comportamiento favorable”, otros han llegado a tocar fondo: a ventas cero, aquí están los ligados al turismo, como las joyerías y automóviles. Todos “cayeron de forma aparatosa”. (Lea además: Más de 50 negocios cerrados en el Centro Histórico)

Este Centro dormido es la consecuencia de una verdad indiscutible: Cartagena está ligada hasta los tuétanos al turismo, sector que representa el 42% del trabajo formal e informal en la ciudad y que será el “último en la cadena de las recuperaciones previstas, pues ha sido señalado como de alto riesgo (...) El 100% de las agencias de viaje no están operando, al igual que el 92% de los hoteles. Aquellos que están prestando servicios reportan una ocupación cercana al 2%”, dirá Mónica.

Imagen CENTRO HISTORICO DE CARTAGENA 11

Teatro Adolfo Mejía.//Foto: Luis Eduardo Herrán - El Universal.

Sin música

Había olvidado decir que pasar de la Plaza de La Aduana a la de Los Coches es tan extraño sin escuchar una salsa. No hay un solo salsero, apenas un señor que recoge la poca basura del suelo. Es increíblemente extraño pasar de una plaza a la otra sin tropezarse con Alcindo López, el mimo que siempre andaba por ahí, por Donde Fidel, un señor que lleva más de treinta años refugiándose -y rebuscándose- detrás de una cara pálida y unos gestos pícaros con los que sonroja a cualquiera.

“La cosa está bien dura, bien, bien dura -se le quiebra la voz-. Nos ha tocado prestar, endeudarnos, pero esto está difícil”, me dirá al otro lado del teléfono desde su casa, en el sector Central de El Pozón, donde vive con dos hijos y una esposa, a los que ya no sabe cómo podrá alimentar. “A veces me toca llamar a mis hermanas a pedirles para comer, a mí me da pena ya, pero... hoy me pasó así”. Y me daré cuenta del increíble esfuerzo que hace para no llorar. “Nos golpeamos contra una pared, todos los artistas estamos mal: el Centro está solo y ya no hay eventos privados, y la pandemia sigue, pero yo digo que Dios proveerá... así es, mi Dios proveerá”.

Imagen CENTRO HISTORICO DE CARTAGENA 22

Parque Centenario.//Foto: Luis Eduardo Herrán - El Universal.

***

No hay nadie diferente a los domiciliarios y a los policías en la Plaza de Los Coches. En el Camellón los Mártires duermen solos. El Centenario luce tan oscuro y solo como nunca.

“Yo sigo mi recorrido por el convulsionado corazón de la Cartagena turística. Ahora suena otra salsa, la campanita de los helados. Explotan luces en el cielo”, decía en la crónica de aquel enero, de aquel tiempo que ahora se me hace tan, pero tan lejano.