Coronavirus: desde un dolor de garganta hasta una UCI

03 de mayo de 2020 08:21 AM

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Al principio solo fue una molestia en la garganta, después un poco de dolor de cabeza, nada del otro mundo. Fiebre de pollo, quizá, lo dicho: nada del otro mundo.

Incluso desde antes que las autoridades lo recomendaran, él usaba tapabocas y guantes, y procuraba no acercarse mucho a nadie... bueno, a sus papás, a su esposa y a sus hijos sí, después de todo no conocía a ninguno que tuviese coronavirus y siempre había andado con tapabocas. ¿Pero entonces por qué seguía la cosita en la garganta? La respuesta a esa pregunta parecía obvia: debía ser una gripa normal, pero aquí viene el pero: una noche se despertó dos veces por la terrible sensación de no tener aire en los pulmones. La primera vez se asustó, obvio, pero enseguida pensó que era su mente traviesa haciéndole una jugarreta; la segunda, igual. En la mañana siguiente despertó tranquilo, aunque el cosquilleo en la garganta seguía, y fue, como todos los días, a trabajar. Tosió una vez. Sus jefes le dijeron que le conseguirían un relevo y se iría para la casa, pero finalmente y como no tosió más, terminó su turno y al día siguiente lo mandaron para otra sede de la empresa; distribuyó su jornada en dos lugares distintos hasta que lo llamaron para informarle que un compañero suyo había dado positivo para COVID-19 y que por lo tanto él debía testearse. Se sintió más nervioso que nunca.

Le dijeron que le harían la prueba a las 8 a. m. y él llegó puntual. La doctora que lo atendió “tenía un traje como de astronauta” y después de decirle que nada le iba a doler, le introdujo un copito largo por la nariz. Él no sentía tanta molestia como miedo: ver a aquella mujer toda cubierta, con guantes, le daba la impresión de que él había dejado de ser una persona para convertirse en una cosa peligrosa y tembló por dentro. Y sintió que nada de lo que había trabajado en sus 31 años había servido. Y pensaba en su esposa, en sus papás y en sus hijos. “Tú sientes que se te acabó la vida, que te vas a morir, pero no te da miedo por ti, sino por las personas que amas”, me dice con la voz entrecortada. Pero lo peor estaba por venir...

Veinticuatro horas después recibiría una llamada del Departamento Administrativo Distrital de Salud: “Usted es positivo para COVID-19”, le dijo una mujer. Nunca la palabra “positivo” había sido tan negativa. “Fue una de las experiencias más horribles de mi vida. Pasas de ser una persona normal a darte cuenta de que no vale nada lo que tienes”, pensaba él mientras la señora del teléfono le recomendaba aislarse por completo, lavarse las manos como si le pagaran por hacerlo, usar tapabocas y todo lo demás. “Estaba preocupado pero a la vez tranquilo, no sé, es una contradicción, pero es algo inexplicable así que voy a meter a Dios en esto: sentí que puse todo en las manos de Él”.

Pero, de nuevo, lo peor estaba por venir. (Vea aquí: [Fotos] Después de un día de aislamiento total, volvió el caos)

Aunque no tuviera síntomas, su esposa fue a testearse. Él comenzó a inquietarse cuando los médicos decidieron hacerle una prueba de sangre y una placa de tórax a ella... “¿Pero por qué te van a hacer eso, si a mí solo me metieron un copito”, le decía al borde de las lágrimas. Ella ni siquiera sabía qué ni cómo explicarle, tenía miedo y tenía algo malo en sus pulmones, por eso decidieron remitirla a una clínica.

Él nunca había llorado tanto y ella tampoco, y aunque ambos se dijeran que todo iba a estar bien ninguno podía asegurarlo. Mientras ella pensaba “me voy a morir, me voy a morir”, él intentaba limpiar la casa y escuchar música cristiana para alimentar su esperanza. Él se derrumbó y comenzó a orar. “Me sentí increíblemente tranquilo, le hice una manda a la Virgen del Carmen y dejé todo en manos de ella. Sé que me va a cumplir”, dice lleno fe. Ya no le duele la garganta y su esposa está estable. (Le puede interesar: Dadis reportó cinco nuevos casos de Covid-19 en Cartagena)

Imagen eric robledo coronavirus covid 19

Eric estuvo en UCI más de quince días.//Foto cortesía.

***

Tres hombres murieron al lado de Eric Robledo Castro por coronavirus y él mismo estaba condenado a usar una careta día y noche para aferrarse a la vida, no era muy descabellado pensar que él sería el siguiente en la lista.

Todo marchaba bien para Eric, un cartagenero que llegó a España en 1997 para hacerse a una vida mejor y para consolidar su empresa de comunicaciones deportivas: transmitía grandes partidos y representaba a futbolistas y basquetbolistas de Europa, Asia y Oceanía, ¿qué más le pedía a la vida, si podía asistir a los partidos de la Champions League que en Colombia apenas vemos por televisión y andar como Pedro por su casa por Europa? Pero justamente en esos partidazos jugaba la mala hora. (Escuche: La lucha contra el COVID-19 de un cartagenero en España- Castagena 48)

Él y los otros tres miembros de su equipo cubrieron dos partidos monumentales y taquilleros: Real Madrid vs. Manchester City, en el mítico Santiago Bernabéu; Y Liverpool vs. Atlético de Madrid, en Londres. La pesadilla comenzó al volver a España y se manifestó en forma de dolor de garganta, fiebre, diarrea e inapetencia.

Tan fuertes eran los síntomas que Eric se fue para la urgencia del Hospital Virgen de la Salud y ahí vino el positivo “negativo”: un examen de laboratorio le confirmó en dos horas que tenía COVID-19 y que debía quedarse hospitalizado. Lo pasaron a Pre-UCI y allí conoció a otro enfermo, un español de unos cincuenta y tantos que le preguntó por su origen.

-Soy de la Costa norte de Colombia -le dijo.

-Ah, de allá es el Pibe Valderrama, al que Michel le tocó sus partes...

Y rieron. Y el señor comenzó a toser. Se calmó. A los diez minutos murió.

Lo metieron en dos bolsas: una negra y una blanca, y lo dejaron ahí, al lado de Eric, hasta dos horas después, cuando le consiguieron puesto en una morgue.

El mismo Eric ya no podía respirar, así que le entregaron una máscara a través de la cual pudo ver morir a su segundo compañero, otro español de unos 40 años; y al tercero, de 75.

Es como si Eric hubiera perdido el gusto de siempre por comer, en menos de un mes, bajó 22 kilos y casi perdió la esperanza, y esa sensación de ahogarse mil veces cada minuto lo estaba acabando rápidamente.

Fueron 35 días postrado en una cama, confinado a una máscara y cansado, pero aferrado a las ganas de vivir para contar su experiencia con el coronavirus. “Es una enfermedad muy seria y agresiva... vi morir a tres personas en menos de un mes y siempre era lo mismo: las bolsas y el alcohol, eso se quedó en mi cerebro y nunca desaparecerá”, concluye.

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